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Lenka Carvallo: “Los hombres están juntando malestar frente a la mujer empoderada”

En su libro “Descolocados”, esta periodista hace una radiografía de cómo los hombres enfrentan la liberación de la mujeres. Asegura que están perplejos y con rabia, “falta poco para revolución de los hombres”, agrega.

08 de Abril de 2014 | 16:33 | Por María José Errázuriz L.
En su primer libro, “Desencantadas…y el príncipe se convirtió en sapo”, describió a la perfección los cambios que han experimentado las mujeres en las últimas décadas y que van mucho más allá de la manoseada revolución femenina. En esas divertidas, pero crudas páginas, dejó en claro que las mujeres ya no están para ‘martimonios’, que quieren el poder y que al menor asomo de molestia con la pareja, la frase común es ‘si te gusta bien, si no, ya sabes lo que tienes que hacer’.

Ahora, se pone del lado de los hombres. En “Descolocados, mujeres empoderadas, hombres perplejos”, la periodista Lenka Carvallo se hace cargo de la parálisis en la que se encuentran los varones, que no saben cómo reaccionar frente a, la que define ‘reina Alfa’, una mujer que quiere independencia económica, libertad y relaciones donde ella obtenga total satisfacción.

Este segundo libro dejará, sin embargo, cierto gustito amargo hasta en las más empoderadas porque con hombres que no saben qué hacer, minimizados, finalmente, muchas féminas están comenzando a percibir los costos de su liberación: soledad y un estrés gigantesco por escalar en sus objetivos.

-¿Cómo han reaccionado los hombres frente a esta liberación de las mujeres?
“Mira, este segundo libro surge, de alguna manera, como una forma de congraciarme con ellos. Después del primero, del príncipe que se convirtió en sapo, y toda esa verdad revelada sobre las mujeres –que somos autónomas, que podemos terminar nuestras relaciones y martimonios- quedó claro que esto ha sido un golpe de realidad muy duro para los hombres.
““Descolocados” quiere mostrar el otro lado de la moneda, cómo quedaron los hombres después del cambio de las mujeres”.

-Dices que están perplejos, inmovilizados, asustados, olvidados…
“Sí, y están juntando malestar, están enrabiados, sienten dolor. Al escribir este libro me fui dando cuenta que había una cosa profunda; cuando las mujeres nos separamos y los dejamos, ellos, de partida, simplemente no lograron entender qué es lo que pasaba.
“Hay algunos que todavía están confundidos, pero depende de la edad que tengan; no es lo mismo uno de 30 que uno de 50 que fue formado de manera diferente. Después de esa primera etapa, la confusión, viene la rabia, la ira y luego, la pena porque sienten que todo lo que han hecho no valió la pena, que lo que les enseñaron sus padres no les sirvió de nada y su futuro es completamente incierto.
“Las mujeres no sólo hemos conquistado poder, sino que además tener un relato, una historia de lucha contra la discriminación y la violencia que contar, pero los hombres no tienen ninguna historia. Los hombres han sido los grandes olvidados, en estos años la atención siempre ha estado puesta en ellas; esto ha sido un camino donde la mitad de la humanidad se ha revelado y eso implicó un cambio de las reglas del juego para ellos”.

-En el libro dejas ver que el empoderamiento femenino se ha vuelto contra las mujeres, la anulación de los hombres no las favorece.
“Creo que las mujeres no contamos con un modelo para despegar, para esta famosa revolución; nuestra máxima lucha fue volvernos autónomas, independientes, dueñas de nuestra sexualidad, de nuestra vida y como no teníamos un modelo, de forma instintiva nos quisimos parecer a los hombres y nos volvimos seres competitivos, que buscan el éxito, y en lo afectivo nos volvimos no tan dependientes y quisimos armar nuestra vida sola, incluso al extremo de que hay mujeres que hoy compran espermios en California y tienen sus hijos sin un hombre al lado por diversas razones.
“Las mujeres nos convertimos en los nuevos hombres, nos olvidamos de lo que significa ser mujer, de que lo que necesitamos tiene que ver con la sensibilidad, de las relaciones en pareja y eso se nos volvió en contra. Tal al punto que hoy hay mujeres que me reconocen que no saben si este empoderamiento no se les va a volver en contra, si no va a llegar el minuto en que las mujeres tengamos que empezar a ‘mantener’ a los hombres, ser las proveedoras”.

-En esta revolución, le pedimos a los hombres que se conectaran con su lado femenino y surgieron los metrosexuales. Tú hablas de neomasculinidad, ¿Qué es eso?
“Tiene que ver con una búsqueda; el hombre ya no puede ser ni el Rambo, ni el que toma mucho con sus amigos, ni el guatón parrillero, ni el futbolero y todo acompañado de ser sensible, conectado con las emociones. Entonces esta nueva masculinidad tiene que ver con el hombre que quiere tener una conexión con sus hijos, que se protege mucho en ellos porque todo el resto lo amenaza”.

-En el libro los describes como los hombres que se ponen raros, que tienen días en que nadie sabe lo que les pasa…
“Sí, son los tipos con los cuales cuando te vas a la cama te dicen ‘no, hoy me duele la cabeza’. Todas las excusas de las mujeres cartuchas de antes las están empezando a usar los hombres ahora. Está este hombre sensible que nos atiende en la casa, pero las mujeres siguen queriendo al hombre potente, entonces, todo es bien raro. Surgió un nuevo hombre, pero la mujer no sabe cómo contenerlo”.

-En el plano sexual es donde las mujeres se pusieron más exigentes, ¿es donde están perdiendo más?
“Exactamente. Las mujeres hoy son exigentes porque tenemos puntos de comparación, los medios de comunicación nos dicen qué es bueno y qué no. Me he preguntado por qué todo este boom de la literatura erótica, todo esto de Christian Grey, y eso tiene que ver con esta nueva mujer. Mientras los hombres hoy quieren hacer el amor con una buena conversación después, las mujeres piden un ‘touch and go’, y como estamos tan competitivas, empezamos a pedir una sexualidad mucho más invasiva que te exorcice de todos tus demonios; quiere ser dominada porque ese ser, ese hombre tipo Grey, que está en extinción”.

-Hablas de la reina Alfa que se puede satisfacer sola en todos los planos y se enfrenta a algunos hombres que le dicen ‘bueno, cuál es tu gracia’ como diciendo qué hay en ti que me pueda interesar.
“Es cruel, nos hemos creído mucho este cuento de ser autónoma, proveedora, y eso a los hombres les resulta cero atractivo porque eso es lo que ellos han venido haciendo por siglos. O sea, fundar empresas, traer el mamut a la cueva, tener el auto más grande, lo han hecho siempre y no los sorprende, entonces cuando se enfrentan a una mujer que es independiente, tiene su casa, un departamento en la playa, y se creen buen partido, eso para él no significa nada. Salvo que sea un tipo interesado, los hombres siguen buscando una mujer que tenga su gracia, no buscan otro hombre”.

-Ahí las mujeres tienen todas las de perder. No sólo hemos dejado roles, los negamos, como cuentas, ya no cocinamos en la etapa de la conquista, aunque sepamos hacerlo, para que él no se le ocurra imaginar que lo vamos a hacer en el futuro.
“Pero es que tenemos una cadena de mujeres detrás, una madre, una abuela, que nos han dicho desde chica que cuando grande debemos ser independientes y no dejar que nunca, nadie, nos ponga el pie encima, que vamos a ganar nuestra plata y por lo tanto, no vamos a plancharle la camisa a nadie. Las mujeres generamos una suerte de negación frente a la mujer doméstica, frente a ciertos roles de la casa y hoy los hombres no entienden porque ahora se preguntan si estamos convertidas en unas flojas. La mujer que tienen al frente no es como la mamá, que los esperaba con la sopa servida, al contrario, los esperan enojadas”.

-Otra de las pérdidas tiene que ver con los hijos, un reino que nos cuesta entregar. Pero hoy los hombres quieren estar en ese mundo.
“Sí, la están peleando. Los hombres no han ganado nada con la revolución femenina, sólo perder. Perdieron la batalla del proveedor, del dominador en el sexo, de conquistador y la única ganancia tiene que ver con los hijos. Por lo mismo, lo están peleando y se han encontrado con la misma resistencia que las mujeres cuando descubrimos el mundo laboral. Así como a nosotras nos cuestionaron en el trabajo sobre cómo teníamos que hacer las cosas, ésta es la misma pasada de cuenta que estamos haciendo las mujeres a los hombres en relación a cómo deben cuidar a los hijos; no los dejamos hacer.
“Es bien crítico porque ellos dicen que nosotras queremos que estén en la casa, pero no les damos el espacio y lo están peleando. Y lo más doloroso viene cuando nos separamos, porque sus hijos no los critican y cuando se van, para ellos es difícil. Algo habrá que hacer para que los hijos no se transformen en moneda de cambio y los tribunales están lleno de hombres que la están peleando. Ellos están juntado malestar y falta poco para la revolución masculina.
“En este plano, los hombres tienen mucho más que ganar que las mujeres porque nosotras somos culposas por naturaleza, no lo pasamos bien, vivimos cansadas, en cambio, ellos tienen la estabilidad para llegar y tirarse al suelo a jugar con ellos; tienen un territorio que ganar mucho más grande y ellas se sienten marginadas porque están preocupadas de las tareas”.

-Medio serio, medio en broma, algunos reclaman por un ministerio de los hombres, el Sernama. ¿Tan arrasados se sienten?
“Medio en broma y medio en serio lo escuché, pero fuera de broma, si entras a la web del Sernam todas las políticas están orientadas en la situación de las mujeres, en ser vistas como las débiles. Es cierto que hay femicidios y otro tipo de violencia, pero no se ha visto una preocupación de los hombres. A lo mejor ha habido por siglos mucha violencia física de los hombres hacia las mujeres, pero hoy nosotras aplicamos mucha violencia psicológica sobre ellos, hay una pasada de cuenta de las mujeres a los hombres por cómo fueron los antiguos machos con nuestras madres y abuelas. Nos sentimos con el derecho de hacerlos pagar con la máxima tasa convencional y retroactiva”.

-Todos los cambios socioculturales que se mueven en péndulo, llevan a los extremos. Tú afirmas que las mujeres vivimos el fin de la utopía feminista, que estamos cansadas, solas y amargadas.
“Sin buscarlo, sin quererlo, hombres y mujeres nos hemos ido distanciando. El feminismo no sólo generó una herida en ellos, sino también en las mujeres; de alguna manera al empoderarnos nos convertimos en los nuevos hombres, cosa que ellos no lograron sintonizar; nadie se sentó a escuchar a nadie y eso ha generado una situación de mucha soledad para las mujeres.
“Algunas dicen que la revolución femenina fue necesaria, había que hacerla pero se nos fue de las manos, porque como dije no teníamos una fórmula. Las mujeres están más deprimidas, cansadas y más solas, las cifras de mujeres solteras son tremendas en todos partes y los hombres ven que así como nosotras lo hemos podido hacer, ellos también pueden y nos vamos a encontrar con un número creciente de ellos que van a formar sus propias familias solos comprando óvulos y teniendo vientres de alquiler, cuestión que lo piensan hasta los heterosexuales.
“Mi apuesta es, okey, han pasado 60 años de la revolución femenina, 50 desde la píldora anticonceptiva y ¿no sería bueno sentarnos a ver si estamos contentas? Hablo de la utopía feminista porque, sí, logramos salir a trabajar e independizarnos, pero es eso liberación, autonomía o simplemente poder adquisitivo, porque en todo el mundo el poder sigue estando en manos femeninas. Andamos en autos grandes, con tacos altos y tenemos una Presidenta mujer, pero ¿tenemos poder?”

-¿Quién tiene que ceder, para que tu tercer libro sea “Mejor juntos de nuevo”?
“¿Ceder o complementarnos? Me gustaría más que esto sea complementariedad, que la nueva revolución de los hombres sea también nuestra: hombres y mujeres debiéramos unirnos y apoyarnos más, porque toda esta sensación de soledad que sienten es porque cada uno vive por su lado. Las mujeres, en este cumplir tantos mandatos como estar regias, ser exitosas, nos hemos olvidado de los hombres cuando en el fondo los queremos y los hombres están cabreados de las mujeres de ahora, entonces también andan por su lado. Mi apuesta es que nos caiga la teja y nos volvamos a juntar”.
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