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Hechizada por las antigüedades

20 de Marzo de 2007 | 10:34 |
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Claudia Serrano da la impresión de seriedad y dureza. Su trato formal, irremediablemente transmite la idea de que es de esas personas que no se permite errores y que no debe ser muy condescendiente con los ajenos.

Por eso, sorprende que confiese abiertamente que tiene una sola comuna regalona, Valparaíso, aunque a reglón seguido entrega una serie de razones técnicas que sustentan su posición.

Su debilidad por esa ciudad se acrecentó cuando, hace 5 años, comenzó a viajar bastante seguido a Valparaíso para realizar consultorías, cuestión que la llevó a enamorarse del puerto y proponerle a su familia comprar una casa antigua allá.

“Empecé a caer hechizada, literalmente, cuando, en plena primavera, veía los atardeceres. Además, yo quería un caserón porteño para entretenerme; me gustan las antigüedades, las cosas bonitas –no tenía donde más poner una cosa en Santiago- así que empecé una nueva historia”, cuenta.

Su pasión por las antigüedades es una de las aficiones que dice tener, pero para las cuales no tiene nada de tiempo. “Me encanta ir al gimnasio, pero voy súper poco; me gusta esquiar en invierno, me gusta mucho el mar, la artesanía latinoamericana, tengo una colección de polveras antiguas que inicié con una que era de mi abuela”, dice con un tono de tristeza.

Casada con Patricio Tapia, gerente general de Correos desde antes que ella asumiera en su cargo, tiene un hijo, Miguel, de 21 años que estudia sociología.

-¿Fue apoyado cuando tomó la decisión de estudiar eso o enfrentó oposición?
“Al principio no (fue apoyado). Mi familia es tan humanista que yo quería un ingeniero, alguien que manejara cifras duras, pero me salió humanista puro, puro. Me daba como vergüenza que pensaran que yo le había lavado el cerebro, pero después pensé que si un médico tenía un hijo que quisiera estudiar lo mismo, estaría muerto de orgullo y de felicidad.
“Entonces, me demoré como una semana y me dije esto es maravilloso, es un amor por lo que yo misma hago y así ha sido. No lo invado, no trato de educarlo, estudió donde yo lo hice e hice clases hasta el año pasado, tenemos una relación muy bonita y esto contribuye a nuestra complicidad. Es una experiencia preciosa”.

Hace algunas semanas el nombre de Claudia Serrano saltó a la palestra tras la designación como nueva directora del Centro Cultural Palacio La Moneda de su hermana Alejandra, quien por años estuvo al frente de la Corporación Balmaceda 1215. Se mencionó, además, que Verónica, otra de las Serrano, era actualmente directora de Arquitectura del MOP. La situación, bastante singular, se prestó para algunas críticas.

-Tomando en cuenta el trabajo de tu marido y los cargos de tus hermanas, ¿sientes que es injusto que algunos vean esto bajo el prisma del nepotismo en vez de la meritocracia?
“A mí me enorgullece mucho formar parte de una familia comprometida con lo público, trabajadora, creativa. Nosotros, cada uno, tiene una trayectoria, un currículo, una experiencia y una vocación y me parece una maravilla poder ejercerla.
“No quiero ni debatir ni argumentar porque están mis hermanas donde están, porque los hechos se juzgan por sí mismos”.

-¿Te sientes más obligada a ser cuidadosa?
“No, yo no me siento al cuidado de nada, no estoy a la defensiva, estoy súper orgullosa y feliz de lo que sucede; a lo que no estoy dispuesta es a la frivolidad de reportajes como las ‘hermanitas Serrano’. Eso me tiene a la defensiva”.
“No me obliga a ser más cuidadosa, es igual que siempre. No siento estrés por eso, soy una persona correcta, una persona comprometida, súper trabajadora y ahora el doble, pero no soy distinta; hago mi pega bien o trato de hacerla lo mejor posible y ése es mi aval”.
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