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Eduardo Sorensen, el testigo submarino de la destrucción del mar chileno

Como fotógrafo especializado, ha conocido las profundidades de distintos océanos y mares, pero destaca con preocupación el caso de las aguas chilenas. Mira qué le contó a revista Viernes.

21 de Mayo de 2016 | 08:34 | Por Natalia Ramos Rojas, revista Viernes.
Lo que comenzó como un curso de buceo de verano definió la pasión de Eduardo Sorensen (39), uno de los fotógrafos submarinos más experimentados del país. Se sumerge para traer a la superficie un catálogo de especies que los terrestres jamás podremos ver. Explorador de varios mares, ha palpado la biodiversidad en aguas de Estados Unidos, Australia, el Caribe y las Islas Canarias, pero en ninguna ha visto el nivel de destrucción que hay en Chile. “Si se secara la costa y se mostrara el desastre, sería escandaloso”, dice.

-¿Qué te motivó a fotografiar el mar?
Cuando tenía 16 años hice mi primer curso de buceo, en la zona de Algarrobo y El Canelillo. Tuve mucha suerte porque vi una raya y fue increíble. Sentí al tiro la necesidad de registrarlo. Dije: “Esto hay que dejarlo documentado”. El impacto con el mar fue inmediato. Cuatro años después comencé a sacar fotos submarinas porque quería, justamente, mostrar lo que había bajo el mar, que estaba tan escondido.

-¿Cuáles fueron tus referentes en un área poco explorada en Chile?
Fotografía había, pero poco. El viernes pasado murió el doctor Alfredo Cea, uno de los primeros en registrar documentación marina en Chile desde los años 60. Tuve la suerte de conocerlo y armamos una relación muy bonita porque me apoyaba harto con las fotos. Había poca difusión porque nuestro mar tiene cosas coloridas, bonitas, de formas bien interesantes pero que no son de interés comercial. En Chile sí hay un estudio importante del mar pero relacionado a la industria o a las especies de interés comercial, pero había un montón de otras especies que se pasaban por alto y no había registro.

-¿Sientes la responsabilidad de formar ese registro antes de que esas especies puedan desaparecer?
Sí, existe la sensación de estar en una posición privilegiada para ver y registrar un paisaje submarino que quizás a futuro no esté o no se pueda ver por la contaminación. Por otro lado, siento la responsabilidad de hacerlo bien. Cuando uno enfrenta la fotografía trata de salir de la documentación científica, del pez entero y de lado por ejemplo, para tratar de darle un enfoque más artístico y destacarlo de manera tal que la gente sienta una conexión con esa especie, o con lo que se está viendo bajo el agua. Aunque también he tenido la oportunidad de estar en el sur y registrar lo feo, que creo que también es importante hacerlo.

-¿Y qué es lo feo?
La basura de la salmonicultura. El 2010 estuvimos en el estuario de Reloncaví, ahí pude ver fondos muy contaminados y restos de basura. Es chocante, el impacto es muy fuerte. Conocer un mar limpio y ecosistemas de fiordos que están intactos para de repente encontrar estructuras de fierros, cables, neumáticos, bolsas de alimento… todo en el fondo del mar, es chocante! Cerca de San Pedro, en Chiloé, buceamos después de la crisis del virus Isa y encontramos jaulas enteras hundidas. Era un basural, el mar era un vertedero sin ninguna conciencia. Es una visión retrógrada: puedo hundir las cosas y así no se ven. Ahora ha explotado el tema de la salmonicultura, pero la verdad es que a lo largo de todo Chile se encuentran lugares depredados y sobreexplotados en los que queda muy poca vida, con rocas peladas en las que debería haber organismos. Ese es un mal de Chile en general, la sobreexplotación es grave. El problema pasa, en gran parte, porque no se ve y como está bajo el agua es difícil mostrarlo, pero si se secara y se mostrara el desastre sería escandaloso.

-¿A qué crees que se puede deber ese maltrato o esa falta de cuidado con el mar?

Continúa leyendo la entrevista en revista Viernes.