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Las mañas tras una enfermedad

Manejar bien los problemas de salud del niño evita los cambios de conducta posteriores.

11 de Agosto de 2005 | 14:42 |
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Estas últimas semanas ha aumentado significativamente el número de las hospitalizaciones de niños provocadas por el virus respiratorio sincicial. Una situación que complica a muchos padres, no sólo por el riesgo mismo de la enfermedad, sino también por los cambios conductuales que sus hijos experimentan después de enfrentarse a una enfermedad larga.

Magdalena (4 años), por ejemplo, viene saliendo de una neumonía que la mantuvo casi tres semanas en el hospital y otras dos en su casa, sin poder salir. A pesar de su recuperación, su mamá está preocupada porque se ha puesto "demasiado regalona y sensible". "De ser una niñita alegre e independiente, pasó a ser tímida. Anda todo el día pegada a mí y si no me ve, se pone a llorar a mares", cuenta.

Compañía constante

"Es normal que un niño tenga cambios de conducta después de una enfermedad larga", explica la siquiatra de niños y adolescentes de la Clínica las Condes Flora de la Barra. De hecho, agrega que un período de más de 5 días puede provocar problemas en menores de dos años, lapso que se amplía a medida que aumenta la edad del pequeño.

Pero aclara también que estas alteraciones pueden evitarse o atenuarse si se adoptan algunas medidas básicas. La primera es tratar de acompañar al niño lo más posible durante el desarrollo de la enfermedad, sobre todo si ésta requiere hospitalización.
Según la especialista "eso disminuye mucho la angustia del niño y si ésta es controlada, tiene menos posibilidades de desarrollar trastornos conductuales posteriores". Alteraciones que pueden ir desde ponerse mañoso y desobediente a tener conductas agresivas o regresivas, en casos más extremos, explica la profesional.

Otro factor protector es tratar de mantener al máximo la rutina del niño. Esto implica tenerle a mano sus juguetes preferidos, especialmente aquellos que le exijan realizar una actividad didáctica o intelectual. "Como la idea es mantener más que marcar un cambio, lo ideal es que siga jugando con los mismos juguetes que tiene en vez de llenarlo de cosas nuevas", explica la siquiatra.

Además, recomienda tratar de llevarle las actividades que sus compañeros están realizando en el jardín infantil o en el colegio. "Eso lo ayuda a no sentirse tan desconectado de su mundo".

Otro error que los padres suelen cometer es consentir al niño en exceso. Según Flora de la Barra, hay que mantener las normas y límites, evitando caer en tentaciones como pasar por alto comidas y pataletas con la excusa de que "está enfermo".
Una actitud que, muchas veces, responde a la angustia que sienten los papás frente a la enfermedad de sus hijos. "Hay que controlarla teniendo una comunicación fluida con el equipo médico y también conversando entre ellos sobre sus aprensiones y temores, más aún teniendo en cuenta que no se trata de una situación grave o crónica", precisa la profesional.

El niño también tiene derecho a saber qué procedimientos se le van a hacer y por qué está enfermo, lo que adquiere especial importancia en niños menores de seis años. "Muchas veces pueden pensar que están así porque se portaron o hicieron algo malo, por lo que se pueden crear mentalmente un cuadro mucho más grave de lo que realmente es", explica la especialista.

Por esto, es esencial que se le permita expresar sus dudas, temores y el dolor que siente, lo que puede ser canalizado a través del juego. "Que tenga muñecas o monitos a los que les pueda tomar la temperatura o poner inyecciones le va a ser útil para expresar sus emociones", afirma la siquiatra.
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