Yann Yvin no cree que las chilenas sean brujas e hinchapelotas

El chef francés dice que cuando las chilenas quieren seducir "usan todas sus armas".

11 de Marzo de 2015 | 11:13 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Rubén García, El Mercurio.
“Necesito comer la vida”, así explica Yann Yvin (49 años) su alma patiperra y lo que lo motivó a aventurarse hace 18 años a dejarlo todo y venirse con su pareja, Valerie Flat, desde Francia hasta Chile, sin saber hablar una sola palabra en español y con una guagua de apenas 3 meses, Valentine.

El chef, procedente la hermosa región de Bretaña, al norte del país galo –un lugar celta y cuna de leyendas como la del rey Arturo-, se reunió con nosotros para conversar  en la amplia cocina de su casa en Chicureo.

Esta semana, junto a su colega Tomás Olivera, comenzó una gira por Chile para impartir clases gratuitas de cocina en los maLl Portal, hecho que aprovechará para conocer más del país que lo acogió y que lo convirtió en un admirado personaje televisivo, no solo por sus mordaces críticas como jurado en “MasterChef” –sin reparos en calificar con garabatos los platos de los concursantes, aunque su acento francés le daba cierta gracia a los improperios-, sino que también por su encanto, que terminó por enamorar a más de una televidenta.

A esa mujer que esperaba paciente las frases del cocinero de pestañas crespas, le dedicamos esta entrevista en la que indagamos qué enamora a Yann, qué piensa de las chilenas y cómo se utiliza la cocina para conquistar.

-Con casi dos décadas en el país, ya te habrás hecho una idea de cómo es la mujer de aquí, ¿no?
“Cuando escucho a los hombres chilenos hablar de las chilenas, siempre dicen que son unas brujas y unas hinchapelotas, que ahogan mucho a la pareja, pero  las encuentro simpáticas. Son mucho más cariñosas que las francesas, por ejemplo, abrazan más; son muy de piel y eso es muy sensual. También las encuentro muy valientes, no tienen problemas en apechugar. En mis restaurantes he tenido muchas mujeres trabajando, que son solteras con hijos y sacrifican todo para llegar a la casa con plata y darle toda la educación a sus niños. Esa es una fuerza interior que supera a la de los hombres, a los que las mujeres chilenas critican de mamones”.

-Muy lindas palabras, pero ¿saben conquistar?
“Cuando quieren seducir utilizan todas sus armas y lo pueden lograr fácilmente. Pero también depende del nivel cultural. Claro que me encanta conversar con una chica que le gusta el vino, con la que pueda compartir alrededor de un buen picoteo y que no vayamos a caer en una piscola”.

-O sea, que para ti, el tema va en la cabeza, en la conversación…
“Es que la cabeza es un arma. Una vez que no hay más municiones, las otras armas no sirven. Siempre una mujer va a seducir con su sonrisa y su verdadera personalidad. Siempre me he preguntado por qué algunas mujeres se ponen un montón de silicona. Hablando con los hombres, nunca he visto a uno feliz de acostarse con un barco inflable. A la mujer que se queda entera natural, le va a ir mucho mejor”.

-¿Y si la pareja se empieza a fijar en las jóvenes de cuerpo perfecto, no sirven los retoques para competir en igualdad de condiciones?
“Eso es falso. Si un hombre cambia a su mujer no es por falta de bótox o silicona. Si algo se rompió en la pareja es por un asunto totalmente distinto y no tiene que ver con la apariencia. Puede haber agotamiento por una convivencia compleja después de tantos años, necesidad de frescura, pero no en el sentido del físico, sino que de conversaciones, de energía…  Claro que él se puede calentar con una chiquilla de 25 años, pero son calentamientos no más. Si se va con ella, bueno, muchas veces va a regresar”.

“Los afrodisíacos son un mito”

Hace 23 años que Yann se enamoró de Valerie, una ingeniero comercial que conoció en unas vacaciones en Marruecos, caminando por la medina, entre los miles de colores de las especias, cueros y arquitectura que ofrece ese país del norte de África.

Mujer aventurera, no dudó en venirse con Yann y Valentine a Chile, donde dos años después nacería el segundo hijo de la pareja, Adrien Nahuel Alukemapu (16), nombre escogido por Valerie y el chef “para que recuerde, si se va a otro lugar, que nació aquí en Chile”.

-¿Conquistaste a Valerie a través de la cocina?
“No. Nos conocimos en unas vacaciones en Marruecos. Creo que lo primero que le regalé no fue un ramo de flores, sino que un ramo de calabazas, de todos los colores y formas. Después, claro, salió el chef y ofrecí lo que tenía sobre la mesa”.

-Hoy, que es común que todos manejen al menos un plato especial para cocinar o saquen al chef que lleven dentro, ¿sirve para enamorar?
“Sí, pero en el siguiente sentido: los cocineros tenemos una sensibilidad bien afinada con los sentidos. Considerando la cocina como un arte, este es el único donde todos los sentidos entran al juego. A los cocineros nos gusta tocar, oler, saborear con todos nuestros poros. Y eso lo podemos transmitir a la persona que está frente a nosotros”.

-Pero, ¿basta un plato de cocina entonces?
“Prefiero empezar a cocinar con la persona, que decirle ‘ven y siéntate a comer’. La cocina va más allá de eso; es sensual cocinar juntos, compartiendo una copa de champaña mientras”.

-¿Existe la comida afrodisiaca?
“Es un mito. Creo mucho más en dos copitas de más para que todo el mundo se ponga alegre. Pero hay que conocer la dosis perfecta para cada uno y no pasarse, para no caer en el lado oscuro. Si no, no sirves de nada”.

-¿Cómo te terminó por enamorar Valerie?
“Para mí, todo empezó con pura sonrisa, de oreja a oreja, y mirada. Después, el resto fue descubrir. Yo soy feliz con una sonrisa autentica, única y natural. Ahí me conquistas”.
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