Carolina Dávila: Por un consumo con sentido y más responsable

Esta ingeniera comercial está detrás del nuevo pueblo de artesanía y diseño de La Dehesa, El Secreto, donde diversas fuerzas se conjugaron para conseguir que el proyecto fuera un ejemplo de desarrollo sustentable en lo económico, en lo social y en lo patrimonial.

04 de Diciembre de 2013 | 08:02 | Por María José Errázuriz L.
Foto de Valentina Campos
El secreto es la rentabilidad social. Y el camino recorrido para llegar a ello ha sido largo y muy desafiante.

Sí, porque para que hoy los turistas extranjeros y los chilenos puedan disfrutar de un nuevo polo de exposición y venta de productos de diseño y artesanía en Lo Barnechea, muchos factores debieron conjugarse.

Desde este mes, en las cercanías de Raúl Labbé y Av. La Dehesa, 64 expositores permanentes se han unido para dar vida a un nuevo pueblito de artesanos que bajo el nombre de El Secreto busca generar un comercio justo que salvaguarde nuestro patrimonio cultural y permitir el desarrollo de distintas expresiones artísticas en su seno.

Detrás de este mega proyecto se encuentra la ingeniera comercial Carolina Dávila, quien junto a su amiga y eterna socia Viviana Acuña, lograron aunar fuerzas, deseos y voluntades. Ambas se conocieron en Puerto Montt, cuando trabajaban de asesoras financieras en Larraín Vial.

Tras la crisis y el estrés que las acompañó resolvieron, en paralelo, convertirse en una suerte de agentes de artesanos y microempresarios locales y desde Puerto Varas generaron su propia pyme, Volkano, con la que empezaron a asesorar, contactar, generar redes, ayudar a formalizar y vender a todos los que buscaban cierta guía.

Carolina, ex seleccionada de snowboard, vivió entre Santiago y California varios años siguiendo los pasos de quien se convertiría en su esposo y después de casados, también lo acompañó a emprender en Brasil. Sin embargo, tras este permanente ir y venir, resolvieron regresar e instalarse en 2010, oportunidad en que retomó con Viviana las gestiones de Volkano pero ya desde la capital.

Su experiencia como productoras de ferias como la ExpoSur o las múltiples mini ferias en hoteles de la zona en el que daban soporte a decenas de artesanos y microempresarios que no tenían como abrirse paso, fue la antesala que hoy explica la inauguración de El Secreto.

-¿Eran como dealers de microempresarios?
(Se ríe) “Sí, organizábamos eventos, hasta after office, para que ellos pudieran vender sus productos. Si bien al principio nosotras hacíamos todo y hasta repartíamos los folletos, nos fuimos profesionalizando y nos graduamos en el Arena de Puerto Montt con 120 expositores. Fue tan grande el evento que hasta se generó un tremendo taco; más que evento, eran panoramas familiares y por eso siguieron las ExpoNavidad y las ExpoMujer”.

-¿Por qué se han mantenido ligadas a los microempresarios?
“Si bien hemos crecido, nosotras estamos detrás de ellos apoyándolos en cosas tan básicas como que hagan iniciación de actividades en el SII, que impriman sus tarjetas de presentación, que armen cooperativas entre varios para hacer viable su comercio. Es desafiante ayudarlos a fijar precios, guiarlos en la formalidad y de eso ha surgido el cariño y el convencimiento de que esto tiene un valor intangible”.

-¿Cómo se gestó El Secreto?
“Cuando nos vinimos a Santiago muchos de los microempresarios que habían estado vinculados a nosotras nos empezaron a pedir que los ayudáramos a llegar a la capital. Hicimos en el portal de La Dehesa la ExpoSur, en octubre del año pasado, donde mezclamos artesanía y turismo y ahí muchos artesanos nos dijeron que, después de haber estado en la feria de Vitacura y también en la de Manquehue, ahora no tenían un lugar.
“Nos dimos cuenta que había una necesidad y resolvimos buscar terrenos que pudieran ser atractivos por su ubicación”.

Este no fue un tema menor; ubicado en una zona de alta demanda por parte de las inmobiliarias, Carolina y Viviana, lograron convencer al dueño del lugar -donde está hoy el pueblito El Secreto- que este proyecto no sólo era rentable comercialmente, sino que también socialmente. Consiguieron que el propietario se asociara con ellas y establecieron un contrato de arriendo con miras a los 10 años.

“Necesitábamos que nos arrendaran el terreno a un precio razonable porque los artesanos que se instalaron ahí no pueden pagar un millón de pesos mensuales como les piden los malls por un corner. Pensando en esa necesidad armamos este proyecto donde cada microempresario pudiera realmente estar presente sin asfixiarse”, explica.

-¿Qué objetivo persiguen?
“Varios, queremos que nuestros arrendatarios logren asentarse y despegar como microempresarios; queremos generar un polo de desarrollo cultural en la comuna donde no sólo la gente pueda venir a comprar sino que asista a exposiciones, concursos de arte, participe de talleres y cursos o donde la familia tenga un lugar de esparcimiento que esté en medio de la naturaleza”.

-¿Por qué si son ejecutivas, no han resuelto ustedes emprender en algo más tangible?
“Porque, al final, nuestra pyme que ayuda a otras pymes nos permite sentir la alegría de que los que están con nosotros avanzan, mejoran. Nos motiva verlos crecer, que ellos puedan sentir que nuestra ayuda es importante; para nosotras es tan fácil y para otras personas es tan difícil, les cuesta tanto. Nosotras podemos hacer la diferencia, creemos que repartir ese conocimiento entre otros hace la diferencia”.

-¿Hay una falencia de los entes estatales en el apoyo real a los microempresarios?
“Es un problema de aptitudes y capacidades. Si nosotras con la Vivi nos ponemos a hacer objetos en madera probablemente no vamos a llegar muy lejos; el artista y artesano tiene un don muy sensible y es poco probable que tenga desarrollado su lado comercial. Creemos que hay que tratar de combinar a las personas que tienen ciertas aptitudes con otras para potenciar proyectos.
“El Estado ha ayudado bastante con la posibilidad de hacer una empresa en un día, pero eso no es suficiente para que una mujer que hace cosmética comercial en el sur llegue a vender sus productos acá. Por eso las asesoramos”.

-Además ustedes apoyan en lo que se llama productos de nicho, la artesanía, que no tiene alta demanda.
“Eso es verdad, pero además está el hecho de que hay demasiada competencia china. Una artesana puede estar una semana haciendo una pieza y la trata de vender en 10 lucas y en Patronato puedes encontrar algo parecido, no igual, en cuatro. Queremos que las personas puedan valorar el trabajo que hay detrás de cada producto, que las personas tomen la decisión consciente de que al comprar algo así puede que pague más, pero está dando soporte a una familia que se dedica a eso”.

-¿Ven falta de compromiso de la sociedad con nuestro patrimonio intangible, con el oficio que de no ser traspasado puede desaparecer?
“Puede que las personas no saben realmente qué se esconde detrás cada expresión cultural, no saben que esa técnica artesanal se la enseñó la abuela a la madre y ésta a la hija. Por eso que en El Secreto se encuentran piezas que tienen un valor distinto; acá podrás elegir de regalo de matrimonio una bajada de cama en telar que tendrá mucho más significado que una juguera que los novios cambiarán por plata. Se trata de hacer un consumo con más sentido y más responsable”.

-¿Qué queda por delante?
“Queremos llevar este proyecto a otras comunas. Estamos viendo algo en Puente Alto y en otras regiones, llevar el know how y después que otros administren este modelo de negocio donde nosotras tenemos todo estudiado. El éxito de esto está en no cobrar caro, pero no olvidarse nunca de la gente que está detrás y el trabajo que implica”.
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