Una mamá cuyo panorama familiar es ir de museo

06 de Agosto de 2008 | 15:56 |
María José Bunster aterrizó en la fundación el 2002, un año después de que se inaugurara el MAVI. Su formación la ligaba completamente al mundo de las artes pues estudió licenciatura en historia del arte y teoría del arte en la Universidad de Chile.

-¿Querías ser artista o crítica?
“Pensar en ser directora de un museo era una utopía, pero me encantaba la idea, debo confesarlo. Me gustaba el tema de la historia del arte como herramienta para entender al ser humano, su tiempo, de lo qué pasa con la vida. Lo que hacen los artistas refleja lo que pasa en el mundo, develan lo que ven”.

-Pero pintas en tu casa.
“Ser artista es una de las cosas más difíciles de la vida y pensar en serlo me da terror. Si uno va a serlo tiene que ser el mejor, es lo que pienso (se ríe). Lo que hago es absolutamente privado, no muestro ni una cosa. También me gusta escribir”.

-¿Por qué derivaste a la gestión? ¿Escribiste alguna vez una crítica?
“Nunca (y se larga a reír), cuando salí de la universidad creía que me iban a llover las pegas como crítico de arte y nada. Ahí empecé a trabajar como productora”.

-¿Y por qué?
“Porque a través de la gestión te vas acercando y entendiendo como se hacen las cosas. Es sumamente importante contar con gestores y por eso, aplaudo que exista la carrera y el diplomado donde se entregan las herramientas para dar los pasos. Yo en cambio, me arroje”.

-¿Fue más duro?
“Lo fue, pero también fue súper interesante. Empecé a organizar eventos que me llevaron al Centro Cultural para Jóvenes Balmaceda 1215 en 1992. Fue una experiencia notable y una casualidad como me topé con este proyecto que estaba empezando y a donde llegué presentando mi currículo. Se inventaron cosas como “Cuenta tu vida, tu vida cuenta” y eso me dio hambre”.

Desde ahí, el entonces alcalde Jaime Ravinet la reclutó para el departamento de RR.PP. de la municipalidad, lo que implicó un giro y un nuevo aprendizaje, justo en el momento en que se generaba un quiebre en su vida personal. “Esa experiencia, que duró 8 años, me sirvió muchísimo y se trabajó mucho en las calles”, asegura.

Hoy, a los 44 años y casada en segundas nupcias, forma con su actual marido la típica familia de ‘los tuyos, los míos y la nuestra’, los que suman cinco. Sus dos hijos mayores tienen 18 y 16 y la pequeña, de sólo 5 años.

-¿Cómo fue esta maternidad tan separada?
“Ha sido maravilloso, espectacular. Reconozco que los dos mayores sufrieron a la mamá ausente o más ausente que la chica, porque nunca he dejado de trabajar. Con la última lo enfrenté de otra manera, más madura, más relajada. La Clara fluye, en cambio, con los dos primeros fui más aprensiva, cometí más errores, ellos sufrieron el proceso de separación lo que no es fácil. La primera maternidad fue más dura, pero mis tres hijos son lo máximo, todo en mi vida”.

-Supongo que el panorama familiar es ir de museos.
(Se larga a reír) “Sí, (y prolonga la carcajada). La Clara se conoce todos los museos porque yo tengo que hacer la tarea, ir a mirar en galerías y museos, las muestras. Arrastro a todos los otros, pero es que no puedo hacer otro panorama; no tengo tiempo para hacerlo en la semana”.
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