Juan Andrés Salfate: “Sé que estoy un poco loco”

El experto en temas de cine, conspiraciones y ovnis, dice que la locura es la única manera de sobrevivir en “este manicomio que es la vida”. Fiel a sus convicciones, no quiere seguir inserto en esta “cárcel” en la que se ha transformado la sociedad, así que anuncia un próximo retiro a un monasterio para desligarse de todo. “No tengo opción después de lo que vi y entendí”, explica, a raíz de una curiosa experiencia del pasado.

25 de Febrero de 2014 | 15:37 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Gabriela Salinas, El Mercurio.
“A mí no me interesaba la compañía de la gente”, así grafica un poco su personalidad Juan Andrés Salfate (45 años). Claro que el publicista se refiere a su pasado, del tiempo cuando era un mateo en el Instituto Nacional, mirador en menos y arrogante. Pero eso, dice, cambió cuando se pegó el alcachofazo.

Es padre de tres hijos y está felizmente casado con quien fuera su mejor amiga desde la educación básica. Y en el día de hoy, dice estar tranquilo con su vida laboral, una bastante miscelánea, que recorre temas como su pasión por el cine, los comics, y los temas paranormales y conspiracionales, con que se ha ganado fieles seguidores y varios detractores, a través de La Red.

“Yo solo invito a escuchar y si les sirve, ahí está toda la información”, comenta. Su parada actualmente, se trata de ser un tipo más generoso, ya sea con los datos que sabe o incluso con lo material. De hecho, asegura que cada año deja cientos de películas que ve por su trabajo, afuera de su casa para que las recoja quien quiera. Lo mismo hace con las decenas de poleras que va estrenando casi sagradamente cada miércoles en pantalla.

“Hubo un quiebre en mi vida”, asegura, antes de entrar de lleno a una experiencia que cambió por completo su manera de ser, y que sucedió hace años, cuando trabajaba en un matinal del 13 y se sometió a una regresión que fue televisada. “Aquí se pone un poco loca la historia (…) No voy a entrar en muchos detalles porque se malinterpreta, pero puedo decir que indudablemente tuve una epifanía. Durante un tiempo de 20 minutos, entendí todo; por qué pasan las cosas, por qué la gente es como es, entendí la base de la relación de las cosas, el final del libro de la vida y la meta que persigue. Y es muy sencillo”.

-¿Cuál es?
“Vivimos en una especie de sueño, como un juego que hay que tomarse en serio. Si soñamos que nos quebramos una pierna, en el sueño nos dolerá y nos preocuparemos. Incluso, puede que despertemos angustiados, pero al abrir los ojos, todo se pasa. De la misma forma, lo que estamos viviendo es como un sueño, pero como se siente real, hay que tomárselo en serio. Somos felices, solo que nosotros no lo permitimos. Tenemos una cantidad de taras mentales, prejuicios; un montón de cosas que nos separan del resto. Y mientras más nos separamos, más infelices somos. Entonces, ¿cuál es el único sentido de la vida? Es estar en el momento presente a cada rato, aquí y ahora, no pensando mucho en el futuro, no rememorando tanto el pasado, y haciendo lo máximo que se puede por el resto, así de sencillo. No hay razones para ser infeliz, porque finalmente, todo es un sueño del que vamos a despertar”.

-¿Qué hiciste después de tener tu experiencia?
“Me di cuenta de todas las estupideces que cometía, de lo que me creía, que me sentía separado del resto, mejor que otros. De hecho, después que me pasó eso, estuve un año golpeando puertas de todas las personas a las que pensé que les había hecho un daño permanente por mis comentarios: amigos, familiares… Algunos me cerraron la puerta en la cara y otros me entendieron cuando les expliqué que había sido un estúpido por creerme inteligente. Después de eso me pasaron muchas cosas adentro de la cabeza. Lloré, me sentía poca cosa. Hasta que logré relajarme con el tema y con el mundo, con la vida y las personas. Hoy las entiendo, y mis propios prejuicios no me los tomo como algo personal”.

-¿Meditas?
“No tanto como quisiera… A veces tengo batallas campales adentro de mi cabeza, angustias que no tienen un asidero completo. Ahora -y esto lo he conversado con mi familia-, dentro de las muchas cosas que entendí cuando tuve esta experiencia y que no voy a eludir en mi vida, es que en algún momento me voy a retirar de mi familia y me voy a ir a vivir a un monasterio”.

-¿Temporalmente?
“Mínimo, tres años. Pero creo que debería ser tirando para permanentemente, está conversado. Suena egoísta, pero lo hago porque dentro de mis capacidades y defectos, es la única manera en la que puedo cumplir una meta, según cómo funciona mi cabeza. Cuando a mí me pasó lo de la regresión, fue tremendamente difícil volver a trabajar. No le encontraba sentido a nada. No entendía por qué había que embargar la vida por trabajo, sueldo y un montón de cosas que hay que hacer. Hoy vivo feliz con lo que me toca y con mis obligaciones como papá, marido, amigo, empleado, etcétera. Pero ya sé lo que tengo que hacer con mi vida: y es que me tengo que desvincular para hacer una práctica seria, cortando las cadenas que tengo adentro de la cabeza”.

-¿Te vas a ir pronto?
“Tengo todo averiguado, en verdad. Yo te diría que por lo menos, quiero ver que mis hijos tengan su futuro decidido y  que ya están dando los pasos en la vida que ellos eligieron. Pero ojo, hay una invitación para ellos de seguirme, junto con mi esposa, aunque esto es un trabajo por separado. Yo sé que suena hasta contradictorio para muchos, pero para mí es inevitable. Para graficarlo de algún modo, yo no tengo opción de creer o no en un ovni o un fantasma, porque los he visto. Lo mismo, no tengo opción de hacer otro estilo de vida, después de lo que vi y entendí”.

-¿No es una broma?
“No, es verdad. En Chile no he encontrado un lugar ideal para el retiro. Pensé en Estados Unidos, pero fui a Argentina a pedir cupos en un lugar y hasta me hicieron una entrevista. Se trata de un entrenamiento de la mente, nada más. Estamos soñando, y yo ya sé que estoy soñando, pero ya quiero despertar. Es solo eso. Y el retiro es porque tengo que saber caminar primero, para enseñarle a los demás. Sé que suena como tarjeta barata de invitación, pero de verdad, yo vi y sentí que todos somos uno y que esto es un sueño”.

Las conspiraciones y las drogas

Un maestro para algunos, un charlatán para otros, lo cierto es que Salfate se ha ganado una fama no menor, que hace que lo inviten en persona o a dar declaraciones en programas de España, Argentina, Japón y México.

Como ejemplo, entre los videos de YouTube más populares de su estación televisiva, están los suyos, donde toca sus clásicos temas de conspiraciones o fenómenos paranormales, e incluso cine, ya sea en los programas “Así somos”, “Mañaneros” o en su espacio en solitario “Expediente S”.

Tal vez, los más de 700 mil seguidores en Twitter, más de 12 mil en Facebook y los sitios creados por su club de fans que “agradecen” que alguien se atreva a hablar lo que nadie más dice a través de la televisión, grafiquen más su éxito. Pero con toda esa popularidad, Salfate asegura que no le pasa nada.

-Algunos dicen que estás loco.
“¡Gracias! ¡Qué bueno! Sé que estoy un poco loco, es la única manera de salirse algo de este manicomio que es la vida. También puedes vivir feliz pensando que los bancos quieren lo mejor para ti, que todos los carabineros son buenos, igual que todos los curas son personas de fe que nunca han tocado a un niño… Están los que dicen que estoy loco y cierran los ojos”.

-¿Crees en las conspiraciones de las que hablas en televisión?
“Absolutamente. Por suerte, de a poco se han ido cayendo las máscaras de todo, política, religión… Antes, había una confianza absoluta de la gente hacia el sistema, hasta que entre todos empezamos a pegarle en las piernas. Finalmente, quedó al descubierto que los poderes fácticos, como se les llama, no esperan lo mejor para ti, sino que tú eres una oportunidad de negocio para ellos para mantener su estilo y calidad de vida. Pero uno se puede salir de ahí, o al menos tratar de vivir sin deudas. Yo intento acomodarme así y no pisar el palito”.

-¿Cómo aceptas la crítica de la gente, de la que dice que eres un “chanta” y no te cree nada?
“Es un punto de vista no más. Esas personas están cómodas con su marco de creencia. Pero es loco. A veces me topo con gente que me critica por hablar de duendes. Yo les pregunto si creen en Dios y me dicen que sí. ‘¿Lo han visto?’, les pregunto. ‘No’, me dicen, ‘creo porque tengo fe’.  Bueno, lo de los duendes es fe también. Criticando así, hacen una pausa a lo que supuestamente está correcto pensar, porque así se lo enseñaron por nacer en este país. Si hubieran nacido en la India, estarían adorando a Shiva y no a Dios”.

-¿Y las críticas o bromas que te hacen por las drogas?
“Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato. Pero finalmente, heme acá. Yo no soy solamente eso; no se me puede reducir a eso. Lo importante es que no cargo con el peso de haber hecho algo inducido por algún tóxico. Son temas delicados de los que no se puede hablar tan abiertamente, porque existe un cinismo y una condena social. Pero finalmente, aunque yo no tuviera ningún problema con retirarme de los medios, fue la misma gente la que no me lo permitió. Y estoy aquí por ellos”.

-¡Y te quieres ir a un monasterio!
“Haré lo posible por llegar a lo máximo que pueda”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“No colecciono nada. Me deshice de todo porque no me siento atado a las cosas. Lo único que podría ser, son las poleras. Evito hasta lo imposible, ponerme camisa y corbata, y creo que elegí trabajar en esto, porque me daba la posibilidad de no vestirme así, porque no lo soporto. Me hacen sentir amarrado, disfrazado, del rebaño. No lo critico, es bonito estar ordenado, pero ya usar ropa me molesta bastante. Así que me visto con poleras, porque es la prenda más sencilla y liviana que hay”.
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