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“Recién ahora, el caos empezó a jugar a mi favor”

Autor del exitoso “Santiago bizarro”, va por la vida con la mochila liviana y dispuesto a desnudarse en cada uno de sus escritos porque cree, firmemente, en la libertad de ser como cada uno quiera. Próximo a casarse, le encantan las historias, especialmente, ésas increíbles que todo el mundo tiene para contar.

11 de Enero de 2006 | 11:21 |
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En alguna oportunidad confesó que su gusto o inclinación por las rarezas lo tomó de una novia búlgara que tuvo. Bueno, la novia en cuestión, pasará a ser su esposa a partir de marzo y eso lo tiene muy contento.

Es un chico normal y lo reitera varias veces, porque al parecer su éxito editorial “Santiago bizarro” y sus experiencias poco comunes en el periodismo, lo han marcado mucho. Aún así, Sergio Paz tiene historias entretenidas y poco comunes que contar por montones.

A su mujer la conoció en esas circunstancias insólitas de la vida. Era el 2003 y estaba en Munich haciendo unos reportajes para la “Revista del Domingo”. Aburrido, se fue de tapas por distintos bares y ya entrada la madrugada, se encontró en uno de ellos con “una chica” que esperaba a un amigo para devolver un chaleco. Así de simple y así de claro el destino.

La historia que sigue aún lo sorprende: conversaron hasta tarde en un idioma inexplicable. Ella sólo manejaba el ruso, el búlgaro y el alemán y Paz, español, inglés y un poco de portugués. Fueron a ver un partido de fútbol y se despidieron, intercambiando los mails.

De regreso en Chile, empezó el carteo cibernético y a los 5 días ella le preguntó frontal y sin rodeos si quería que fuera a visitarlo. Vino ella, después se fue él y así, hasta hoy, que cuenta el romance poniendo los acentos en lo jugada y distinta a las chilenas que resultó esa “novia búlgara”.

-A ver, ¿las chilenas no se la jugaban o no te las jugabas tú?
“Es que éramos muy distintos o muy parecidas (se ríe). No… eran como más formales, más clásicas, esa cosa que se da harto en Chile de ya, nos casamos, tenemos tantos hijos y vivimos acá”.

-O sea, todas con el traje de novia en la cartera.
“Sí, pero eso a mí también me gusta, no tengo nada contra eso; el problema era el estilo de vida, eran proyectos súper distintos”.

-Eres patiperro, explorador.
“Hasta el día de hoy, pero ahora tengo alguien que me acompañe en eso. No es que haya cambiado mi sistema de vida, ella está en la misma. Y eso es lo raro, porque estando enamorado y teniendo relaciones intensas y buenas, es súper fuerte darte cuenta que se está en caminos distintos y que no es problema de amor, si no de la vida”.

Poco enamoradizo, aunque tuvo relaciones “wild on” con mujeres de diferentes latitudes debido a sus periplos, asegura que la diferencia con las chilenas está en el estilo de vida ya que a los 30 y algo años se asumen, todos, como “viejos prematuros”.
“Eso genera una presión social muy fuerte, cuando uno tiene todo el futuro por delante. Lo otro que pesa es el qué dirán; muchas veces la gente vive en funciones de esquemas que no se quieren”.

-Pocas relaciones serias, ¿por qué? ¿Te costaba tener una compañera o la pega lo dificultaba?
“Me costaba involucrarme y dejarme ir, se dio así, como que me rodeaba un caos, el sino del caos (se ríe). De hecho, recién hace poco…”

-¿Te empezaste a ordenar?
“No, el caos empezó a jugar a mi favor. Ella es bien desordenada, no es nada tradicional, viene de una cultura distinta, mucho más abierta, pero ella también quiere un par y una luz donde llegar en las noches”.

Paz tiene 38 y su novia 10 años menos, pero esa diferencia no es cuestión, aunque ha tenido que revisitar las discoteques más seguido de lo que acostumbraba en el último tiempo. Para él, la simpleza de los búlgaros, que se relacionan desde el corazón, fue mucho más potente. Tanto, que en la última despedida en el aeropuerto Pudahuel, entregó anillo.

-Tanta formalidad.
“Si poh, si soy un tipo normal”.

-¿Por qué con libreta?
“Para mí siempre fue lo más lógico. Salí del colegio y quería tener camioneta, perro e hijos. Me he dado una vuelta más larga (unos años de carrete) para llegar a lo mismo y ahora tengo un gato”.

Las mujeres son un tema que apasiona a Sergio Paz. De hecho, sus principales trabajos han sido en ambientes femeninos como la revista Paula y las revistas varias de “El Mercurio”, donde publica reportajes y columnas y ahora, en “La noche de Cecilia”, donde está editando las notas internacionales.

“Me encantan”, dice con tono de ensoñación. “Amo a las mujeres jefas… y cuando me retan, más (con tono de deseo). Las veces que he tenido jefes hombres los he odiado, nos hemos llevado, pero muy, pero muy mal”.

A su juicio lo que hace fascinante estar laboralmente vinculado con mujeres es el hecho de que ellas “generan grupo. Cuando hay un hombre de jefe es una oficina; cuando hay una mujer, hay afectos, una familia”.

-Las mujeres llegan hablando de los hijos.
“Sí, a mí me ha marcado mucho eso por el tipo de periodismo que hago. Casi me falta aprender a tejer a crochet (lanza una carcajada). Está como la copucha, es agradable, lo paso bien y además, el periodismo tiene algo bien femenino por esencia”.

-O sea, ¿no necesitaste hacer un gran trabajo para dar con tu lado femenino?
“Esto de buscar emociones en las entrevistas, los lados no contados, son eso. Jamás habría hecho periodismo político o crónica judicial ¡Jamás! Me interesa más algo entre comillas femenino; más lo interior que lo exterior”.

-¿Cómo ha sido trabajar con la Bolocco? Parece una mujer muy distinta a tus intereses.
“No, para nada. A mí me interesa toda la gente, yo lo paso bien con ella y por eso, me gusta entrevistar. Trabajar con la Bolocco fue una casualidad, le fui a hacer una entrevista y salí asesorándola (se ríe). Nunca se concretó la entrevista, pero en paralelo me llamaron para esto. He hecho televisión y me gusta”.

-¿Hicieron clic? Se dice que la Bolocco se rodea de personas que le dan confianza.
“Mira, ella tenía una guagüita que cuidar… ¡no me refiero a Máximo!, sino a sus notas internacionales a grandes personalidades y líderes y para mí, eso es total. Que ganas que haya más televisión así, por eso enganché al tiro. Lo he pasado súper bien”.

Sigue solo. “He descubierto una persona súper trabajadora. La Cecilia ganó dos Emmy en Estados Unidos. Se sale de la norma del medio, está pendiente, investiga, es como matea, preocupada del cuento y por eso, alguna vez le fue tan bien, aparte de su historial”.

-¿Hiciste el mismo clic con la Paty López? Con ella hiciste el programa “Ruta Chile” de TVN (debería salir al aire el 2006).
“Lo pasé chancho con la Paty, aprendí un montón de cosas de ella. En el programa no viajé con ella, excepto cuando fui como productor, pero ella es distinta, es una persona cargada de cuentos”.

-¿Ella también refleja una imagen distorsionada?
“Es que la Paty es mucho más dulce de lo que ella misma trata de ser”.

-¿Menos vampiresa?
(Entre risas) Noooo, es vampiresa. Es súper trabajadora, estaba en medio de la teleserie “Los Capos”, pero siempre se hizo el tiempo para viajar, escribió sus guiones y descubrió que puede hacerlo bastante bien. Al principio, fue como mirarnos de un patio al otro, pero al final, resultó bien”.

-¿Por qué de las dos destacas tanto que son súper trabajadoras? Acaso no te has encontrado sólo con mujeres que son precisamente eso, requetecontra trabajadoras.
“Sí poh, son tesonudas, fuertes, llenas de ideas, ganas, súper apasionadas”.

-¿Tiene mucho valor para ti?
“Sí, me fascina”.

-¿Más que…?
(Se adelanta) “¿Más que la sensualidad y el erotismo? No… si va junto, mejor”.

-Pero se dice que las mujeres, para hacerse espacio, han debido adoptar patrones masculinos, que han dejado la sensualidad en el mundo de la silicona y no de las neuronas.
“No creo que la sensualidad esté en el mundo de las neuronas”.

-¿Por qué no?
“Bueno, la verdad es que con las mujeres que me ha tocado trabajar mezclan bastante bien esas dos cosas. Son todas súper sensuales y eficientes en la oficina y por eso, me fascina llegar a trabajar en la mañana”.

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