Nicolás Copano: Reflexiones de un hiperconectado

A días de haber estrenado “#Vigilantes” (La Red), uno de los tuiteros más influyentes del país acepta con una paz envidiable -previa terapia- las ofensas virtuales y sobreexposición ajena que internet y las redes sociales ofrecen. “Al final, a todos nos gusta que nos vean, estar considerados, mostrarle al mundo lo que hacemos”, comenta.

08 de Octubre de 2013 | 16:31 | Por Ángela Tapia. F., Emol

"Sigo siendo un gordito cariñoso”, asegura el delgado conductor.

Mauricio Pérez, El Mercurio.
“Yo no soy un tibio, y eso hace que la gente me siga, porque me odia o me ama”, dice Nicolás Copano (@copano), en una de las oficinas de La Red, para justificar por qué desde hace años se ha mantenido como uno de los tuiteros más influyentes del país, reuniendo al día de hoy más de 560 mil seguidores.

Está contento por donde se le mire. En el canal que hoy lo alberga, acaba de volver a la televisión abierta con “#Vigilantes”, un “show de noticias” que conducirá, con un panel conformado por Margarita Hantke, Sebastián Esnaola y José Miguel Villouta, a quien considera su mentor en la televisión, desde que le abrió las puertas a la pantalla chica en los tiempos de “El interruptor” (Vía X, 2004).

A eso, se le suman otros trabajos que dan fe de su hiperactividad confesada: conductor y productor de “Demasiado tarde”, su columna para “CNN Sin Límites” y su canal en YouTube MQLTV. Por otro lado, el haber bajado 40 kilos -en persona se ve aún más delgado que en la fotografía- harto le ayuda para sentirse aún más entusiasmado.

Después de que le diagnosticaran resistencia a la insulina, se asesoró por profesionales para dejar atrás los 105 kilos que alguna vez pesó, mejorando su salud y, sin quererlo, que lo escucharan más en los medios. “Al fin y al cabo, cuando uno sale en pantalla, podría estar diciendo algo para el Premio Nobel, pero si estás gordo, estás gordo. Ahora, eso ha cambiado para mí, y estoy pidiendo que por favor me esperen para solucionar el tema de mis dientes y de que me estoy quedando pelado”, dice medio en broma, confesando que le molestan los chistes de gente con sobrepeso, porque dentro de su corazón, sigue siendo “un gordito cariñoso”.

Y es este flaco con alma de obeso el que -después de 11 años trabajando en lo que considera su “plataforma natural”, internet-, lanzará este mes "MovimientoSocialMedia", un ensayo que refleja los cambios que la sociedad chilena ha experimentado a partir de la irrupción de la Web. “Nuestros cerebros son distintos desde internet, estamos recableados”, asegura.

-Para muchos, internet y los smartphones han creado una sociedad que se sienta junta en restaurantes a escribir en sus celulares…
“Acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca. Los tiempos son los tiempos y uno tiene que surfearlos. No es el momento para negarse. Cuando estaba en la universidad, en una clase de Periodismo, mi profesora quiso que le entregara un trabajo en papel, y desde ese día no volví. En ese tiempo trabajaba en la Zona (de Contacto), en internet, y pensé ‘éste no es el mundo real que viene’. Así que les dije ‘viene una ola, y yo me quiero meter’. Pedí disculpas, y me fui”.

-Claramente han cambiado también la forma de relacionarse…
“Absolutamente. La gente empezó a elegir quiénes son su familia. Los niños ponen como sus hermanos a sus compañeros de colegio. Y, ¿qué es ahora pololear? Es tener un acuerdo para vigilar al otro, saber a qué hora se conectó una persona. En el día de mañana, va a ser más común llamar al pololo, preguntarle dónde está y ver en cámara si efectivamente está donde dice estar y con quién”.

-Sí, pero de manera virtual. ¿Qué pasa con el contacto físico?
“Uno podría decir ‘pucha, la gente ya no se ve en todo el día’, pero algunas familias hacen un grupo en Whatsapp, y el hijo menor les puede contar en el recreo que se acaba de sacar un siete, mandándoles una foto, sin tener que esperar hasta la noche”.

-¿Eres de los que está posteando o conectado todo el día? ¿No te alegan?
“Mira, en este rato me han estado acosando  cuatro mil personas en mi Lumia y no los he pescado (aprovecha de revisar su celular y de escribir algo en Twitter) Retuiteamos y volvemos. Si estoy en una cena, no miro el celular hasta el postre. Hay que saber cómo usar todo. No hay que ser adicto a las cosas. A mí me encanta la información y es eso lo que trato de entregar en internet”.

-¿Qué hay de fotografías del plato de comida, de los zapatos, del gato y otras que se suelen ver en la red? Algunos alegan la sobreexposición que dan las redes sociales…
“Creo que finalmente, internet nos dio voz a todos. Ahora falta que nos dé cerebro. Es una frase de Douglas Coupland (autor de ‘Generación X’, entre otros). Sucede que estamos en la sociedad del reality show y eso se democratizó. Al final, a todos nos gusta que nos vean, estar considerados, mostrarle al mundo lo que hacemos.
“Yo publico seguido, pero cosas que veo. No sé qué más tendría que contarle de interesante al público. No he grabado un video porno, ni lo haré. Con eso hay que ser cuidadoso y saber que siempre hay cámaras en todos lados”.

-¿Aceptas igual de bien las críticas que te hacen por internet? El anonimato y la distancia a veces permiten que muchos critiquen con dureza…
“Esto es parte del juego. Hay que separar los mundos. Lo que uno hace, de la vida privada, la gente a la que uno le tiene afecto. Lo veo así porque estoy yendo a terapia, desde hace un mes.
En algún momento, pensé que las críticas que me hacían iban a afectar mi trabajo, porque a veces mostraba algo con cariño, y la gente ni siquiera lo veía y me decían que yo era un apitutado. Algunos creen que todos los que salimos en la tele somos hijos de Rockefeller, pero yo no soy más que un tipo que viene del paradero 23, de La Florida, que estudió en un particular subvencionado, y que vive en una casa de una villa, igual a la del vecino. Todo lo que me ha pasado ha sido a través de mi trabajo, que comencé a hacer desde los 16 años, y por mi constancia y mi preocupación por los detalles.
“Uno se puede sentir herido, pero con el tiempo me di cuenta que era todo lo contrario; porque la gente no deja de verte. Incluso los que te odian, suman”.

-¿Qué te dice tu terapeuta de que tanta gente lea lo que escribes? ¿No te provoca ansiedad?
“Hace algún tiempo no diferenciaba quién decía algo importante y quién no. Para mí, si alguien me decía ‘¡guatón #$%&!’, era igual como si me lo dijera mi mamá. Después entendí que no era algo personal. Hay gente que se ofende y se deprime, y decide desconectarse totalmente”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Me gustan los videojuegos, el Mario. Si sale uno, lo voy a comprar al tiro y mi meta es terminarlo ese día mismo día. También me gusta ‘Garfield’, y tengo la colección de dvds, con los capítulos y las películas. Me emociono cuando se pelea con Odie, no sé por qué.  Por culpa de Garfield me gusta la lasaña”.

-¿Echas de menos algunas comidas ahora que eres flaco?
“Antes me gustaban más las carnes rojas que ahora, pero hoy me decepcionan. Estoy malo para eso. Mi problema no era comer cosas chatarra. Yo engordé porque me comía dos platos de tallarines. Era de los que se repetían los platos. Tenía un problema de ansiedad”.

-El gordito cariñoso que llevas dentro, ¿no te pide otro plato ahora?
“No, me dice ‘¡qué lata, otra vez lechuga!’.
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