Rehabitar la propia vida

Dos mujeres recorren en su libro “La separación. Una experiencia con sentido”, las diferentes etapas de esta crisis y proponen vivirla, preguntándose menos “por qué”, sino que “para qué” sucedió.

15 de Mayo de 2009 | 08:54 |
“Una noche, un 11 de septiembre, todavía de protesta, en un arranque de autoprotección no muy clara, hice una maleta con cosas básicas y dejé mi hogar (...) Mientras avanzaba en el auto sentía que allá atrás quedaba todo lo que yo amaba, mis hijitos dormidos inocentes, mis pertenencias y recuerdos, mis mascotas, mi jazmín recién florecido en el jardín, cosas simples y mis mayores amores”.

Este es uno de los testimonios recopilados en el libro “La Separación. Una experiencia de vida con sentido” (Editorial Planeta), en el que sus dos autoras, la psicóloga Deborah Levit y la trabajadora social y terapeuta Sara Llona invitan a vivir esta dolorosa experiencia como “un proceso de aprendizaje”.

Con 15 años trabajando con separados y con parejas en pleno proceso de quiebre, en mediación familiar, -además de la propia experiencia (ambas son separadas)- contaban con muchas historias recopiladas que las motivaron para escribir un texto dirigido a los protagonistas de la crisis y a los que los rodean, amigos, hijos y el resto de la familia.

En sus seis capítulos, recorren las distintas etapas de la separación, desde que aparecen los primeros indicios del deterioro de la pareja, hasta la reconstrucción de la vida amorosa, pero siempre con la mirada puesta en que este proceso puede y debe vivirse “desde el crecimiento tanto personal como de los otros, desde el amor y la responsabilidad”.

“No decimos que sea bueno que ocurra una separación, pero es algo que sucede y que muchos lo viven. Y esto tiene un sentido, pasa por algo”, explica Levit a PuntoMujer.

-¿Cuál es el sentido que podemos encontrar en un momento tan doloroso como este?
“Transformar el proceso de separación en una posibilidad de volver a conocerse a sí mismo, porque en la medida en que te conoces y tienes tus propios aprendizajes y límites, es que puedes estar con otra persona o solo; enfatizamos harto este tema en el libro, porque la sociedad está acostumbrada a ver todo en pareja y si hay a un hombre o a una mujer solos, lo encuentran raro, creen que no han superado el proceso de separación, pero la soledad también es una opción”.

-En el texto hablan que el tema no pasa, necesariamente, por rehacer la vida con otro, sino que de “rehabitar” la propia, para luego compartirla o no. ¿A qué se refieren?
“Rehabitar la vida es volver a conocerse en soledad, encontrarte, quererte. Tienes que volver a hacerte cargo de ti mismo, solo, en todas las áreas de tu vida, en qué te gusta, en qué no te gusta, en probar cosas desconocidas y así ir descartando lo que no quieres, y lo que no quieres tener nunca más en tu vida”.

-El perdón, a la pareja y a sí mismo, aparece como fundamental en el proceso. ¿Es algo factible?
“Es un proceso súper difícil, no es de la noche a la mañana, pero nosotras invitamos a que primero, si se tomó la decisión de separarse, hay que hacerse cargo, hacerse responsable y asumirla, no andar con cosas a medias, con comunicaciones poco claras. Es algo súper personal. También apuntamos a la importancia que se debe tener con la protección de los hijos en todo esto”.

-Me hago cargo de la decisión, pero ¿qué pasa con el sufrimiento que le estoy causando a mis hijos, a mi familia, a mi pareja, a mí mismo? ¿Es posible ahí auto perdonarse?
“Es un proceso que dura años. En general, no hay hombre ni mujer que viva livianamente esto. Al final, no es que se superen las cosas, conviven con ellas. La mayoría de los que nos separamos, vivimos con una heridita un poco abierta que tiene que ver con la culpa, más que de no haber podido mantener un proyecto de pareja, de no lograr mantener un proyecto de familia para nuestros hijos”.

-¿Y qué pasa con el que no se quería separar, cómo logra hacerse cargo del cambio no deseado?
“Les va a costar mucho encontrarle un sentido al proceso. El punto aquí pasa por invitarlos a que con el tiempo, procesado el dolor, comprendidas ciertas falencias del otro y las propias, -de la relación propiamente tal, de la historia, de cómo se originó esa pareja-, se pueda crear o inventar, algún sentido”.

-¿Cómo inventar?
“El sentido no aparece mágicamente. En esta sociedad, un hombre de 40 años, exitoso, atractivo, al que su mujer lo abandona por otro, se muere. Pero, ¿qué hace además de aferrarse al trabajo? Él necesita ayuda y debe construirse un sentido; por algo, o para algo le ocurrió esto. Más que buscar el por qué, debe mirar el para qué. Así, él se verá, se cuestionará y construirá su propio sentido”.

“Es necesario intentar volver a creer, a querer amar a otro”, dice el texto. Lo cierto es que tras el trauma de una separación, en la que se sufre la pérdida no sólo de la pareja, de la estructura familiar, sino que también de los proyectos y de la confianza en sí mismo, aparece el miedo, que “protege porque nos ayuda a ser más cuidadosos para no volver a sufrir un fracaso (...) Surgen preguntas como: ¿nos querrán?, ¿seremos capaces de querer?, ¿complaceremos al otro?, ¿nos complacerán?, ¿dañaremos, nos dañarán, abandonaremos, nos abandonarán? Será necesario que pase el tiempo para poder ir distinguiendo lo imprescindible de lo accesorio, lo que realmente se valora en una relación de a dos”.

-¿Qué cosas son las imprescindibles?
“Ahí volvemos al tema de conocerse uno, de rehabitarse. En la medida en que uno se conoce muy bien, se rehabita, sabe qué se quiere y qué no. Entonces, se está más dispuesto a saber cuándo, cómo y en qué momento o situación sí se quiere ceder, y no es tan importante estar en gallito o en escaladas de competencia, de poder. Y así, finalmente, estar con el otro porque hay amor, porque lo amas y te ama”.
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