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"No puedo pasar 24 horas distante de mi mujer"

08 de Agosto de 2005 | 15:30 |
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Tiene 39 años; cumple 40, el 25 de octubre, pero su vida artística la inició muy pequeño. A los 16 grabó su primera teleserie "De cara al mañana" y ya cantaba hacía tiempo en el clan infantil de Sábados Gigantes. Su carrera siguió como animador de "¿Cuánto vale el Show?; luego vino "Calor Humano" y "De aquí no sale" en Chilevisión. Hubo algunas ofertas para que condujera el matinal del 13, pero su traslado a esa casa televisiva se produjo finalmente con "Mucho Lucho" y, después de varios estelares fracasados del canal, Luis Jara hizo dupla con Álvaro Salas en "Vértigo", un programa que ha tenido mucho éxito.

Asegura que en el equipo no han evaluado concientemente el gran valor de la dupla que han formado, que ha sido sólida y ha dado muy buenos resultados. Dice haber estado acostumbrado a animar solo, pero que se siente completamente a gusto con Salas. "Aquí claramente hay un acto de mayor generosidad de Álvaro, por supuesto, porque él ha sido partner toda la vida. A mí me costó más, no sabía lo que es eso", dice.

-¿Qué no has hecho?
"Actuar en serio".

-¿Las teleseries son en broma?
"Bah, tienes razón. Lo que pasa es que fui un proyecto de actor, era muy joven".

- ¿A qué edad decidiste que tu vocación era lo artístico?
"Como a los diez años".

-¿No hubo oposición de la familia?
"No, porque yo nací en un seno familiar súper común y me crié así, además era muy evidente mi tema vocal. Siempre tuvieron la mirada de aquella época, de que el canto era hobbie, no como los papás de hoy, que les importa que sus hijos salgan en la tele y ojalá graben un disco como la Christel o la Quintanilla. En mi casa había una mirada un poquito más crítica, no sentía respaldo; jamás me metieron en un concurso, no me avalaron".

Recuerda a sus padres con mucho cariño; su papá era empleado particular, que trabajó de jefe de bodega y terminó de nochero, y su mamá tenía un taller de costura. "Siento que tengo un plus, porque si te describo el seno familiar de esa forma, parece que no había opciones, pero descubrí que mi padre era un hombre muy culto, que perteneció a una generación muy castrada. Siempre me llamó la atención que para él era importante invertir en dos cosas: pagar el colegio de sus hijos, que fueran colegios particulares y en 'El Mercurio' del día domingo".

Cuando Lucho empezó a crecer sintió que su padre trabajaba en algo que lo desmerecía "y sin embargo, tenía un nivel cultural que me sobrepasaba. Siempre estuve en colegio pagado y, si hoy miro para atrás, yo no me gastaría la mitad del sueldo en pagar la educación de mis hijos. Mi hermana y yo estudiamos en colegios salesianos y los dos entramos a la universidad por conductos regulares", dice.

Estudió auditoría en la Usach hasta tercer año y se retiró. Eso fue muy duro para sus padres, que esperaban que sacara "un cartón". "Yo creo que mis papás endosaron mucho la felicidad de ellos como pareja a la formación de sus hijos y considero que eso es un gran error. A mí me hubiera gustado verlos a ellos más felices como pareja, pero, por otro lado, fueron tremendamente padres".

-¿Y tú?
"Soy muy celoso de mis espacios de pareja, a diferencia de ellos. Los papás de nosotros dejaban pasar cosas que hoy no dejaríamos pasar. Yo no puedo pasar 24 horas distante de mi mujer, enojado, no, no".

-Siempre terminas hablando de ella.
"Es que ella a mí me sobrepasa tremendamente. Es capaz de levantarse, ponerse tacos, pintarse y acompañarme a la una de la mañana, acostarse, levantarse temprano en la mañana, ir a dejar a los niños, ir al supermercado, ir a la oficina, volver, cocinar y esperarme en la noche para hacer el amor. Ese nivel de compromiso yo no lo tengo, no estoy a su altura. Se pone un par de zapatillas, un colet y partió".

La conoció el año 81, la conquistó para que fuera su fan: "Siento que no se enganchó por la música, estamos fuera de esos lugares comunes, creo que la conquisté por mi forma de ser. Además, que nos tocó el peor escenario para pololear, porque empezamos y al día siguiente mi papá tenía cáncer. El primer año de pololeo, que es el de ir a comer, de ir a moteles, de ir a huevear, a bailar, ella veía a su pololo destruido y lo acompañaba a las quimio y a las radioterapias; sin plata, cargando a su papá de clínica, en clínica, de doctor en doctor. Crecimos como pareja desde la tragedia, nos tuvimos que inventar como pareja. Acabamos de cumplir 11 años de casados".

Parece que estuviera reviviendo la situación, pero de repente se queda callado, parece pensar y dice: "Estoy hablando demasiado".

Según él, sus dos hijos se parecen a él. Uno tiene dotes para la música y el otro es un animador de TV en potencia, pero no manifiestan ninguna inquietud por este medio; al contrario, la esconden.

-¿Por qué?
"No quieren competir conmigo. Si yo soy el hijo de Iván Zamorano, a los 8 años, parto castrado, porque el referente que tengo en mi casa es demasiado alto".

Dice que nunca han visto Vértigo, porque a las 9 de la noche están acostados, durmiendo. No ven el mundo del papá como de ellos. Se acuestan, porque al otro día tienen las actividades propias de cualquier niño: fútbol, tenis, básquetbol.

-Pero eso es súper sano.
"Es fantástico. Cuando dejé la chochera de lado, me di cuenta que están construyendo su PROPIO (y recalca la palabra) mundo. Mi mujer hoy gerencia mis cosas, está a cargo de la academia y lleva todo, lo personal y lo de platas, yo sólo actúo y canto, así que dejé de meterme en los espacios en que no me corresponden".

-Has mantenido tu vida privada bastante a resguardo.
"Será por mis bases, probablemente. Tengo un condimento, una característica que es más protagónica frente al público y me parece súper importante mantener un mundo privado –ni siquiera mío, porque por nivel de egocentrismo, me encanta que la gente me reconozca-, es el mundo privado de los terceros; la parcela que le pertenece a mi mujer, a mis hijos y el mundo que construyen para ellos, no en torno a mí".
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