Joven publica fotos desnudas en respuesta al “revenge porn”

Emma Holten se expone voluntariamente desnuda para concientizar que el cuerpo femenino no es un objeto sexual. Especialista afirma que quienes sufren este ataque requieren reparación.

14 de Enero de 2015 | 09:37 | Por Fernanda Villalobos Díaz
 En 2011, la danesa Emma Holten fue víctima de “revenge porn”, un tipo de venganza sexual en la cual, ex parejas suben fotografías o videos de personas desnudas sin su consentimiento a la web. En la mayoría de los casos lo hacen, luego de una ruptura o una infidelidad.

A raíz de ello, esta joven de 20 años creó una campaña en contra de la “porno venganza”, fotografiándose desnuda, pero bajo su voluntad, haciendo cosas cotidianas en su hogar, como lavándose los dientes, echándose crema en la cara o leyendo un libro. Incluso una de ellas muestra una cicatriz en su pierna.

Sus imágenes, que tienen un sentido artístico, fueron tomadas por la fotógrafa Cecilie Bødker y publicadas en el sitio “Friktion Magasin”, una revista danesa “para el sexo, cuerpo y cultura”. Ella contó su historia en una columna en la plataforma online de activismo femenino “Hysteria”.

“Los hombres que veían mis fotos sabían que era contra mi voluntad, que yo no quería estar ahí. La falta de mi consentimiento les resultaba erótica, disfrutaban de mi sufrimiento. Saber que eso les excitaba me hacía sentir como si tuviera una soga alrededor del cuello”, cuenta en su columna.

“Es un acto de activismo, para crear conciencia, para subrayar la cantidad de gente que ni siquiera ve la diferencia entre una imagen compartida con o sin consentimiento”, agrega.

En el texto cuenta que una mañana de octubre no pudo acceder ni a su e-mail ni a su cuenta de Facebook. Sin embargo no le dio importancia ya que solía olvidar las contraseñas. Cuando pudo entrar tenía cientos de mensajes y correos electrónicos con imágenes de ella desnuda en la habitación de su ex novio.

“Me convertí en las decenas de miles de personas que entran a la industria del porno sin su consentimiento y pensé: ‘¿Qué tan malo podría ser?’ Probablemente los chicos en la escuela lo encontrarían gracioso y lo comentarían por unos 10 minutos. Fue humillante, obvio, pese a que nunca me he sentido avergonzada de mi cuerpo o mi sexualidad. Sin duda que quise que nunca hubiese sucedido, pero no pude imaginar los próximos dos años en la escuela (en Uppsala, Suecia)”, escribe.

La sexóloga Constanza del Rosario explica que las personas que se enfrentan a estas situaciones muchas veces lo evidencian como si fuera un abuso sexual.

“Se sienten violentadas y agredidas por parte de alguien con quien tuvieron un vínculo, lo cual agrava el trauma porque hay una irrupción de su intimidad contra su voluntad”, dice.

Pasaron las semanas y los mensajes seguían apareciendo en sus redes sociales y web junto a otras víctimas de revenge porn, mujeres que nunca quisieron que sus fotografías fueran publicadas y que nunca quisieron la atención de más de una persona que no fueran sus parejas.

Algunos de los hombres que le escribieron, que por cierto eran de todo el mundo, preguntaban si sus padres sabían que era una prostituta. “Ellos disfrutaban de mi sufrimiento, la ausencia de mi consentimiento lo encontraban erótico”, comenta y agrega: “Una cosa es ser sexualizada por gente que te atrae, pero una cosa muy distinta es la falta de un ‘tú’, cuando la deshumanización del cuerpo es el factor principal”.

“Me di cuenta que si hubiera sido una modelo cuya función es sexualizar, habría sido de poco interés. Mi cuerpo no fue el factor atractivo, además vi que mi pérdida de control legitimó el acoso. Era una mujer caída que cayó en el juego de nadie”.

Bajo este punto, la sexóloga indica que aquellas personas que fueron violentadas de esta manera deben ser tratadas igual que a las personas que son abusadas y violadas. “Lo que se tiene que trabajar es el trauma para que vuelva a retomar la confianza y autoestima porque la seguridad se ve trastocada y la sensación de vulnerabilidad aumenta”, asegura.

La inspiración

Ya cansada de su situación y de las miles de mujeres que son utilizadas como un objeto sexual, Emma comenzó a publicar una especie de propias “creepshots”, un fenómeno mundial en donde le sacan fotografías a los pechos y traseros de las mujeres sin que ellas se den cuenta, para ver cómo se comportan los hombres al ver estas imágenes.

Pese a que los hombres no sabían que eran a propósito, igual les generaba una cierta excitación y en su mayoría preguntaban dónde se podían conseguir más fotos de la mujer.

“Las feministas a menudo somos señaladas y ridiculizadas por nuestra crítica a los piropos, la sugestión es que no podemos manejarlo. Por supuesto que podemos, más bien nuestra crítica se dirige a cómo se posiciona el cuerpo de la mujer en los espacios públicos y se trata de un objeto para ser sexualizado, incluso si está trabajando, esperando un taxi o recogiendo a sus hijos. Se trata de una notificación de que, lo que sea que esté haciendo, una persona pasa y la sexualiza”, manifiesta.

Lo que Emma busca con sus fotografías consensuadas es una participación activa de las mujeres en la deshumanización del cuerpo femenino ya que cree que los hombres no se excitan viendo una foto artística de una mujer desnuda, sino que lo hacen cuando es “clandestina”.

Al contactarse con Cecilie Bødker y explicarle la idea que tenía, la fotógrafa le dijo que hacer imágenes de mujeres desnudas sin que a los hombres les llamara la atención y sexualizarla como un objeto era casi imposible.

Pero le dieron una oportunidad y probaron. Efectivamente no tuvo gran repercusión ni la misma viralización que las fotos publicadas por su ex novio.

“Las fotos son un intento de hacerme un tema sexual en lugar de un objeto. No me avergüenzo de mi cuerpo, pero es mío. El consentimiento es clave. Así como la violación y el sexo no tienen nada que ver entre sí, las imágenes compartidas con y sin consentimiento son cosas completamente diferentes”, afirma.

Cómo funciona en Chile

Varios han sido los casos donde mujeres han sido víctimas de fotografías privadas subidas a internet, como la actriz Javiera Acevedo, la abogada Macarena Venegas y la periodista Alejandra Álvarez.

La Brigada del Cibercrimen de la Policía de Investigaciones recibe a diario decenas de denuncias sobre vulneraciones de la vida privada de personas en la web. En otros países se ha legislado específicamente sobre este acto.

En Chile estas violaciones se condenan en el Ministerio Público bajo el artículo 161 a del Título III: “De los crímenes y simples delitos que afectan los derechos garantizados por la Constitución” del Código Penal. Según el artículo, a las personas se les “castigará con la pena de reclusión menor en cualquiera de sus grados y multa de 50 a 500 Unidades Tributarias Mensuales al que, en recintos particulares o lugares que no sean de libre acceso al público, sin autorización del afectado y por cualquier medio, capte, intercepte, grabe o reproduzca conversaciones o comunicaciones de carácter privado; sustraiga, fotografíe, fotocopie o reproduzca documentos o instrumentos de carácter privado; o capte, grabe, filme o fotografíe imágenes o hechos de carácter privado que se produzcan, realicen, ocurran o existan en recintos particulares o lugares que no sean de libre acceso al público”.
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