¿Cuando ir a terapia?

Se dice que la mayoría de las parejas van a terapia sólo cuando es la alternativa al divorcio, dejando pasar años de malos tratos y sufrimientos no entendidos. Es por esto que la terapeuta de parejas Marcela Marín sostiene que “es necesario entenderla como un lugar de conversación y de solución de problemas”.

07 de Abril de 2009 | 11:25 |
Si bien cerca del 85% de las parejas que consultan una terapia para mejorar su relación dice haber quedado muy conforme y que, además estas prácticas son cada vez más comunes, lo cierto es que, en muchas ocasiones, la ayuda llega demasiado tarde, provocando un daño que puede ser evitable.

Tal como señala la psicóloga y terapeuta de parejas Marcela Marín, estas terapias no son más que un “espacio neutral, no amenazante en el que se pueden conversar los problemas y diferencias del matrimonio” y es así como debe ser considerado. Agrega que, muchas veces, la rutina, la presencia de los niños y el miedo a hablar algo que pudiese molestar a la pareja hacen que en el diario vivir estos temas no puedan ser apropiadamente abordados, por lo que estas instancias se convierten en una excelente opción.

Es así como el especialista se posiciona como un “mediador”, como la persona que ayudará a la pareja a ir saliendo del centro del problema y poder ver el conflicto “de manera global, con calma tomar distancia, observarlo desde afuera y ser capaz de entrar otra vez, pero esta vez con la solución”, dice la terapeuta.

Usted no lo haga

Es cierto que muchos matrimonios deciden ayudarse con terapias de pareja cuando ya la convivencia se ha hecho tan insoportable que la separación es inminente, pero éstas son las situaciones que los especialistas buscan evitar.

En estos casos, explica Marín, el daño es mayor, ya que la forma en que se actúa en estos tratamientos es “reparando el daño hecho. El agredido debe decidir qué recibirá como retribución y el agresor, qué está dispuesto a dar, pero cuando el daño es muy profundo, cuesta mucho llegar a un consenso, por lo que el trabajo es más intenso”.

Incluso, admite que “hay muchos matrimonios que utilizan la terapia como excusa para separarse, es decir, con la idea de preparar al otro para lo que viene”.

Agrega Marín que frente a situaciones como esta el terapeuta también puede ayudar a trabajar la separación. “Cuando un integrante de una pareja no quiere hacer nada por mejorar la relación, el rol del terapeuta es ayudar a la separación, porque no hay intención de ser pareja”.

Dice que hay matrimonios que han pasado muchos años peleando, funcionan mal por tanto tiempo, que ya están habituados a los malos tratos. Al final llegan a terapia, pero por motivos distintos. “La razón pueden ser enfermedades, adicciones o depresiones. Ahí empiezan a darse cuenta de que el fondo del problema es otro”, además sentencia que “esto es más difícil porque hay una pauta relacional que es mala, dañina y ya está implantada en el sistema”.

Lo que se necesita para una buena terapia

Según comenta la psicóloga y magíster en terapia familiar, Katusa Nishihara, lo primordial para iniciar un proyecto como este, de componer una relación resentida es que “haya consenso en los objetivos que se persiguen y motivación para trabajarlos”. En este punto coincide Marín, ya que señala que “no se gana nada con que uno venga obligado, ambos deben estar de acuerdo en que esta es la mejor opción para los dos”.

Además Nishihara agrega que deben prepararse con una alta “tolerancia a la frustración, ya que es un camino que no está excento de retrocesos ni tropiezos”. Como segunda recomendación, la especialista dice que es necesario “abrirse a la experiencia que significa la terapia de parejas, no como un proceso que no debe ser orientado a cambiar al otro o a sí mismo, sino que a enfrentar juntos las mismas situaciones”.

“La gente acude tarde a terapia porque cree que es omnipotente y que puede salir solo de los problemas”, señala Marcela Marín. Pero, agrega, que sin hacer algo por revertir la situación “el gran conflicto se da cuando las peleas se convierten en la forma normal de comunicarse y relacionarse”.

Es por esto que recomienda consultar “cuando se siente que hay algo que no lo está haciendo feliz y que no puede solucionarlo solo”. Lo peor que se puede hacer es esperar hasta que se empiecen a distanciar, a perder los espacios de intimidad, porque es en estos casos “en los que llegan personas muy dolidas, con años de pasarlo pésimo”.

No obstante, no todo está perdido, como sostiene Ricardo Cariaga, psicólogo y especialista en parejas, “en cualquier momento que la gente acuda a terapia está bien, la mayoría de las veces lo hacen para solucionar problemas difíciles de abordar, pero lo importante es que salen del taller o de las sesiones diciendo, ‘si hubiésemos sabido todo esto no habríamos llegado donde llegamos’”, porque, como agrega, “a nadie le enseñan c omo vivir en pareja”.

Es por esto que el profesional recomienda la autoevaluación, reconocer por sí mismos si es que algo anda mal y por qué sucede. Recomienda para estos efectos, ayudarse por medio de simples tests que no quitan mucho tiempo, pero pueden dar señales de por dónde está el camino.

Finalmente, no todo está perdido, ya que, como señala Katusa Nishihara, “lo tarde u oportuno que se acuda a una terapia va a estar dado por el nivel de interés que tenga la pareja en mejorar su relación”.




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