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Una enamorada del arte que busca los pequeños cambios

23 de Mayo de 2007 | 10:02 |
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Se dio una larga vuelta antes de aterrizar en las leyes, aunque su punto de partida fue el derecho.

Estudió licenciatura en ciencias jurídicas en la Universidad de Chile, pero cuando egresó y se recibió de abogado, sintió la necesidad de estudiar “algo más” que le ampliara el horizonte. “Uno de los mitos que hay con derecho es que es una carrera que te aporta mucha cultura general y me di cuenta que no era tal; te aporta una manera, una mirada amplia y reflexiva para ver el mundo y entender los procesos y el entorno, la sociedad, pero de cultura general no mucho”, explica.

Como le gustaba mucho la historia y el arte, se inclinó por una licenciatura en estética en la Católica que “realmente disfruté”. “Son dos años y fue realmente un regalo”, confiesa.

No satisfecha con eso, siguió con administración cultural para así poder complementar la incursión anterior. Una vez concluida la etapa de aprendizaje, Pilar Aspillaga se puso a trabajar en un proyecto virtual denominado “Academia Imaginaria” cuyo principal producto eran las tertulias y, paralelamente comenzó a hacer clases de estética en la Gabriela Mistral y DUOC.

“Pero llegó un momento en que me senté y dije Pilar, qué es lo tuyo”.

-¿Y qué es lo tuyo?
“Era el derecho. ¿Qué soy yo?, soy abogado, estudié derecho; me saqué la mugre por sacar la carrera”.

Aunque ya estaba casada y tenía hijos, lo que muchas podrían entender como limitantes, ella decidió salir al mercado legal y ejercer su profesión. Se contactó con diversos estudios hasta que encontró una oficina de abogados jóvenes ante los cuales se presentó con una singular frase: “no tengo experiencia, pero sé que me la puedo” y le dieron la oportunidad.

“Fue súper gratificante comprobar que el trabajo es en gran parte voluntad, responsabilidad, compromiso (lo dice con ímpetu); los conocimientos técnicos se van repasando o se preguntan”, cuenta. Así las cosas, ejerció dos años en el área comercial hasta que se le presentó la idea de cofundar Pro Bono.

Con 38 años hoy y 6 hijos (cinco mujeres y un hombre que van de los 11 a un año, incluida una pareja de mellizos), Pilar Aspillaga comenta que tiene muchas amigas que no están trabajando porque le dedicaron unos años a la familia y ahora les da miedo tirarse a la piscina.

“A ellas les digo que lo que importa es el compromiso; creo que ése es mi gran aporte al mundo del trabajo”.

Se le ve claramente entusiasmada –ella dice que ningún día ha perdido la motivación- lo que hace que exponga con energía toda la labor que se hace en la fundación.

-¿Parte de la decisión de hacer un cambio de giro se debe a tener 6 hijos?
“No (dice convencida), no, para nada; te prometo que mi decisión de estar aquí es una convicción personal de que estamos haciendo un aporte tremendo a la sociedad y en esto no hay retorno, no hay vuelta atrás. No podemos descontinuar esto que ya prendió, hemos hecho un tremendo esfuerzo, esto está hecho a mano con un compromiso de los directores que decimos que esto no puede morir”.

-¿Puedes compatibilizar tu agenda?
“Sí, yo le digo a las mujeres que no trabajan que se puede, uno tiene un rol social que cumplir”.

-¿Lo haces con cierta tensión?
“Yo soy bien relajada, un pecado (lanza una carcajada). Me apasiona el trabajo, me encanta, uno se enriquece mucho en esto. Además, mi mamá trabajó toda la vida, tengo una escuela para atrás de sacrificio.
“Puede ser que vaya menos a la peluquería (se toca el pelo como si fuera un despelote), no he ido a ver a mi abuelita... creo que hay costos, por supuesto; costos de estar o darle el tiempo que uno quisiera a la gente que más quiere, de andar más apurada, corriendo por la vida, pero las satisfacciones son tantas, de estar en el mundo, de participar en pequeños cambios. A veces digo que si hubiese estado en un estudio no habría hecho ningún cambio significativo o hubiera aportado menos, a lo mejor una buena solución a un cliente”.

-¿Te das tiempos, más allá que reconoces que muchas cosas has sacrificado?
“Fíjate que sí, estoy incursionando en el mundo del trote, voy a correr una maratón según yo, pero no he empezado ni el entrenamiento. Me doy tiempo para estar con mis amigas, mujeres que trabajan y con las que comparto estos problemas y riquezas del mundo laboral.
“Con mis niños me siento súper al día”.

-¿De verdad?
“Sí, me siento bien, súper feliz. Igual, llego a la casa, tengo que escribir un documento, aparece la guagua y como que la corro, pero... entre las sumas y las restas, ellos ven una mamá feliz, al día con ellos”.


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