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Una trotramundo que busca la sorpresa

01 de Febrero de 2006 | 10:56 |
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Ella declara a rajatabla que no ha tenido una carrera ordenada y por eso, la gente se confunde un poco con su trayectoria.

De hecho cuando salió de la Universidad Católica, en 1995, tras estudiar periodismo, fue reportera en Teletrece y también escribió en Economía de “El Mercurio”. Dos años más tarde, partió a Nueva York a hacer un magíster en periodismo televisivo en la Columbia University y se quedó trabajando en CNN en español.

Pero, el perpetuo movimiento la trajo de vuelta a Chile a mediados de 2000, y en octubre de ese año debutó en un programa juvenil que dio que hablar, “Pantalla abierta”, una especie de magazine que condujo junto a Cristián Sánchez y en donde comenzó a hacerse famosa por su estilo inquisitivo. Aquí fue donde le salió al frente al senador Jaime Naranjo y consiguió que éste reconociera que tenía familiares trabajando para él, nada menos que su esposa.

El amor la llevó a Holanda a fines de 2001, cuestión que le permitió explorar la veta de corresponsal, que se plasmó en un programa de igual nombre que se estrenó a comienzo del año pasado. Para hacerlo, durante el 2004, viajó durante 5 meses por toda Europa y entremedio, estuvo otros tres en Santiago conduciendo “Réplica” en medio de la campaña municipal. O sea, una verdadera trotamundo.

Sus últimos meses se los ha tomado con cautela y los humos, claramente, no se le han ido a la cabeza. De hecho es capaz de reconocer que los periodistas que estuvieron en los debates a lo mejor no debieron estar ahí por no ser la mejor gente o la más apropiada.

La “Cony”, como le dicen sus amigos, también sabe que se “sobrevende” demasiado y por eso, no puede decirle que no a cuanto conocido le pide que, por favor, modere algún debate. Así fue como la vimos hace escasas semanas en medio del fuego cruzado que entablaron Lucía Santa Cruz y Karen Poniachik en una mesa redonda de Comunidad Mujer. Pero, bueno, la vida es así y éstas son las cosas que le suceden.

-¿Cómo se reciben piropos profesionales como el de Alejandro Guille, quien después del debate dijo que quedó gratamente sorprendido con tu persona?
“Da un poquito de pudor, me dan pudor esas cosas. Es un honor… no sabía si tenía que llamarlo y decirle gracias, cosa que caché, después, que no se hace. Si algún día me lo encuentro, obviamente, le voy a decir, pero… (se corta un poco).
“Soy más tendiente a la crítica, a pesar de que me duele; digiero lo que me dicen en contra pero así (hace un gesto con la mano hacia su garganta), completo, no tengo ningún filtro. Soy capaz de ah, lo malo, lo malo.”

-¿Los buenos comentarios te hacen desconfiada?
“No, no desconfío para nada de Alejandro Guille, para nada. Lo que pasa es que me da como nervio. Cuando terminó el debate lo miré y vi lo que me faltó, esa fue mi mirada”.

-Pero, ¿para ejercer el periodismo político a lo mejor hay que desconfiar del otro? Es como una parada en la vida.
“Estoy de acuerdo; desconfiar suena como que todo el mundo es malo, pero creo que uno no debe dar nada por sentado, es la única manera en que puedes cuestionar a alguien. Hay que generar esa cosa de no me contís cuentos, voy a desconfiar de todo lo que me digas, pero eso es demasiado negativo; lo que uno tiene que tratar de hacer es que nadie crea que es tu amigo y en buena onda”.

No puede dejar de acordarse de un profesor de la Columbia que era medio fundamentalista y le decía a los estudiantes que no iba a ningún panorama social, ni tampoco iba a clubes, ni a templos, ni otro tipo de grupos para así mantener su independencia. “Él dispara contra todo el mundo –recuerda con una sonrisa- y uno tiene que ser lo más transparente posible”.

-¿El periodismo político era tu meta?
“Como decisión, como que me voy a dedicar a esto, no, porque nunca he planificado mucho nada. Fue como se me dieron las cosas, un poco como en el fútbol. Ahora, desde la época de “Pantalla abierta” y antes, cuando era reportera y junto a la Maca Pizarro teníamos que hacer grandes notas políticas, siempre existió un poco esa inquietud de pongámosle un poco, interpretemos, no hagamos la fuente dijo. Siempre hubo esa intención de cómo plantear el tema político de manera atractiva y eso significa transformarlo en un idioma fácil, hacer los cuestionamientos, meter la ironía, hacer investigación y poner en evidencia las cosas que no son evidentes.

-Es que con dos años de corresponsal uno podría pensar que ibas a terminar en periodismo internacional.
“Es que también me fascina. Hacer “Corresponsales” quizás fue de las cosas menos expuestas, pero la que más me gustó hacer. No lo he dejado para nada y el año pasado lo político me absorbió, pero en junio –cuando explotaron las bombas en Londres- fui la persona más feliz, no del atentado, sino de pescar un avión e irme para allá, de poder estar ahí. Es un desafío estar allá y tratar de ver cómo lo llevo a Chile, de mostrárselo; eso me trastorna”.

-¿Necesitas mucha adrenalina?
“Síiiiiii” ( y le sale una sonrisa).

-Eso hace suponer que no te vas a quedar mucho tiempo en lo que estás.
“Prefiero ni pensarlo. Si me dices te quedarías 10 años haciendo lo mismo, en principio, me genera un poquito de dolor de guata y aburrimiento. Además, creo que uno como periodista tiene que dejarse sorprender, eso es fundamental. Y cuando uno ve mucho algo, deja de sorprenderse. A lo mejor hay gente que tiene una capacidad para adaptarse a la rutina o de sorpresa mayor que la mía”.

-¿Eso fue lo que te hizo volverte de Europa? ¿Más adrenalina?
“No, yo estaba feliz allá y si me dicen hoy ándate a vivir a Londres y sé corresponsal, me voy mañana, feliz, no porque lo de acá no me parezca atractivísimo. Creo que los medios chilenos estamos en deuda con lo internacional, me habría encantado estar en el Medio Oriente para lo de Sharon o Hamas y explicarle a la gente qué es lo que está pasando y porque es importante en sus vidas. Es alucinante acercar el mundo a mi país, con lo aislados que somos; es un desafío.
“Soy de las personas a las que le plantean una oportunidad y dice vamos”.


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