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“Mi nieta es mi único cable a tierra”

13 de Julio de 2007 | 13:20 |
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Pedro Engel nació en Santiago, el 28 de agosto de 1950. Descendiente de hebreos -aunque su familia nunca fue practicante de rituales judíos-, estudió en Instituto Hebreo, del cual no tiene los mejores recuerdos: “Lo pasé pésimo ahí, nunca me hallé y no pensé en meter a mis hijos en ese colegio. Eso sí, los últimos años tuve una profesora de castellano que me cambió la vida. Gracias a ella estudié literatura. Fue un encuentro muy potente de mi alma, ya que ella detonó en mí la búsqueda espiritual”.

Dice que lo único que lo saca de este entorno espiritual-esotérico es su nieta de cuatro años. “Ella es mi gran cable a tierra. Me encanta que me haga compañía e ir a ver películas de monitos juntos”.

También le gusta cocinar todo tipo de comida. Fue vegetariano por mucho tiempo pero ya no lo es. Ahora cocina comida húngara, la de sus ancestros. Aunque su gran hobbie es coleccionar piedras y joyas. Le gusta hilar collares con piedras preciosas, cuyas combinaciones, dice, se pueden usar para sanar chakras.

Como buen virgo, es cíclico y confiesa que le baja por épocas ser vanidoso. “En mi juventud fui muy trapero y después de un aluvión, perdí todo, y ya no me apego a lo material. No tengo nada, sólo un par de pilchas; unos buzos colgados por ahí, eso es todo”.

De practicar deportes, ni hablar. “De joven era un ‘cabeza de músculos’, hacía mucho ejercicio pero después de los 40 me arrané. Ahora me encanta ir a las camas de Jade y caminar. En realidad, leer es mi deporte favorito (se ríe). Murakami y Bolaño han sido mis últimos descubrimientos”.

La música también llena los días del astrólogo. Su favorita es la clásica y la brasileña. Tampoco se pierde las telenovelas del país de la zamba, asegura que las ve a diario. “Me encantan, además me gusta escribir los guiones y achuntarle a los finales”.

-¿Y te gusta viajar?
“Gracias a Dios tuve la oportunidad de viajar mucho y prácticamente conozco casi todo el mundo. Pero ahora ya no me llama la atención; me cargan los aviones, los aeropuertos, los hoteles. Me gusta estar en mi casa. Europa, por ejemplo, no me gusta, quizás porque mi familia tuvo que huir de ahí de una forma tan dramática”.

-Además de tu dolorosa experiencia, ¿cómo te proteges y te aíslas frente a tanto drama ajeno que tienes que analizar en tus consultas?”
“Tengo mi forma de protegerme pero igual me afecta, soy humano. No se puede ser insensible. Es parte de la creatividad el pensar un poco como egoísta: si te sanas tú, me sano yo. Al sanar a otros uno también se va sanando. La sanación ocurre a un nivel energético y con esto de la física cuántica, del efecto mariposa; en la medida que el otro se sana, yo también, porque los seres humanos somos un solo organismo. Mientras más seres humanos sanos haya, más se sana el mundo y todos nos sanamos juntos”.

-Suena como si fuera casi una obra social, pero en verdad es parte de tu trabajo, porque también vives de eso.
“Hay mucho de mi trabajo que no es pagado. Los lunes en la tarde, hago un taller abierto para sanar grupos. No se me ha quitado el alma de comunista (se ríe). Los brujos ocupamos un espacio en la sociedad, como los sicólogos, los sacerdotes. Tenemos el poder que se nos otorga para entrar en la naturaleza y movilizar las energías”.

-Entonces, es más que un don.
“Todos tenemos un don pero te tiene gustar lo que uno hace. El don tiene que ver con el pathos, con la pasión, con el alma. Lo demás se adquiere. El brujo no nace, se hace. Hay que tener una dedicación absoluta, estudiar y practicar mucho”.

-¿Buscas la proyección internacional?
“Yo soy bien quitado de bulla, pero sí lo he logrado. No es algo que haya buscado si no que llegó solo. Hay una editorial española que quiera publicar mis libros y he ido a hacer estas sanaciones a Argentina, Uruguay y Estados Unidos”.

-Finalmente, cuéntanos ¿cuál es tu vicio privado?
“Las piedras. Puedo gastarme brutalidades de plata por ellas, no le puedo contar a nadie cuánto. También comer chocolates y sobre todo pelar, me encanta; hasta me hice un blog especialmente para dedicarme a pelar a familiares y a los políticos, de forma descarada” (se ríe maliciosamente).