EMOLTV

Madre de un futuro galán de TV

22 de Agosto de 2007 | 10:00 |
imagen
A los 39 años se define como una persona que tiende a centrarse en las cosas importantes y no afligirse ni angustiarse por los aspectos más secundarios de la vida. Incluso, comenta, que para algunas personas “puedo ser un poco despreocupada, pero yo creo que tiene que ver con una capacidad de priorizar las cosas relevantes y no quedarme pegada en mil detalles que, finalmente, sobrepasarían mi capacidad de hacerme cargo”.

Hija de dos profesores de historia, Alejandra Contreras se consideró siempre humanista y por eso, no se cuestionó mucho si el derecho era su vocación. De hecho, con el tiempo se dio cuenta que no fue la mejor opción, porque tiene una mente bastante más científica y se siente más cómoda con las cifras que con las letras. “Por eso he derivado más a los temas de gestión y economía”, confiesa.

-¿Te golpeó mucho la crudeza de la práctica?
“Sí (duda un poco), aunque yo la hice en la Corporación de Asistencia Legal de la Familia. Fue fuerte el tema de las situaciones familiares de violencia como maltratos y abusos, pero -como en todas las cosas hay blancos y negros- fue muy gratificante ver el tema de las adopciones, que era muy abundante. Me tocó ver muchas adopciones de familias que no tenían nada y que por circunstancias de la vida habían recibido una guaguita y, en forma muy desprendida, iniciaban el proceso para quedársela; pude ver esa parte que tiene que ver con la generosidad de la gente”.

-¿No fue suficiente para convencerte de ejercer libremente?
“No, creo que soy la única abogada de Chile que odia hacer trámites (se larga a reír). Te juro, lo odio, por eso, amo Internet... de sólo pensar que hay que salir para ir al banco, la Isapre, ¡noooo! Sólo pensar que mi vida profesional iba a estar dedicada a los trámites ¡uff!”.

Separada hace varios años, tiene tres hijos que van de los 14 a los 8 años. Dice que “el haber tenido la fortuna de trabajar siempre con personas sensatas”, preocupadas más de evaluar el trabajo por el producto que por el cumplimiento estricto de horarios o formalidades, le han posibilitado compatibilizar su vida profesional con el de jefa de hogar.

“Eso me ha permitido contar con los espacios de tiempo esenciales para acompañar a mis hijos en sus actividades escolares, deportivas, enfermedades, etc. o al menos en las más importantes”, asegura. A reglón seguido, apunta que eso requiere un gran compromiso de devolver esas facilidades y, por tanto, si hay que estar muchas horas adicionales en el trabajo, en etapas complejas o especiales, asume que es parte de la responsabilidad asociada a los cargos.

-¿Cómo se hace?
“A lo mejor tengo la ventaja, entre comillas, de que me separé hace muchos años; mi hijo más chico tenía 11 meses y el más grande sólo 6 años, por tanto, armé una historia con ellos.
“Creo que es bien distinto cuando uno se separa y los hijos son adolescentes, eso cambia totalmente la forma de enfrentarlo. En mi caso, como eran chicos, para nosotros es muy normal vivir solos los cuatro; somos una familia y tenemos que generar las demandas en torno a nosotros. Eso tiene sus etapas, cuando eran chicos, eran muy demandantes, había que estar, correr, ir al médico, pero ahora diría que es una etapa más de acompañarlos, más emocional que de presencia física”.

-¿Qué tan demandante?
“Fue muy demandante, de repente miro para atrás y digo cómo lo hice, porque siempre he trabajado”.

-¿Y cómo lo hiciste?
“No sé (se ríe). Fue duro, porque –es complicado decirlo- yo siempre he estado re sola con los niños; mi ex marido está presente, los ve, pero no está en la rutina, no es el papá que vaya al colegio o al doctor... toda esa pega es mía...”

-Y de casi todas las mamás casadas.
(Se ríe) “Eso te iba a decir: eso es lo habitual en los matrimonios chilenos, pero por último, cuando estás casada, de repente, tienes el auxilio cuando estás sobrepasada, pero en mi caso no estaba. Fue una etapa re complicada, además vivo lejos, en Colina, lo que ha significado hacer mucho trayecto en auto, soy una experta manejando, pero... he tenido mucho apoyo, no puedo decir que he hecho esto sola. Me ayudan mis papás, mis amigas de Colina que me hacen los acarreos, que se los llevan a sus casas cuando no estoy; es una red social razón por la cual me quedé viviendo en Colina. Vivir allá me da soporte emocional”.

-¿Más allá del estrés que te provoca estar tan alejada frente a una urgencia?
“Sí. Además, se sumaron otras razones como que tengo a mis hijos en un colegio Montessori; para mí fue una opción ponerlos en un colegio que desarrollara más que el conocimiento, el tema habilidades sociales, cognitivas, artísticas, deportivas y emocionales. Siempre sentí que mis grandes deficiencias en la inserción en el mundo laboral no tenían que ver con los conocimientos, sino que con habilidades y eso lo encontré en este colegio. Me tiene súper contenta y era difícil sacarlos para venirme a Santiago, porque no encontraba una alternativa equivalente.
“Además, la gente de allá es muy solidaria, acogedora, cuando te ven en una situación difícil en lo laboral te apoyan; he hecho muy buenas amigas en Colina”.

Alejandra asegura que en los últimos años se siente “más aliviada y menos culposa” como para poder juntarse con sus amigos y salir. “Estoy tratando de recuperar mis tiempos, porque en un momento no tenía ni uno; corría a la casa. Ahora, tengo algo que es re valioso y es que, un fin de semana por medio, tengo dos días sólo para mí y he aprendido a disfrutarlos”.

-La cara buena del régimen de visita.
“Claro, pero antes me pasaba que cuando los niños se iban, yo estaba tan cansada que lo único que hacía era quedarme en la casa y dormía o leía, no salía ni a la esquina; entonces, al final, era para mí entre comillas, porque lo único que hacía era recuperarme del resto de los 15 días. Ahora no es tanto el cansancio”.

-Supe que tu hijo mayor, Álvaro, fue actor de la teleserie “Vivir con 10”. ¿No tuviste resquemores que ingresara al mundo de la tele?
“Sí, tuve un poquito al principio. Tenía la ventaja de que conocía al director de la teleserie, que fue él quien lo contactó y me daba bastante confianza. El compromiso fue que iba a estar en un entorno cuidado, protegido, en un mundo de actores profesionales y no de modelos o farándula. Eso me hizo pensar que podía ser menos peligroso, pero además yo estuve al lado”.

-Le rayaste la cancha, ¿te cumplió?
“Más o menos (con una sonrisa). Fue intenso, mucho más de lo que pensaba; fue duro en el cuento del trabajo, uno piensa que es ir un ratito, pero, no; hay un tema con los horarios donde hay muchos espacios perdidos, pero debía estar físicamente, entonces, había día enteros de grabación. El cansancio fue inevitable, así que, claro, el colegio se resintió, sobre todo el comienzo de este año porque no tuvo vacaciones, grabó de octubre a mayo por lo que tuvo una baja de rendimiento.
“Pero él está feliz”.

-¿Lo dejarías repetir la experiencia?
“Sabes lo que pasa, es que él ya me declaró que esto es su vocación, que quiere ser actor y frente a eso ¿qué puedo hacer?”

-Tú lo tienes en un colegio Montessori.
“Claro, tengo que ser consecuente” (y lanza una carcajada).
EL COMENTARISTA OPINA
¿Cómo puedo ser parte del Comentarista Opina?