Donde la vida estricta pasa a segundo plano

08 de Abril de 2009 | 08:20 |
“Cuando llegué a Chile era un bicho raro. Tenía 11 años y me gustaban los Doors; me creía Jim Morrison, pero mis compañeros jugaban a los Power Rangers”.

El cambio fue brusco para Gonzalo. Llegó hace 13 años a vivir a este lado del cono sur, con todo lo que eso conlleva: la lejanía con los seres queridos, entre ellos su padre músico, con los amigos, con esos rincones que pasan a ser parte de uno, y claro, los amores.

“El departamento de mi madre quedaba exactamente arriba de la tienda de música de sus abuelos. ‘El Palacio de la música’, se llamaba. Yo bajaba y -como aparte era el chiquito, el nieto del dueño- prendía la guitarra y nadie me decía nada; sacaba discos, me los llevaba para la casa y los escuchaba. Me acuerdo de los vinilos de los Beatles que me conseguía en las bodegas... Toda mi infancia en Uruguay fue bastante agradable, pero también tuve problemas como todos. Me cambiaron a un colegio público, y ahí me gustaba una niña que se llamaba Yuyito. Le gustaba a todos. Me acuerdo que mi primer beso se lo di a ella en la puerta del colegio. No sé si fue por carta, pero habíamos quedado en que nos íbamos a dar un beso a la salida. Yo estaba re nervioso y me acuerdo que le pregunté el día anterior a mi madre que cómo se daban los besos con lengua”.

-¿Y qué te dijo?
“No sé. Yo creo que preferí eliminarlo de mi sistema... Es que es terrible que tu madre te lo diga”.

Famoso de pequeño, se agarró la antipatía de algunos compañeros no sólo por darle un beso a la niña más admirada del colegio, sino que también por atraer algunas colegialas que de vez en cuando esperaban, al terminar las clases, al niño de la tele.

-¿Tuviste un programa de televisión allá?
“Sí, varios. El esposo de mi madre, con el que nos vinimos a vivir acá, tenía varios programas de radio, una revista y dos programa de televisión; uno era “Control remoto” que era de videoclips y el otro se llamaba “Ruta 66”, que era en el que yo aparecía.Yo era el niño que se entrometía en el programa porque quería tocar música con los invitados. Terminé tocando con Ian Anderson (Jethro Tull) y blues con Papo. En una situación similar, en Buenos Aires, estuve con Duff McKagan y Slash (Guns n’ Roses) y con Roxette. Tenía como 7 años. Después, simultáneamente a ese programa, empecé a hacer uno de videoclips para una cadena de McDonald’s. Estaba bacán porque comía McDonald’s gratis. Ese era el mayor beneficio”.

-¿Odiaste haber llegado a Chile?
“Claro, en ese momento es lo peor que te puede pasar. Te sacan de tu lugar, de tu gente y, obviamente, lo que tenés es un sentimiento de odio. Pero también pasa porque era chico y porque me enfrenté con una situación que no elegí... Después, con el tiempo, terminé conociendo gente que tenía que ver algo conmigo y armé mi banda.
“Yo tuve una vida diferente a la del resto de mis compañeros. Siempre fui de emociones, de cosas que realmente me gusta hacer, como la música, que genera situaciones con amigos, tocando y compartiendo cosas mucho más profundas, donde los horarios no importan demasiado. Digamos que la vida estricta pasa a segundo plano”.

-¿Te pasaba eso con tu papá?
“Claro, sobre todo por el lado de la familia de mi padre; él músico, la esposa músico, los amigos músicos... Me encantaba ir donde él a quedarme en su casa, porque estaba despierto hasta las 7 de la mañana, tomando mate o wisky, fumando porro... Yo era chico, pero era un ambiente demasiado increíble. Creo que esa etapa de mi crianza se convirtió en una parte de mi vida que no me gustaría perder. Tenía 10 años, era bien chico”.

-¿Y a los 10 años fumabas porro?
“No, el resto fumaba, los amigos de mi viejo, los “tíos”. Yo era chico y ellos eran recontra hippies. Era músicos de la generación de finales del 60; tenían una cabeza muy hippie, todos militantes del partido comunista y con una mentalidad de seamos felices por sobre todo. Si no hay para comer, hacemos un arroz y lo vamos a pasar bien si estamos todos. Y para mí estaba buenísimo eso”.

-¿Hoy vives así?
“Sí. Obviamente que a veces me doy cuenta que vivir así siempre no es tan fácil, porque hay situaciones que se pueden complicar. Pienso que ahora puedo vivir así porque no tengo un hijo, una mujer. Pero en el momento en que ya aparecen esas responsabilidades que uno toma, es diferente”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Tengo varios. Soy un enfermo del Playstation; me cuelgo y soy como un niño de 5 años. Ahí juego al fútbol, me gusta jugar solo al “Winning Eleven”; me encierro, tranco las puertas y juego. Cuático. Qué más... Tengo una cuestión que es una idiotez, que los domingos son días que no podés venir a mi casa, porque es día de fútbol. Veo todos los partidos”.

-¿Sigues algún equipo en especial?
“Me gusta el Atlético de Madrid porque ahí juega un uruguayo, (Diego) Forlán. Ese es mi verdadero vicio, ver los partidos de fútbol donde jueguen uruguayos. En el fútbol es donde yo saco el nacionalismo absoluto, saco el uruguayo a muerte. Juega la selección y no hablo con nadie porque me pongo muy nervioso, quedo afónico. Es que cuando uno sale de su país, la bandera agarra una fuerza mayor. Idealizás todo y casi que crees que es el lugar perfecto. Así que al fútbol lo llevo a esa parte enfermiza”.
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