“Es violento, como señal, decir que el ser vivo que me molesta lo extermino”

La directora de ProAnimal es enfática: no porque los delitos contra los niños están sancionados en forma débil se deben eliminar las penas del maltrato animal; eso sería nivelar para abajo. Agrega que el ministerio de Salud se equivoca si sigue el camino de la eutanasia de animales.

20 de Enero de 2010 | 08:53 |
Las peleas de gallo y las corridas de toro estaban, antes de la nueva ley de Protección Animal, expresamente prohibidas en la legislación chilena, pero el rodeo no. De ahí que no pocos se pregunten qué va a pasar con esta tradición, para unos, deporte, para otros, considerando las restricciones de la norma vigente desde comienzo de octubre.

El delito de maltrato animal también era sancionado con hasta 541 días de cárcel, pero a partir de ahora, la pena puede llegar a los 3 años. Y de ahí que muchos hayan levantado la voz para criticar este absurdo si se considera que el maltrato infantil, en algunos casos, no alcanza esa pena.

Patricia Cocas, directora de la ONG ProAnimal, sabe de estas polémicas y de muchas otras. De hecho, en estos días se ha empecinado en evitar que el Senado incorpore una norma que permita al Servicio de Salud controlar las jaurías de perros vagos que se ven en algunas ciudades, a través de su eutanasia o exterminio.

De personalidad decidida y con una agenda sobrecargada –cuesta concertar una cita con ella-, tampoco tiene temor de expresar sus críticas contra los parlamentarios que legislan, según ella, sin conocimiento y sólo buscando dejar su nombre inscrito en la moción.

Patricia asegura que los chilenos tenemos una suerte de doble estándar en nuestra relación con los animales, porque con los animales de compañía, ésta es más bien intensa y todos se declaran ‘querendones’ de las mascotas. Pero por otra, tenemos cero conciencia del sufrimiento que experimentan los animales en lugares de reproducción –chancheras, por ejemplo-, o en deportes o entretención.

“Nadie se pregunta qué hay detrás de lo que come, aún cuando, gracias a los tratados internacionales, Chile ha debido incorporar normativas relativas a bienestar animal en lugares de producción”, dice. O sea, estos cambios no han sido culturales, sino que por imposición foránea.

-A partir de lo que dices, ¿explícame por qué tenemos, entonces, tantos perros vagos?
“Es uno de los paradigmas. Además, es un mito, porque la mayoría de los perros vagos no son abandonados, son perros que tienen un dueño, pero callejean todo el día porque se les deja libres. Aproximadamente el 80% de los perros en las calles tiene esa condición, y los realmente abandonados son el resto”.

-¿Has registrado un cambio en nuestro comportamiento?
“Sí, absolutamente. En general, les tenemos simpatía a los animales, pero nos falta educación y una guía sobre cómo actuar. Hace 6 años, la gente no tenía idea de que existía este delito de maltrato y las instituciones tampoco se hacían cargo; hoy nos llaman hasta las fiscalías para hacer denuncias”.

El maltrato animal estaba, hasta antes de las normas recién promulgadas, sancionado en el Código Penal desde 1884, siendo modificado en 1989, oportunidad en que se establecieron los 541 días de cárcel. Cuando algunos parlamentarios intentaron despenalizarlo, ProAnimal entregó una serie de fallos para demostrar que ello no era así y que había sido aplicado.

-¿Qué debemos entender ahora como maltrato?
“Maltrato es todo lo que pueda ser considerado crueldad, no quedó limitado, lo que permite que la jurisprudencia lo vaya determinando. Existe el maltrato activo como es quemar animales vivos, o el maltrato pasivo que es cuando se encadena un animal y se le deja sin alimentación. Todo tiene que ser evaluado caso a caso”.

-¿Y qué va a pasar con el rodeo?
“Hace un par de semanas estuve en la VI Región, en una medialuna, investigando al igual como lo hicimos con circos y, evidentemente, que ahí se producen muchas situaciones de maltrato donde se golpea a los animales. Estos se asustan y los patean para que salgan al ruedo. A diferencia de las riñas de gallo, nunca ha estado expresamente prohibido”.

-Ustedes se oponen al exterminio.¿Controlar una plaga de ratones, no es lo mismo?
“Sí, podríamos estar hablando perfectamente de exterminio, pero creo que esto ha ido evolucionando. En un país oriental se están aplicando ciertas hierbas para impedir la reproducción del ratón sin exterminarlo y ese puede ser un camino. Tal vez, ahora nos parece extremo estar en contra de ciertos métodos, pero hace 50 años se hacían cosas que hoy nos parecen inconcebibles, como quemar perros vivos para controlar la rabia. La sociedad va cambiando rápidamente y no sólo con los animales. Antaño tuvimos esclavos”.

-¿No crees que se está siendo muy papista? Algunos hacen ver que la legislación que se está dictando es más severa que, incluso, el maltrato infantil que no tiene sanción si se trata de un ajeno a la familia y no produzca lesión o muerte.
“Este tema fue ampliamente discutido, e incluso el ministro Viera-Gallo planteó mandar un veto para eliminar la sanción en consideración de lo que ocurre en el maltrato infantil, pero esto no es tan así. Hay casos que tienen penas calificadas mucho más altas.
“Me parece inconcebible que se pretenda nivelar hacia abajo; si ciertos delitos con niños están sancionados de manera débil –algo con lo que no estoy de acuerdo- ello no puede dar pie para que para nivelar se baje la pena del maltrato animal y queden todos felices.
“Eso me parece la mediocridad en persona, es una estupidez. Si las agresiones contra los niños están sancionadas de manera débil, lo que corresponde es mejorar el sistema. Aquí el tema es avanzar”.

-Están legislando una ley sobre Tenencia Responsable de Animales Peligrosos y se excluyó la lista de ellos. ¿De qué sirve?
“Eso es lo que pasa cuando se hacen las cosas mal. La Cámara aprobó un proyecto, pero el Senado lo archivó y redactó otro. Y es en ese, donde se quiere establecer la indicación que quiere autorizar al ministerio de Salud para hacer exterminio.
“El proyecto original establecía que el dueño de un animal peligroso acreditara salud mental, adquiriera un seguro y le diera adiestramiento. Pero no continuaron su tramitación, o sea, todo lo dejaron en nada.
“Hay países donde ciertas razas no están permitidas, ni su importación ni su cría, y por eso hay que fiscalizar a los criadores que venden sin control. Aunque no estamos por estigmatizar ciertas razas, es cierto que existen algunas que hay que controlar”.

-¿Y qué sanciones se deben poner al dueño de un perro que ataca a un niño?
“Se aplicaban sanciones, pero algunas eran más altas que el homicidio, lo que es un absurdo. Hoy, el Código Penal contempla las penas para el ataque de animales feroces, donde una modificación incluyó a los perros y eso se está aplicando, de modo que el proyecto original se orientó a controlar su crianza y tenencia”.

-Con todo esto, ¿tienes una mala opinión de los parlamentarios?
“En general, en muchas materias, no son rigurosos de la manera en que legislan, pero no soy de las personas que se queja y se queda en la crítica. Estoy en contra de los que no hacen nada y se quedan en la crítica. Es labor nuestra el ayudar a mejorar las cosas y prueba de ello es la muy buena ley de Protección Animal que sacamos.
“La ciudadanía tiene que fiscalizar y ser activa; no sólo para generar normas, sino para obligar a las instituciones a hacer cumplir la ley”.

Patricia Cocas defiende la labor que han realizado y rechaza la idea que algunos, peregrinamente, han planteado en cuanto a que sean estas ONG las que se hagan cargo de la sobrepoblación animal en las calles. “El extermino –asegura- no es ético, ha probado no ser efectivo y es más costoso que esterilizar”.

“Si aplicas medidas de exterminios –cosa que se hace de manera ilegal, muchas veces- no van a tener la colaboración de la comunidad. Y sin esa colaboración no se pueden resolver los problemas. No se pueden aplicar medidas coercitivas, violentas, de fuerza. Es violento, como señal, decir que el ser vivo que me molesta lo extermino. Se debe predicar con el ejemplo; cómo le decimos a la gente que haga tenencia responsable si a la vez afirmamos que los animales son descartables. Esa no es la forma de educar”, concluye.
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