Hombres amorosos en SMS

Ha surgido el hombre metrotextual, que envía besos y frases de cariño a sus amigos a través de mensajes de texto. Así se revela que cada vez es más patente el giro masculino hacia la sensibilidad.

17 de Noviembre de 2009 | 11:23 |
“Te extraño”, “Te quiero” o “un beso” -escrito con una “x”- ha surgido como una nueva manera masculina de demostrar cariño a sus pares, apareciendo así otro tipo de hombre, más allá del clásico metrosexual: el metrotextual.

Según un estudio de T-Mobile (una operadora de telecomunicaciones estadounidense), un cuarto de los hombres (el 22%) incluye en sus mensajes de texto un beso de despedida.

La práctica se ha hecho más popular en el grupo de hombres de 18 a 24 años, donde un 48% asegura que los besos –representados por una x, al más puro estilo “xoxo” (besos y abrazos a la usanza estadounidense)- e incluso frases como “te quiero” y “te extraño”, se han hecho habituales en los SMS.

“El mundo está girando hacia la afectividad, tanto para hombres como para mujeres”, asegura el terapeuta familiar Víctor Sforzini, quien destaca no sólo un cambio social tendiente a dirigir los comportamientos hacia el amor, sino que también el giro en el rol varonil desde la liberación femenina: ellos se han puesto más pasivos y femeninos, y ellas más masculinas y activas.

“Este es un proceso adaptativo e impulsado por los medios, por las necesidades y los fracasos que estamos teniendo en el mundo y nos estamos dando cuenta que el amor es la salvación del hombre”, dice.

Es así como, según Sforzini, aparecen en las mismas películas el nuevo prototipo de un hombre bastante alejado de la imagen del macho que besa a su hembra, mientras ella casi se desmaya en sus brazos.

“Hoy vemos que es la mujer la que toma la iniciativa. El hombre se muestra más pasivo, dispuesto a recibir lo que ella quiera darle. Es algo transversal a la relación de hombre y mujer en un montón de cosas y en diversas culturas”, cuenta.


La importancia de expresarse

“Nuestra sociedad anima a los chicos a ‘mantenerse firmes’ y a soportar cualquier clase de dolor, infelicidad y molestia a pesar del precio personal que les cueste”, escribió Marianne J. Legato en su libro “Por qué los hombres mueren antes”.

El texto explicaba, de manera científica y basándose en estudios, cómo la crianza machista de los hombres los incitaba a no pedir consejos ni a hablar de sus malestares tanto físicos como mentales, trayendo como resultado depresiones no reconocidas y el avance inminente de otras enfermedades.

Es que por más que se esté abriendo un espacio hacia la expresión de las emociones masculinas, aún “el hombre se cree autovalente, que no depende de otro para solucionar sus problemas”, asegura el psicólogo de la Universidad Católica, especialista en niños y jóvenes, Juan Pablo Rivero.

“El tema es complejo, porque, si bien existe una sociedad que acepta y promueve expresar emociones, hay otra, sobre todo en el ámbito laboral, donde no lo es”, dice el experto, quien grafica en la normal rabia de un jefe, el comportamiento que se admite en un trabajador, mientras que las lágrimas quedan absolutamente fuera de lugar. “Y no es que a ellos no les dé pena”.


En la casa, cuidando a los hijos

El viraje masculino hacia un rol más sensible y cercano hacia el papel de la mujer en la sociedad, viene registrándose desde hace unos años.
Basta recordar que ya en año 2006, se calculaba que 159 mil hombres norteamericanos se quedaban en sus casas, criando a sus hijos, mientras sus parejas se iban al trabajo para mantener económicamente el hogar.

El auge de esta tendencia se ha visto reflejado en autores como Armin Brott (“el padre más confiable de América”), quien ha sacado a la venda exitosos libros como “El padre soltero” o “El nuevo padre, la guía del papá para el primer año”.

“La idea de que la paternidad transforma a los hombres no es tan sorprendente. De hecho, la mayoría de los padres estarían de acuerdo en que tener hijos influye en cada aspecto de su vida, incluyendo su lugar de residencia, su trabajo, quiénes son sus amigos, su salud, donde ir de vacaciones, y sus matrimonios y relaciones”, escribe Brott en su sitio web, Mr. Dad.

Otro autor, Jeffrey Levine, escribe en su blog, “Dad at work” -un espacio creado para ayudar a los papás a encontrar un equilibro entre su trabajo y el hogar- que “la mayoría de las veces caemos en funciones inconcientes –papá reparador, papá matemáticas, papá Disneylandia- funciones que pueden ser divertidas y útiles pero que realmente no nos unen a nuestros hijos de una manera profunda y significativa”.

En el hogar o entre los pares, para Sforzini, la feminización del hombre es un hecho, un proceso evolutivo que tiene sus bases en los cambios que la mujer ha tenido en su rol social. Y aunque no lo quiera juzgar para bien o para mal, sí destaca que “se plantea en la psicología que una mente es madura y equilibrada, cuando hombre, desarrolla toda su parte femenina y la vive intensamente; y a su vez, las mujeres desarrollan su masculinidad y no son sólo esas pobrecitas, débiles y dependientes”, ni ellos sólo esos machos que no pueden decirle ni siquiera “te quiero” a un amigo.
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