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Construir sobre mi padre: ¿Qué harías si te designan como proyecto destruir el trabajo de tu papá?

Alberto Moletto es arquitecto, igual que su padre. Y ganó un concurso para diseñar una facultad, sin saber que su edificio estará en donde hoy se encuentra uno de los proyectos de su padre. Esta es la historia.

17 de Junio de 2016 | 15:48 | Natalia Ramos y Alejandra Parada, revista Viernes.
Alberto Moletto (41) tuvo la respuesta a mediados de diciembre del año pasado. La Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica, en conjunto con la Dirección de Infraestructura de la PUC y la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), habían convocado a un concurso para el diseño del nuevo edificio para esta facultad, en Lo Contador. Entre los requerimientos de la convocatoria había un principio claro: el nuevo edificio se emplazaría en el sitio que hoy ocupa un pabellón prefabricado, ubicado en la calle Los Navegantes, que alcanza un pequeño espacio de la esquina de Álvaro Casanueva y que, actualmente, alberga a los profesores del campus. Entre 35 propuestas, la presentada por los arquitectos Alberto Moletto y Sebastián Paredes fue la ganadora.

Tras conocer la noticia, Alberto Moletto Rodríguez llamó a su papá, Alberto Moletto Risi (80), también arquitecto, ex alumno y ex trabajador de esa facultad. Tras las felicitaciones, la conversación telefónica trajo una revelación totalmente inesperada para el hijo: el pabellón que tendrían que derribar para edificar su proyecto fue uno de los primeros trabajos que realizó su padre, cuando él ni siquiera había nacido.

Provisorio, por 50 años


Vista desde Alvaro Casanueva, sólo parece una casa con techo de madera. Desde Los Navegantes, esta construcción blanca y precaria se alarga y alcanza casi la mitad de la cuadra. Lo que un transeúnte común y corriente ignora, pero que todos los que han pasado por Lo Contador saben, es que ese pabellón fue diseñado por el arquitecto Humberto Borgheresi Ramírez y es un testigo clave de la formación de este campus, desde que era sólo un predio de 15 mil metros cuadrados libres, a los pies del Cerro San Cristóbal, con una casa patronal campestre. La universidad compró el fundo en 1958, concretando así el plan del arquitecto Sergio Larraín García-Moreno de emplazar en ese lugar la escuela de Arquitectura, de la cual él era director.

Pero no pasaron más de cinco años cuando se hizo necesario adaptar el entorno para albergar, en el mismo terreno, a los estudiantes de Arte y Diseño. La misión de ubicar a estos alumnos, mandatada por Larraín García-Moreno, recayó en el arquitecto Horacio Borgheresi, profesor del campus, quien en esos años lideraba también un innovador proyecto académico: el departamento de Prácticas Profesionales, un espacio en el que los alumnos de quinto año podían iniciarse en el oficio, realizando trabajos para la universidad, pero también para iniciativas privadas. Lo que ganaban como oficina lo entregaban a la universidad, porque dependían de ella, pero los excedentes eran destinados a los alumnos que se quedaban trabajando en el desarrollo de proyectos con el profesor Borgheresi.

En sus inicios éste era un pequeño grupo, entre los cuales estaba Alberto Moletto Risi. “Nos llamó a mí, a Jaime Bertrand, a Eduardo Zegers y a Ernesto Labbé. Nos iba bien en arquitectura y nos convocó porque formábamos algo especial, supongo”, recuerda hoy Moletto Risi, sobre la formación inicial de este equipo, que comenzó ocupando una sala muy pequeña en la casa de Lo Contador. Junto a este equipo de trabajo, y gracias al parentesco político que tenía con Renato Simonetti, dueño de la maestranza Cimet, Borgheresi desarrolló la propuesta para ubicar a los alumnos de Arte y Diseño: utilizó el mismo sistema de paneles y estructuras metálicas que había ocupado para diseñar unas viviendas sociales prefabricadas, pero esta vez para levantar dos pabellones en Lo Contador. “Yo estuve involucrado en ese proyecto porque era el brazo derecho de Borgheresi. Dibujé los planos de los edificios, pero no firmé como arquitecto”, comenta Moletto Risi.

Con estos dos pabellones prefabricados, se realizó la primera densificación del campus Lo Contador, en 1962. La solución fue concebida de manera tan transitoria que ni siquiera se pidieron los permisos de edificación a la Municipalidad de Las Condes, comuna que en ese entonces tenía el dominio de ese sector. Así, junto a las escuelas de Arte y Diseño, se instaló el Departamento de Prácticas Profesionales, lugar en el que Alberto Moletto Risi se quedó trabajando por más de 13 años.

“Es un lugar que, emocionalmente, es muy importante para mí. Ahí hice grandes amigos, trabajos muy bonitos, interesantes. Era una época en la que la universidad se vivía muy intensamente, con una concepción muy distinta de la docencia. Era la primera vez que se hacía una iniciativa así, fue muy vanguardista en su momento”, recuerda Moletto Risi, del departamento que, tras el golpe militar, tuvo una intervención paulatina que terminó con él renunciado en marzo de 1975.

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