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“Ayudo a los necesitados para responder por la suerte que he tenido”

16 de Octubre de 2007 | 11:29 |
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Desde que su personaje Nachito Larraín lo lanzó a la fama ha sido ferozmente acosado, toqueteado y besado por las miles de fans que en todo momento lo persiguen y piropean.

Con su poco más de metro sesenta, morena tez y rasgos anchos, es tan o más codiciado que cualquier galán de cine. Anécdotas para ejemplificarlo le sobran. Desde mujeres de todas las edades que le han ofrecido su cuerpo y alma u otras que le han prometido hasta sus propias hijas. Pero lejos de creerse el cuento, Fernando dice que prefiere ocupar su exposición mediática para hacer obras sociales.

De todas formas, la popularidad lo divierte. Cuenta entre risas que hace unas semanas, mientras compartía con unos amigos en el Casino de Viña del Mar, se le acercó una señora de unos 70 años algo pasada de copas, a hablarle. “Yo la vi como una abuelita, tenía pelo blanco y todo, hasta que me empezó a decir Nachito, yo te amo y tienes que darme un beso en la boca ahora. Yo también me había tomado unos tragos y en el fondo me rallan estas cosas así que encontré entretenido darle un beso a una abuela, prefería hacerlo antes que perderme la oportunidad de contarlo. Le di un topón, todos nos reímos y me fui. Pero ella me agarró y me dijo que quería otro, pero con lengua ¡y me lo dio! Tiene su resto de asco pero fue muy gracioso. Después me tuve que ir a esconder para que dejara de perseguirme, jajaja”.

- Debe haber sido fuerte el cambio de ser un perfecto desconocido a ser tan famoso.
“Al principio fue muy raro, me ponía torpe y nervioso con la gente. Es que fue muy rápido, como de una semana para otra todo explotó. Un día fui al supermercado en horario peak y me di cuenta que absolutamente todos los que estaban me miraban y me reconocían. Se me empezaron a caer las cosas que compraba, daba jugo. Ya no lo puedo hacer mucho y salgo tapadísimo”.

- Imposible no creerse el cuento de la fama, ¿no?
“El cuento me lo creo sólo cuando estoy solo, es algo mío. Mis papás me han dado tantos valores y me ha costado llegar donde estoy. No ha sido fácil y sé que esto va a pasar. Cuando estoy solo me digo vas bien, sigue así, tranquilo, ¡chucha que he llegado lejos!. Respeto mucho a la gente y no me gusta vanagloriarme de lo que he logrado ni hablarlo porque no sé si va a caer bien o mal y hay que ser bien respetuoso porque la envidia es muy fuerte”.

- ¿El éxito te ha cambiado?
“No he cambiado en lo absoluto, lo único que ha cambiado en mí es que no tengo tiempo ni para ir al baño y mis cercanos lo saben. Además, tampoco tengo que andar respondiendo a los demás porque tiene que ver mi trabajo, no mi persona. Sigo siendo el mismo, hago las mismas cosas, lo único que me incomoda es no tener tiempo y quizás eso cambie mi persona, mi estado de ánimo, que ande más idiota, irritable.
“Por ejemplo, este 18 salí con mis amigos pero tenía que andar controlándolos porque se podían mandar alguna embarrada y estoy yo metido y los funaría a ellos y a mí”.

- ¿Cómo aterrizaste?
“Me he dedicado a entregarme 100% a la gente a modo de terapia. Me doy el tiempo con cualquiera que me hable o me pida fotos, yo paro y les respondo. Es una forma de devolverle la mano a la vida por la suerte que he tenido. Vengo de una familia muy cristiana, mis papás son muy creyentes y siempre se han dedicado a la acción social; fueron fundadores de la casa de acogida para enfermos de Sida de Iquique”.

-¿Tú también eres tan creyente?
“No soy católico, soy cristiano y rezo a mi forma. Estoy lleno de cábalas pero no soy de rezar todas las noches ni de reglas de alguna Iglesia, el cristianismo no es una Iglesia, para mí es una creencia. Yo creo y dentro de esa creencia cada uno ve cómo la mantiene activa o segura. Mis papás son muy católicos y cuando chico era el que tocaba la pandereta en el coro y todo”.

- ¿Y tu sentido social?
“Sí, apadrino un hogar y a veces voy a los hospitales a ver a los niños con cáncer, sin que nadie me invite, me meto no más. Esa es la forma de no subirme. Prefiero hacer eso antes de irme al Parque Arauco a comprarme ropa. Tiene que ver con mis valores, con mi familia, con lo que he vivido. Nadie me ha regalado nada, lo que he logrado ha sido sin pitutos y sin hacer ninguna cochinada en el camino”.

Más aún, desde hace un tiempo está trabajando a la par con la diputada Marta Isasi para crear una fundación de prevención del suicidio infantil. “Es un tema muy fuerte, porque las generaciones vienen cada vez más agresivas, expuestas, con facilidad de información. Además, con la discriminación, segregación y resentimiento social que existe -y va a seguir existiendo mientras los políticos sigan robando plata- va a seguir existiendo esta agresividad y violencia. También pasa que los chilenos nacemos con la televisión prendida y vivimos de idealismos, entonces el gordito siempre va a ser discriminado”.

-¿Cuál es tu objetivo?
“Con la fundación quiero buscar la sonrisa. Bajarle el perfil a las cosas. Que no todo es tan importante como ellos creen. Que no se hagan tanto cargo de tonteras y disfruten más la niñez. O sea, si hay cabros de 16 años que piensan vender la guagua que están esperando para arreglar el auto, de qué estamos hablando, no es posible”.

-¿Piensas sacarle partido a tu fama para esta obra social?
“Claro, creo que tengo una misión como ejemplo de la juventud por mi rol en la televisión, entonces es una bonita forma de dejar algo plasmado. Eso es lo mejor que tiene la televisión, más que salir con la Kenita Larraín o meterse en el “SQP”. Entonces me afirmo de eso y me tranquiliza”.







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