Polémica por madre que cuenta cómo puso a dieta a su hija de 7 años

Luego de que Bea fuera catalogada como obesa por su pediatra, su mamá no solo se encargó de privarle de la cena en algunas ocasiones, sino que también de escribir un artículo del régimen su hija y publicarlo en la revista Vogue, desatando la furia de otros padres.

05 de Abril de 2012 | 13:31 | Emol

En la versión de internet de la revista, el artículo de Weiss, titulado "Weight Watcher", fue ya retirado.

Fox News/Vogue
Atrás han quedado los días en que los niños no se levantaban de la mesa hasta que no se comieran toda la comida. Hoy, en tiempos en que la obesidad se asoma como una inminente epidemia, cuidar los hábitos alimenticios de los niños, incluyendo que no coman más de lo que necesitan, parece ser la regla número uno en la crianza. Pero, ¿dónde están los límites?

Eso se preguntan hoy los expertos en Estados Unidos, luego de que Dara-Lynn Weiss escribiera en la edición estadounidense de abril de la revista Vogue, cómo puso a dieta a su hija Bea, de 7 años, diagnosticada por su pediatra como obesa por pesar 42 kilos, midiendo 1,32 cm.

Son innumerables las voces indignadas que acusan a Weiss de ser una madre irresponsable, por mostrar públicamente los problemas de peso de su hija y por enseñarle a ella -a vista de la opinión pública- una relación insana con la comida, que podría en un futuro acarrear desórdenes alimenticios en la menor.

“A veces, el snack de Bea, después del colegio, era un pedazo de pizza o un gyro (shawarma) (...) Otros días la obligaba a elegir entre una sopa de verduras baja en grasa o un huevo duro. De vez en cuando accedí a que comiera un pedazo de torta de café, sobre todo, porque yo quería comerme la mitad de él. Cuando ella tenía acceso a pastelitos en algún cumpleaños, yo alternaba frases como: ‘No comas eso, no es bueno para ti’, “ok, está bien, adelante. Pero solo uno’ y ‘Bea, tienes que dejar de comer ese tipo de basura. Estás engordando’, dependiendo de mi humor. Entonces, en secreto me comía dos pastelitos cuando ella no estaba mirando”, es parte del artículo de Weiss, publicado en la revista de moda.

La madre de Bea admitió también un día, haber arrancado de las manos de su hija un vaso de chocolate caliente y haberlo tirado a la basura, luego de que el empleado de la cafetería no fuera capaz de decirle cuántas calorías exactamente tenía la bebida.

“(En otra ocasión) me interpuse entre mi hija y un bol de ensalada que mi amigo le estaba entregando, levantando mi mano como un policía que dirige el tránsito. ‘Gracias’, dije, ‘pero ella ya comió su cena’. ‘Pero dice que todavía tiene hambre’, respondió mi amigo desconcertado. Fingí una sonrisa. ‘Sí, pero tiene mucho aderezo y estamos tratando...’. ‘¡Es solo aceite de oliva!’, interrumpió mi amigo, ‘¡es súper sano!’. Mi sonrisa se desvaneció y mi voz se hizo más tensa. ‘Lo sé. Ella no puede comer’. Los ojos de mi amigo se movieron hacia mi hija, quien tenía en la mira un bol del tamaño de un frisbee, lleno de aceite, atún, huevos, papas y aceitunas”, es otro de los recuerdos de Weiss, que se suma a hechos como que una vez dejó a su hija sin cenar, porque supo que en el colegio habían tenido una actividad que incluyó quesos y chocolates.

“’Dieta’ o ‘pérdida de peso’ son palabras que al usarlas, al hablar del peso de los niños, son muy controversiales, incluso para los profesionales de la salud”, dijo por su parte la nutricionista estadounidense Louise Goldberg, en su blog de internet.

Y si bien considera que existen muchas maneras más sutiles y sanas de ayudar a un hijo a bajar de peso, Goldberg solidariza un poco con la misión de Weiss, de no permitir que su hija se convierta en parte del 17% de niños obesos en Estados Unidos, que, por cierto, no solo sufren las consecuencias del sobrepeso en su salud, sino que -en muchos casos- también en el trato de sus compañeros en el colegio.

“Nuestros hijos están expuestos hoy, más que nunca, a las comidas altas en calorías”, asegura la nutricionista, tras mencionar no solo los cumpleaños infantiles, sino que también los premios de helados y dulces, Halloween, sin mencionar la serie de snacks y comida chatarra de fácil acceso que tienen los menores.

Pero son solo niños, recuerda Goldberg, refiriéndose a que no se les puede obligar a adoptar una actitud de rechazo rotundo a estos productos. Sin embargo, son fundamentales los hábitos alimenticios que los padres les entreguen a sus hijos, para que ellos tomen las mejores decisiones en su alimentación.

En el caso de que un menor sea diagnosticado con sobrepeso u obesidad, el primer paso -como afirma la nutricionista- es aceptar que es preciso hacer un cambio en su alimentación y acudir de inmediato a un especialista.

“No se trata ‘solamente’ de comida. Debes ser siempre muy cuidadoso en cómo le hablas a tus hijos acerca de su relación con la comida. No debería ser un tabú hablar acerca de las comidas que no son sanas, calorías, porciones, etc; sin embargo, existen maneras de hacerlo que previenen a los niños de ser dañados psicológicamente. Enfócate en la salud y en ‘sentirse’ bien”, dice Goldberg, agregando que la participación de todo el grupo familiar -en cuanto a mejorar los hábitos alimenticios y realizar actividades físicas- servirá de apoyo para el menor.
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