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Lujuria compulsiva

Tan peligroso como la adicción a las drogas o al alcohol, el sexo puede llegar a provocar los mismos síntomas de dependencia y del síndrome de abstinencia que se desencadenan con las sustancias químicas en el organismo.

14 de Marzo de 2008 | 11:57 |
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Se podría decir, en buen chileno, que es un “picado de la araña”. Pero la verdad no es tan amigable como los simpáticos modismos locales. Hay personas que sufren de una adicción similar a la de los drogadictos y alcohólicos, pero el objeto de su obsesión no es otra cosa que el sexo.

Son aquellos que están en una “búsqueda constante de placer”, según lo que explica el urólogo, sexólogo y presidente de la Sociedad Chilena de Sexología, Antonio Salas.

El doctor asegura que se trata de pacientes, en su mayoría hombres, que “están pensando todo el día en sexo” y condicionan su vida cotidiana, incluyendo sus relaciones familiares y laborales, con el fin de ver realizadas sus fantasías sexuales.

Uso frecuente de la pornografía, promiscuidad, práctica excesiva de la masturbación y el total desentendimiento afectivo a la hora de mantener relaciones sexuales, suelen ser las características de quienes padecen este problema, como lo asegura un informe del equipo de la Mayo Clinic en Estados Unidos.

Aparte de la frustración que se desencadena en la pareja de un sexoadicto, existe la constante amenaza de que ambos contraigan el Sida o enfermedades venéreas, debido a la irresponsabilidad en materia sexual que la patología presenta, como el mantener relaciones esporádicas con personas desconocidas y prostitutas sin ningún tipo de protección.

Demás está decir el daño que provoca en su entorno, como lo puede atestiguar la actriz norteamericana Halle Berry, quien terminó su matrimonio con el cantante Eric Benet, un hombre “horrible” y “adicto al sexo”, como ella lo describió tras la separación.

¿Un depravado o un enfermo?

James Pacenza, un ex empleado de la compañía IBM, demandó por cinco millones de dólares a sus antiguos empleadores, por haberlo despedido de su trabajo debido a sus constantes visitas a chats eróticos en horario laboral.

Según los abogados del hombre, su cliente sufre de adicción al sexo, por lo que la empresa debería haberlo derivado a un tratamiento, con la misma comprensión que se habría hecho con un drogadicto o alcohólico, en vez de dejarlo cesante.

Gane quien gane el juicio, este es un claro ejemplo de lo que este comportamiento sexual compulsivo puede acarrear.

Quienes sufren de esta patología, dependen del sexo al extremo de padecer del síndrome de abstinencia cuando se ven privados de su adicción. Los temblores involuntarios, náuseas y vómitos se presentan de igual forma como le podría suceder a un sujeto que consume habitualmente drogas y que no ha podido injerir su dosis.

El doctor Salas corrobora esta situación e incluye un agravante aún mayor: el sexoadicto “puede llegar a ponerse violento a tal punto de agredir, violar o incluso matar”, para obtener placer sexual.

La voz de alarma la suele dar la pareja o la familia del afectado que, cansada de su comportamiento, le pide que vaya a un especialista, asegura el sexólogo, quien explica que la recuperación del paciente es muy complicada en el actual entorno en el que nos movemos: uno lleno de imágenes de connotación erótica, como sucede con la publicidad del mercado, que significan dolorosas tentaciones para un sexoadicto.

Para su recuperación se sigue una terapia, que busca la raíz del “vacío existencial” que provocan la inseguridad y la eterna insatisfacción sexual del paciente. “Las parejas de estas personas deben ayudar a buscar un equilibrio en su apetito sexual”, dice Salas, quien ejemplifica la situación con la frase: “Si tú quieres veinte y yo quiero diez, quedemos en quince”. Simple.