Ni rockstar ni artesa

El vocalista de Teleradio Donoso no quiere que le pregunten más por qué su grupo tiene ese nombre, así que inventa una historia al respecto, y aprovecha de criticar los estereotipos típicos de un músico, los del reventado glamoroso y del bohemio con su guitarra al hombro.

20 de Agosto de 2009 | 09:09 |
Sentado en la mecedora, en el antejardín de los estudios Triana, Álex Anwandter, el vocalista y compositor de Teleradio Donoso, explica su interés por un tipo de música que, más que estar hecha para impresionar con arreglos complejos, simplemente da placer con sus sonidos precisos.

Un gusto musical que se puede ver reflejado, incluso, en su forma de hablar; sin muchas palabras que sobren, lo justo y necesario, a veces adornado con ironía y varias risas.

Ha estado toda la semana en entrevistas, hablando, entre otras cosas, del concierto que su banda presentará este 20 de junio en el Teatro Oriente, donde cerrarán la promoción de su segundo disco, “Bailar y Llorar”, que ha alcanzado prácticamente el mismo éxito que su primer álbum “Gran Santiago”, el que le valió las mejores críticas a este grupo revelación del 2007.

Dice que le aburre que sigan preguntando que por qué Teleradio Donoso se llama así. “Es como si te preguntaran por qué te llamas como te llamas”, alega. Pero por ahí contó que no fue más que la unión de su apellido materno con “teleradio”, palabra que, simplemente, se le ocurrió.

Alto y delgado, generalmente de lentes, su estampa ya puede verse en los afiches de una marca de ropa, junto a su grupo y a otras bandas nacionales, luciendo los últimos modelitos de la temporada. Y si bien hoy no anda tan temporada otoño-invierno 2009, se agradece. Parece ser más él, un músico que no es rockstar ni artesa, dos conceptos que le aburren.

Mientras la tarde avanza afuera de los estudios, rebobina sus recuerdos para situarse mucho antes de que su grupo saltara a la fama, antes de que se encerrara en su pieza a desglosar los arreglos de Abba en su adolescencia y que The Beach Boys y los Beatles aparecieran en su vida.

Situado en sus seis años de edad, cuando prefería andar tocando violín que jugando al “hoyito patada” con sus compañeros, destaca el trabajo de su primera profesora de música, “la mejor motivadora de la historia del universo”. Tanto así, que aumentaba el número de alumnos a medida que pasaban los meses, por más que aún los tuviera ensayando posturas con una caja de detergente, en vez de un instrumento. Caja que, por cierto, Álex todavía guarda.

Siendo generalmente el número estelar del grupo de niños violinistas del Santiago College, se notaba un niño especial, pero aclara: “No es que lloraba tocando el violín o que tenía una mamá que me vestía de marinero, nada traumático”. Tenía amigos y se divertía, sólo que no le caían bien muchas personas de su generación, por decirlo de alguna forma.

-Da la impresión de que eras algo tímido.
“Sí, soy más o menos tímido todavía. No en el escenario, claro, porque ahí es otro contexto. Además crecí tocando violín y para mí es súper natural estar en el escenario. En el colegio, rápidamente fui el más avanzado, así que siempre terminaba yo solo, como con el número estelar de los niños de violín. Ahí estaba yo”.

-Pero enfrentarse sin un instrumento es un gran cambio.
“Por supuesto. Te estás enfrentando al equivalente de gente que quiere hacer hoyito patada adultamente, algo así. Es más shock”.

-¿Te acuerdas de la primera canción que compusiste?
“Sí, como a los 19 años (ríe)”.

-¿De qué te ríes?
“De que eran malas, súper malas. Las letras pésimas. Cuando uno es más adolescente se cree más dueño de la verdad, así que eran pretenciosas y la música sobreproducida. Eran muchas ideas, muy cuático, como unas sinfonías flaite. Pero jamás se las voy a mostrar a alguien”.

-Dicen que eres medio perfeccionista…
“Sí. No sé porqué me da la sensación de que está un poco mal visto eso”.

-Porque se puede confundir con obsesión.
“Sí, pero es súper distinto. Perfeccionista es intentar hacer algo lo mejor posible y obsesión es no poder abandonar eso, no poder dejar de pensar en eso”.

-Ya, pero cuando estabas en la pre producción de “Bailar y llorar” tuviste hasta ahogos por tanto trabajo, porque no te ibas del estudio y te quedabas solo en la noche para seguir trabajando...
“Si poh (se ríe). Es verdad. Estuve muy mal de salud, básicamente, por dos cosas muy sencillas: dormir mal y poco, y comer muy mal y a deshoras. Así que niños y niñas, aliméntense bien y duerman. En serio”.

-¿Ese ha sido el costo de ser perfeccionista?
“Me encanta estar en el estudio trabajando. Para mí, pasar un domingo entero en el estudio, trabajando hasta las 5 de la mañana, es bacán. Pero de ahí me doy cuenta que -si hago eso tres o cuatro días seguidos- no he visto a nadie ni lo he pasado bien en otros sentidos, que igual es tanto o más importante. Ese es el costo”.

-¿Eso es lo que más descuidas en esos momentos? ¿No es que un día te miras las manos y ves que tienes las uñas de metro y medio?
“(Se ríe) No, qué horror. La higiene siempre ante todo. Hay que mantenerse digno siempre. Una vez leí algo que me impresionó harto, que Jarvis Cocker dijo que siempre andaba súper elegante porque no sabía con quién se iba a encontrar en la calle. Me pareció interesante”.

-¿Sigues su ejemplo?
“No, pero tampoco voy a comprar pan en buzo”.

-¿Cuál ha sido el principal cambio que ha traído a tu vida el hecho de que tu banda suene más en la radio, que salgas en la tele, que vaya más gente a tus conciertos?
“Ese es un tema. Es la falta de anonimato, pero no el sentido de que algún fan te salude o gente te dé jugo. Eso está bien, porque son cariñosos y es parte del trabajo. Pero hay una cosa, que es que me cuesta conocer gente que no me conoce de antemano. Siempre es como hola, cómo te llamas, y no me preguntan de vuelta. No me preguntan qué hago, nada, como si ya tuvieran una idea. Eso lo encuentro un poco injusto, porque no me da la posibilidad de presentarme y empezar de cero con alguien. Es una lata.

-¿Tiene que ver esto con que no salgas en buzo a comprar pan?
“No. Me gusta la ropa, me gusta andar vestido bien. La ropa me encanta, pero me cuesta encontrar una que me quede bien. En la ropa usada no tienen muchas cosas europeas, son más gringas, así que las tallas L, que son para mi altura, son como para obesos mórbidos”.

-Siempre hablas de un personaje que tiene vida propia, que compone y al que las niñas le gritan cuando está en el escenario. ¿Es una especie de alter ego tuyo?
“No. Es mentira. Igual yo miento harto en las entrevistas. Sí hay un personaje, en el sentido de que a veces creen que yo no tengo más sentimientos de los que hablo en mi música, o que no lavo la loza, que no voy a comprar pan. Pero no es un personaje en la medida en que no es falso. Siempre que estoy haciendo algo absurdamente cotidiano o poco glamoroso, me acuerdo de las niñas gritando… Cuando estoy con guantes de hule arreglando el lavadero, el personaje no existe”.
-¿Te han acosado?
“Sí”.

-¿Qué tanto?
“No violación, pero harto”.

-¿Con toda la carne a la parrilla?
“Sí, pero es súper choqueante para mí. No me resulta atractivo en absoluto. Es como si me forzaran a rechazar a alguien, así que se transforma en algo desagradable. Tener que decirle ‘no, chao’ a una mina o a un mino -porque me ha pasado también- que te dice casi que ‘¿se te ofrece?’, es raro. No me parece algo de lo que haya que jactarse. Andar rechazando a la gente no es bacán”.

-¿Te das lujos de rockstar? ¿Fiestas llenas de minas, terminar en la tina con una botella en la mano?
“O sea, sí, he estado en todas esas situaciones (ríe), pero lo de rockstar siempre me ha parecido súper ridículo, sencillamente, porque es un cliché. La onda de ‘nena, ven acá’ me parece ridículo, es como no cachar y estar fuera de lugar. Creo que lo que hay de música en Chile no tiene tanto dinero y glamour como para andar dándoselas de algo”.

-Será por eso que lo más común es ver al músico artesa.
“También me carga. Los dos me parecen cosas facilistas, típicas. Me aburren y me dan risa. Así que ando mal con todo el mundo (se ríe)”.

-¿Al final, no te voy a poder preguntar por qué el grupo se llamaba Teleradio Donoso?
“(Se ríe) No. No te voy a decir nada o voy a inventar algo”.

-Ya, inventa algo.
“(Se ríe y piensa en una buena historia) Yo tengo un refrigerador que hace mucho, mucho, mucho ruido. Y estaba buscando un nombre para el grupo y empecé a escuchar que el refrigerador decía ‘radio, radio, radio, radio, tele, tele, tele, tele, radio, radio, radio’… Así fue”.

-¿Cuál es tu vicio privado? Algo, ojalá, legal.
“Es algo súper fome, el jugo de naranja en la mañana. No puedo despertarme sin tomar un jugo de naranja de verdad y exprimido con mis propias manos”.

-¿Y si no te lo tomas andas de mal humor?
“No, no pasa nada”.

-Ah, entonces no es vicio. ¿No coleccionas algo?
“Pelusas, loza sin lavar (sonríe)... Igual ropa, me gusta mucho. Tengo hartas camisas. Pero me aburro rápido y siempre tengo la sensación de que no tengo. Es bien femenino mi vicio, pero necesito harta ropa para tocar en vivo. No puedo andar siempre con lo mismo, sino parecería uniforme”.
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