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"Jamás me oirás decir que estoy extenuado"

Hace miles de cosas a la vez, pero dice no estar cansado. Busca el aporte sociológico de los realities, potencia su banda, ama la música, le encanta leer, pero… la lógica de las mujeres lo pone muy nervioso y, a pesar de “Acoso textual”, no logra entenderlas del todo.

31 de Octubre de 2005 | 17:59 |
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Relajado, porque acaba de terminar la “Granja VIP”… así podría empezar esta entrevista, pero no se puede, porque esa palabra no existe en el vocabulario de Sergio Lagos.

A cada cosa que hace se entrega con absoluta pasión; tiene casi la capacidad de desdoblarse y estar en más de un lugar a la vez: su empresa de comunicaciones, el canal de televisión y Marciano, su grupo, que en estos últimos días lo ha tenido con varias presentaciones, a pesar de que el programa estrella del 13 estaba por finalizar.

-¿Muy cansado?
"Jamás me oirás decir que estoy extenuado. He trabajado intensamente, pero me pagan bien y tengo trabajo, lo que mucha gente no tiene. Uno no se puede quejar de estar cansado, no puede ser.
"Además, antes trabajé en otra lides periodísticas mucho más investigativas y de reporteo diario y también en televisión hice el trabajo de construcción de programas enteros; entonces, no hay cabida para el agotamiento en esta función, sí es pesado, es jodido, pero no agotado, jamás… por respeto a los trabajadores verdaderos de la patria, como los que sacan el carbón en la mina,… en serio".

Lo dice muy serio, pero no hay nada de pedante ni estudiado en su tono, es más bien como si se sintiera avergonzado de que le paguen por pasarlo bien y poder dar rienda suelta a ese niño hiperkinético e intelectual que lleva dentro.

Durante el desarrollo de la “Granja VIP” debía viajar de domingo a jueves a Pirque para mantener el contacto con los participantes; en la Granja anterior, iba dos veces al día y, además, su celular permanece permanentemente prendido por si sucede algo en el programa que requiera su intervención o su presencia. Sin embargo, no se inmuta, vestido completamente de negro en la sala de reuniones de su productora, se da el tiempo para recordar su vida de niño y las razones y sucesos que lo llevaron hasta donde está hoy.

Siempre ha vivido en el centro mismo de Santiago, hoy en la calle Lastarria, para evitar recorrer grandes distancias. "Me gusta la ciudad desde ese centro, creo que me costaría mucho vivir en la periferia. Ese afán santiaguino de vivir lejos me cuesta harto entenderlo", dice.

-Pero vivías en el sur.
"Tuve la suficiente naturaleza, arbolitos, pajaritos y demás como para ahora poder bancarme el ruido, el smog y las micros. Antes vivía arriba de "La Gárgola", en plena Alameda y ahí empezábamos con fiesta a las cuatro de la mañana. Era intenso".

-¿Ahí también reclamaban los vecinos?
"No, no,no, el reclamo contra los micreros ya era suficiente".

Nació el 12 de noviembre de 1972 y estudió en varios colegios entre Concepción, Osorno y Temuco; pasó por todo tipo de enseñanza, desde la tradicional a la Montessori. Luego se vino a Santiago a estudiar periodismo a la Universidad Andrés Bello y estudió guitarra clásica con Enzo Lamoura y en el Conservatorio de Temuco.

-¿Por qué no seguiste con la guitarra?
"Es una de las cosas que lamento, pero mi incapacidad de concentración o de poner foco en sólo una cosa me jugó una mala pasada, porque si bien partí tarde estudiando guitarra clásica, tengo la sensación como de haber abandonado al maestro cuando no debía".

-¿Te viniste a Santiago a estudiar periodismo?
"Me vine a ver las bandas, en realidad; a respirar un aire que yo admiraba mucho en mi adolescencia, que era el Santiago New Wave, el Santiago de los '80; incrustado en una situación política que para mí era otra lectura, más que el "Apsi" o el "Análisis" - que si bien estaban en mi casa-, para mí, revistas como "El Trauko", "Ácido" y ese tipo de lectura. Tenía pósters de las bandas como los Electrodomésticos, Los Prisioneros.
"Ese era el ideario que poblaba mi cabeza; empecé a hacer música y, cuando salí del colegio, me vine a buscar esa actividad cultural propositiva y divergente que, tengo la sensación, el '91 estaba como un poco diluida ya y eso generó gran desconcierto en mí".

Eso hizo que generara sus propios trabajos artísticos y el periodismo fue una excusa, no un fin. "Poco a poco se fue transformando en una cosa más sólida. Tuve la suerte de encontrarme con profesores muy potentes que supieron contenerme; porque me pedían un trabajo escrito acerca de la Plaza de Armas, por ejemplo, y yo llegaba con el trabajo, un libro con fotos, la gráfica hecha… mis compañeros me decían que mejor me fuera a estudiar arte u otra cosa".

-¿Siempre has sido tan intenso?
"Sí, tiene que ver con la familia que tengo y con las situaciones particulares y especiales que vivimos en esos difíciles años".

Explica que sus padres eran separados; su padre fue 27 años jefe de servicio del Hospital de Lota,"un tipo muy comprometido con esa área social, además de un orador extraordinario, contador de chistes, presidente del Club de Fútbol; estaba todo el tiempo organizando este pequeño Macondo que formó en Lota".

Hijo único de su madre, socióloga, rememora su trabajo con los pescadores artesanales de la zona y su fuerte compromiso social. "Ello nos llevó a ella y a mí a desplazarnos siempre por el sur del país y a ser muy unidos".

Cree firmemente que aquellos que nacieron en los setenta y ochentas, "años que para muchos fueron muy jodidos", despertó y generó un nivel de gente más comprometida en algún nivel, más opinante, más creativa. "La gente de mi generación se ha ido canalizando en aspectos súper diversos", dice.

Trabaja desde muy joven; primero en una disquería que instaló con su mamá en Temuco, pero que dio bien pocos frutos, porque como llevaban música para un público reducido y muy parecido a ellos, terminaron prestándose los álbumes o escuchándolos en el mismo local. Una vez en la capital, empezó a trabajar en fotografía, "pero como una cosa exploratoria" hasta que le robaron la cámara y se puso a trabajar de barman, de payaso en cumpleaños, animando en malls. Paralelamente estudiaba cine, guitarra y periodismo.

En segundo año de universidad, uno de sus profesores lo llevó a trabajar con él en el "Apsi" y, como había decidido "violentamente trabajar en mi independencia económica y cortar el cordón", aceptó. Su primer artículo fue el recordado tiroteo de Apoquindo con Manquehue… siendo de Lagos, claramente, no era un artículo informativo, sino más bien una especie de ensayo existencialista que confrontaba imaginación con realidad. Creyó que no se lo publicarían, pero, al contrario, le ofrecieron hacer periodismo de investigación desde esta óptica más aventurada.

No sólo trabajaba por poca plata, sino como había dejado de percibir "sueldo de hijo", tuvo que quedarse a dormir en la revista: "Me puse a vivir en el sillón de la oficina de Marcelo Contreras, el director. Me hice amigo del conserje, me hacía el loco hasta tarde escribiendo y me quedaba ahí".

En esa época lo llamó el escritor y periodista Alberto Fuguet para que se incorporara a la "Zona de Contacto" de El Mercurio y escribió, paralelamente, en el "Segundo Cuerpo", el suplemento dominical de La Nación. Una cosa llevó a la otra y, en 1995, entra a trabajar con Christian Walkner en "El desembarco de los ángeles", sin dejar lo otro y, además, haciendo textos para publicidad para que "la plata me alcanzara. Era un mercenario de las letras". El '96 lo llamó Iván Valenzuela para que se hiciera cargo de "“Dínamo”" en canal 2.

En ese momento decidió comprarse un televisor. "No tenía, porque o hacía todo esto o veía tele. En realidad me lo mandó mi abuela, del sur". También empezó a hacer música con su partner de Marciano, Rodrigo Castro, y las dos cosas comenzaron a correr por canales paralelos.

-¿Qué significó ser uno de los iniciadores del canal Rock and Pop?
"Los cuatro años de “Dínamo” fueron súper importantes, porque podía vaciar en el programa, un montón de contenidos alrededor de la música, con harto sustento sociológico".

-¿En ese tiempo creas Casa Club?
"Sí, aparece la otra veta que es la producción de situaciones y eventos musicales y me comprometo en el proyecto de la Casa Club, que fue un gran tema: el primer club de música electrónica con tres niveles. Fue una apuesta súper pesada que me arruinó; me asocié con unos franceses que me estafaron. Pero me levanté y empecé a producir eventos con una convocatoria muy fuerte. Todo esto desembocó en este ejercicio que se llama Evolución, que es una productora de contenidos y que es una especie de agencia de comunicaciones ligada a temas más específicos".

El 2000 y 2001 hizo "El Futuro de Chile", de línea periodística más clara, pero con una propuesta estética distinta para televisión. Sergio Lagos cree que salió del aire porque hería ciertas susceptibilidades, porque nunca fue un fracaso de rating o comercial. "Era cómo ¿Qué hace un pendejo de 27 opinando de esto?". Entonces, comienza con "Panoramics", un programa en que "me burlo un poco de la televisión, poniéndome al frente, en un juego de ironías constantes, de jugar con esta cosa rara que estaba pasando en la tele".

Marciano, en tanto, se seguía desarrollando paralelamente. En 2002 venía llegando de una gira a Europa y pensando en dejar Chile, porque estaba muy molesto con la televisión como ejercicio. "Aparece el Nico Quesille y me ofrece conducir "Protagonistas de la Fama" y me cambio al 13, en lo que estoy hasta ahora".

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