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Reglas para la medicina alternativa

Quienes la practican como ayuda a la medicina oficial deben acatarlas desde agosto. Los usuarios deben ser exigentes.

27 de Enero de 2006 | 15:32 |
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La medicina tiene desde hace miles de años numerosas variantes, pero desde el siglo XIX la supremacía fue ganada por la que ahora llamamos, paradójicamente, "medicina tradicional", que es la reconocida por el Estado.

Sin embargo, la persistencia de la que ahora calificamos de "alternativa", y a la que recurren no pocas personas por ser más económica -o porque la que se otorga en clínicas y hospitales, con exámenes de laboratorio, cirugías y medicamentos, no ha dado resultado-, ha hecho que las autoridades decidieran reconocerla y reglamentarla para que los usuarios sepan a qué atenerse en cuanto a la seriedad requerida.

Entre esas disciplinas, las hay muy antiguas y de muy distintos orígenes geográficos, como la acupuntura, el yoga, el naturismo, la geobiología, el reiki, a las que se suman otras que nacieron junto con la "tradicional", pero que al final no fueron incorporadas por ella, como la iriología, naturopatía, homeopatía, la fisioterapia, quiropraxia, apiterapia, flores de Bach, electroterapia, gemoterapia y varias más.

El decreto 42 del Ministerio de Salud, de reciente promulgación, señala que son prácticas médicas alternativas sólo "aquellas que se realizan con el fin de recuperar, mantener e incrementar el estado de salud y bienestar físico y mental de las personas, mediante procedimientos diferentes a los propios de la medicina oficial", de manera paralela o auxiliar a ésta, calificándoselas de alternativas o complementarias.

Pero no todas están contenidas en este reglamento. Las técnicas y medicinas populares chilenas, como la farmacología mapuche, los componedores de huesos y otros fueron dejadas fuera.

Claro que si uno practica algún tipo de medicina alternativa, o recurre a ella, no significa que el decreto reconozca que ya tiene reconocimiento oficial. Cada variante deberá esperar su respectivo decreto supremo, por parte de Salud, que le dé su denominación y definición propias, las acciones que podrá realizar y el equipamiento y los conocimientos y destrezas necesarias. Además, la procedencia para otorgar ese reconocimiento entre cada disciplina se basará en la demanda, los eventuales riesgos, la eficacia terapéutica y su concordancia con los programas sanitarios vigentes, entre otros.

Quien quiera ejercer o seguir practicando alguna de ellas como ayuda para la medicina oficial también necesitará el título de un plantel de educación superior, de un permiso y supervisión de las autoridades, sobre todo en cuanto a las instalaciones. Los que tengan títulos obtenidos en el extranjero también deberán cumplir requisitos para contar con permiso de práctica. Los que no tengan su título profesional deberán normalizar su situación para seguir operando legalmente.

Respecto a dónde ejercer cada disciplina de medicina alternativa, la cosa no cambia mucho, ya que pueden ser desde una clínica especialmente construida para ello hasta una pieza en una casa o departamento, pasando por local comercial, instituto de belleza, etc., aunque la novedad es que el lugar puede ser parte de un centro médico tradicional.

Para mayor comodidad del usuario, esos recintos deberán tener sala de espera, de procedimientos con lavamanos, lugar de esterilización de los instrumentos que se usen, iluminación y calefacción adecuadas, baño para el público, extintor de incendios y vía de evacuación expedita. Los responsables deberán llevar fichas lo más completas posible de cada paciente, tal como tienen las consultas y centros médicos oficiales, y está prohibido vender en el lugar mismo los elementos que aconsejen a cada paciente para su tratamiento posterior.

Vigencia y precios

Las disposiciones del reglamento sobre prácticas médicas alternativas entró en vigencia el próximo 17 de agosto, y convendría que cada una fuera tenida en cuenta por quienes recurran a ellas, incluso cuando se trate de las que no se ofrezcan como asistencia a la medicina oficial, para mayor seguridad. No habrá de extrañar que, por las exigencias que impone el reglamento, quienes las lleven a cabo aumenten sus tarifas. Pero de ahí a que sean incorporadas a los seguros de salud pasará bastante tiempo.
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