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El avance de la meritocracia

07 de Diciembre de 2005 | 11:27 |
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Antes de llegar a Capital, estuvo diez años en Hush Puppies, donde se encargó de potenciar la línea de calzado femenino e introducir la marca Nine West. Por iniciativa de Alfonso Swett, se fue a Londres donde, en vez de ser sentada en una oficina para ejecutivos recién titulados, la colocaron de vendedora en una tienda.

En la capital inglesa, Carolina Schmidt se las ingenio. No aceptó subsidios de su padre y en cambio, arrendó una pieza que compartía el baño con otras cinco personas, pero que estaba cerca de Harrod´s.

Y con ese antecedente se puede entender porque una de sus chocheras es la Feria del Trabajo que organiza la revista Capital y en donde quienes buscan trabajo y quienes los ofrecen tienen un lugar de encuentro. La tercera versión, de agosto de este año, congregó a 22 mil jóvenes y casi 50 empresas.

-Clarisa Hardy en su libro “Eliterazgo” establece que las mujeres además de méritos, necesitan de una red de apoyo social y familiar para acceder a cargos de poder. ¿Avanza o no la meritocracia en el país?
“Es que hay estudios contradictorios; algunos demuestran avances y otros muy pocos. El de la Adolfo Ibáñez dice que hay un avance con la irrupción de clases emergentes, cuestión que produce un recambio en los círculos de poder, mientras que el de Seminarium muestra que el 80% de los cargos en las empresas está dado por dos universidades, dos carreras y 10 colegios.
“Cuando uno entra a alguna parte todavía te preguntan en qué colegio estuviste cosa que en otros países como EE.UU. es impensable; de alguna manera te sacan una foto.
“Creo que las redes de contacto son todavía tremendamente usadas con un elemento que se debe destacar y que es que, si bien, la red de contacto es importante y es utilizada, uno tiene que tener méritos propios para poder progresar. La red te puede abrir la puerta, pero para entrar y mantenerse se requiere haber estudiado y ser capaz. (La red) no es suficiente”.

El tema apasiona a Carolina. “Igualdad, igualdad, no existe. Obviamente que una persona que desde los 5 años escucha hablar en la mesa de política económica y otros tiene un desarrollo mayor que aquel que a la hora de la comida ni siquiera le hablaban. Pasa lo mismo con quien ha tenido la posibilidad de viajar, porque ésas son herramientas”, sostiene.

-¿Cómo ves la discriminación de la mujer en esto? O sea, además de necesitar las redes no las tienen.
“El hombre, por estar en el mundo público, tienen una red más grande. Ellos tienen un mundo hecho a través del trabajo con sus partidos de golf, el babyfútbol, la Enade, el Icare y etc.; qué decir de las actividades gremiales donde la participación es casi netamente masculina. Y en todo esto, uno se va enriqueciendo con la experiencia ajena.
“Las mujeres participan pocos de esas redes de poder o son distintas, porque a lo mejor tienen muchas amistades pero ellas no son de la actividad pública”.

-¿Ves cambios?
“En CM vemos como las mujeres quieren participar y aunque seamos una red un poco paralela se está incorporando a la red tradicional porque esta última está reconociendo la importancia de que las estructuras sean más abiertas porque el aporte de la mujer es valioso, no porque sean buenas personas. Las instituciones se han dado cuenta de la necesidad de contar con la mirada femenina, de estar más equilibrados, y así se ven casos como la SNA donde tienen por primera vez una directora mujer o la elección de la presidenta de Asexma.
“Ahora, todo esto no quiere decir que Chile no sea un país de redes y que no hay igualdad de oportunidades”.

-¿Qué cosas positivas les ha dejado la Feria?
“Había una percepción de que el peor alumno con contactos siempre tenía mejor cargo y sueldo que el mejor alumno sin redes cuando salía de la universidad. Por eso, nos propusimos transparentar los procesos de selección de personal donde todos los jóvenes pudieran postular libremente y no por sus contactos; y las empresas acceder a los mejores con la obligación de contratar dentro del grupo de entrevistados, no por fuera. La cifra de participantes confirma el interés, aunque todavía nos encontramos con empresas que dicen nosotros sólo contratamos conocidos.
“Esto muestra que hay conciencia de darle posibilidades a todos”.

-Tú participas de la ANP, ¿por qué las mujeres son mínimas en el mundo gremial?
“Para participar de la actividad gremial, primero, tienes que tener un cargo de mayor nivel dentro de la empresas, no puede hacerlo la secretaria; y segundo, tienes que dedicarle un tiempo extras, que las mujeres no están dispuestas a dar porque ahí se vive el costo familiar.
“Un camino es decir que los gremios son machistas porque no le dan oportunidades a las mujeres, pero ¿cuántas están dispuestas a dar ese tiempo para contribuir en algo que no da recompensa monetaria? La mujer tiene que decir si quiere entrar y ver los costos y beneficios y un beneficio es para la sociedad, que recibe la visión de la mujer”.

-En concreto, ¿discriminación o exclusión?
“Las dos cosas; es como el huevo o la gallina. También es cierto que antes costaba mucho más acceder y creo que hoy, porque la mujer está de moda, las puertas están mucho más abiertas y todos están más deseosos de que participen en lugares donde antes no había ninguna cabida.
“También es difícil que la mujer dé ese paso porque siente que en su casa no hay mucho apoyo y si no está ella, las cosas no andan”.

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