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Las chilenas se tomaron los sex shops

Las tiendas de juguetes y accesorios para adultos se han transformado en un reflejo de la sexualidad actual, donde las mujeres demuestran su deseo de satisfacción. Sin embargo, todo tiene sus pros y contras.

15 de Marzo de 2010 | 12:43 |
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“Vinimos para hacer cosas nuevas y para experimentar. Aparte que de donde somos no hay tiendas como éstas. Nos dimos la oportunidad para conocer, para saber de que se trata porque en las regiones todavía es un misterio”. Esa fue la respuesta de Adolfo y Carolina, una pareja proveniente de Punta Arenas que mira con complicidad todo lo que ofrece la tienda Multisex, un sex shop ubicado en Paseo Las Palmas de Providencia.

Ellos habían visitado otras tiendas y comprado “aparatitos”. Ahora estaban buscando disfraces y cosas “entretes”. Era la primera vez que entraban a una tienda de este tipo y no se arrepentían en lo más mínimo. “Es nuestra vida y hacemos lo que queremos. No tenemos que darle explicaciones a nadie”, sostienen con firmeza.

Hace 14 años no existía ni una patente para instalar estas tiendas de juguetes y accesorios para adultos. Hoy es un negocio rentable que ha tenido un auge envidiable y que se encuentra principalmente en puntos específicos de Providencia y el centro de Santiago.

Así lo testimonia Álvaro Eber, dueño de Novelty y pionero en el negocio de sex shops: “Yo fui el que inventé la patente. La peleé en impuestos internos y en la municipalidad. Partí con patente de ropa interior, medias, calcetines y no se qué otra cosa, además de otro código que era para productos de plástico porque un sex shop abarca muchas cosas. Hoy en día está autorizado y puedes ver muchos sex shops en muchas partes”, cuenta.

Se pueden encontrar juguetes, lencería, lubricantes, disfraces y muchas otras cosas para la satisfacción sexual de quien adquiera estos productos. Y es un mercado que en muchos sentidos los especialistas validan, entre ellos, el sexólogo Eduardo Pino:

“Estas tiendas de artículos sexuales han sido una forma para que las personas se suelten un poco más y hablen más del tema. Para mucha gente han significado un tipo de terapia para mejorar su sexualidad. Hay muchos artículos que son bastante simples pero son una ayuda”, argumenta.

Efectivamente, prótesis de pene han sido una ayuda invaluable para diabéticos o para hombres con problemas en la próstata que tienen problemas de erección. “Es absolutamente cierto que mucho artículos tienen fines terapéuticos y no son una degeneración, como muchos piensan”, aclara el sexólogo.

Esta cualidad la confirma Álvaro Eber: “Hay muchas personas que son muy conservadoras, de edad, y las han mandado para acá los ginecólogos o los sexólogos porque les cuesta excitarse y tener buena lubricación. Los profesionales han optado por decirles que partan por jugar con juguetes, que se estimulen”, dice.

No hay duda de que cuesta tener la osadía de entrar a un sex shop en nuestro país. Está el qué dirán, en hacer algo poco correcto, inmoral e incluso lo “cochino”, pero cada vez más gente se está atreviendo, afirman los dependientes. Y las que la llevan, sorprendentemente, son las mujeres, quienes se acercan y preguntan más que ellos.

“Antes el hombre era el que “llevaba la batuta” pero ahora las mujeres nos sobrepasaron. Ellas son las que piden y las que compran este tipo de cosas”, manifiesta Pino.

Es que en las mujeres existe una necesidad de satisfacerse sexualmente. Por algo, dentro de los productos que más se venden en los sex shops están los vibradores, para estimular la vagina, el clítoris y los labios superiores, además de los lubricantes para aumentar la sensibilidad de los genitales femeninos.

Los sex shops dicen mucho del estado de la sexualidad de los chilenos y muestran como el estatus de las mujeres ha cambiado. Ahora, la mayoría de los hombres compra juguetes o accesorios para el goce de su pareja, “para satisfacerla sí o sí con lo que pueda”, como reconoce el doctor Pino.

Lo que no quiere decir que ellas busquen juguetes pensando en sus parejas. “La mujer busca productos para satisfacerse ella y si alcanza, para el hombre. Ellos buscan entretener a la mujer. Esa es la gran diferencia. Las mujeres se están preocupándose más de ellas mismas. Ya no es la mujer hecha para la casa y para procrear. Ahora ellas se preocupan del goce sexual”, destaca Claudia, vendedora de Multisex.

Claudia relata que hace pocos días un hombre joven fue a la tienda a comprar un traje porque “su polola le dijo y quería que él usara colaless la próxima vez que tuvieran sexo”, cuenta. Esta situación y muchas otras prueban como los hombres se han visto mucho más exigidos por las mujeres. Ahora las mujeres no se quedan calladas.

“Los hombres están demandados a tener que satisfacer a las mujeres, cosa que los enrolla mucho. Hay mujeres que son más atrevidas y ellos tienen que responder, por eso hay muchas disfunciones sexuales como la eyaculación precoz, que muchas veces es pura ansiedad frente a la mujer”, señala Constanza Michelson, psicóloga y psicoanalista.

La profesional, sin embargo, advierte sobre la individualidad de muchas mujeres que buscan satisfacerse sexualmente y prescindir de la pareja. Es uno de los puntos negativos del consumo de estas tiendas y que Michelson llama a no confundir.

“El punto es que en la actualidad se promueve un poco el goce individual. Por eso muchas veces se ven los juguetes sexuales como una forma de alentar una masturbación generalizada. En si misma no tiene nada malo, pero hay una cosa de abstraerse del relacionarse con otro”, dice.

Pero, pese a toda controversia, lo cierto es que los sex shops contabilizan cuentas alegres y reúnen miles de historias de mujeres que “en su vida han tenido un orgasmo y buscan satisfacción sexual”, según describe Claudia de Multisex.

Es un auge lento, según Michelson, debido lo conservador que nos mostramos. No obstante, muchos tienen esperanzas de que se llegue al nivel de países europeos en donde el rubro es amplio y no hay pudores. “Estas cosas en el futuro las van a comprar como si fueran cigarros. Les va a importar un bledo el meterse a un negocio y que haya más gente y pregunten si hay consoladores más gruesos que estos”, estima Álvaro Eber.
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