Blog de pareja: Saber lo que le transmites al otro es fundamental para la felicidad

Muchas veces nuestros patrones de conducta nos llevan por caminos totalmente contrarios de los que buscamos. La coach Cristina Vásconez invita aquí a conocerlos, desarticularlos y así lograr ser felices de a dos.

23 de Junio de 2016 | 11:46 | Por Cristina Vásconez
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"No necesito que nadie me mantenga, que nadie me dé nada, y no entiendo cómo él es incapaz de entregar tan poco, ni siquiera apoyarme en cosas prácticas". Más o menos fue ésa la queja inicial que Laura declaró en mi consulta, decepcionada al mirar que su actual relación no iba a ningún lado. Habían pasado muchos años desde su separación, con cuatro hijos a los que educó y encaminó prácticamente sola, ya que el padre en cuestión habría brillado por su ausencia. Y concentrada en la crianza y en producir para sacar adelante a la familia, casi había abandonado la idea de volverse a emparejar. Pero, dado que los chicos ya eran grandes, vio con buenos ojos a este galán que la estaba conquistando. Sin embargo, al cabo de un tiempo y ya viviendo juntos, sorprendentemente advirtió que no era feliz.

Más allá de lo que puntualmente pueda suceder en una relación, cargada con las historias de ambos, lo que quiero destacar aquí es que, muchas veces, no reparamos en el impacto negativo de nuestros patrones de conducta, aquello que denominamos "nuestra personalidad" y lo que provoca en el otro.

Entendiendo que las razones de éxito o fracaso de una relación son múltiples y compartidas, me parece oportuno observar sobre qué es aquello que se transfiere al otro, y que al ser invisible e inconsciente, se hace difícil identificar sus consecuencias.

Fina Sanz, psicoterapeuta, sexóloga y pedagoga española, en su libro "Los vínculos amorosos" (Kairos), plantea que las mujeres aprenden a amar para -y desde- la fusión, y en cambio, los hombres para -y desde- la separación. Propone que existirían tres modelos de tipologías de parejas:

- Modelo de inclusión: el tipo de pareja en donde uno se siente asumido por el otro. Respondería a un modelo de roles cercano a las relaciones tradicionales, en donde se establece una jerarquía y se estimularía la dependencia.

- Modelo fusional utópico: que se distingue por ser idealizado, en donde se coincide en todo. Aquello que se da principalmente en la etapa del enamoramiento y que algunos luchan por perpetuarlo como forma de vida. Tiende a conllevar al cambio constante de pareja dada la insatisfacción a la que se llega por la búsqueda de perfección perenne.

- Modelo de interdependencia: en donde se combina el espacio personal de cada miembro de la pareja, con el espacio común compartido. Plantea una relación igualitaria y horizontal, donde se es "persona" antes que "pareja", y el criterio es "saber estar con el otro". Una mezcla de seguridad afectiva y sentido de la libertad.

Cambiar un patrón no es fácil, ya que vivimos en una estructura social que nos hace participar en algún tipo de orden del que no parece posible excluirse. En gran medida los mandatos suelen colarse en nuestra psiquis y van haciendo parte de nuestra identidad. Desde la perspectiva sicológica, la elección de un patrón particular se inicia en las edades tempranas, colaborando en esto también el ambiente familiar que permea con un cierto tipo de juicios por sobre otros.

No existe un único orden social sino un conjunto de ellos que, a manera de menú, permite que los distintos individuos se adapten a uno específico, dependiendo de una predisposición marcada por su personalidad. De esta manera, es que algunas mujeres responden al patrón de la autonomía de vida, otras a la estructura conservadora familiar, otras a la libertad sexual, y así, cada una irá ajustándose a un relato que vivirá, inconscientemente, creyendo que la realidad es así.

Cada una de estas construcciones contiene a su vez, reparos desde la perspectiva del grupo restante, quienes no necesariamente compartirán dicho pensamiento. Es muy probable que la mujer contemporánea rechazará las actitudes sumisas que lea en aquellas conservadoras, quienes a su vez, juzguen negativamente a todas aquellas que hagan más evidente su derecho a vivir plenamente su libertad sexual.

La pregunta es ¿por qué el tener ciertas preferencias puede generar costos al momento de relacionarnos? ¿Será posible que nuestras inclinaciones tengan un efecto boomerang y sean un impedimento para enamorarnos? ¿Qué tanto estamos conscientes de estos obstáculos?

Laura se sentía orgullosa de sus logros, satisfecha porque todo su esfuerzo había rendido frutos en beneficio de su grupo familiar. Lo que ella no había percibido era justamente, que esa autonomía desarrollada para sacar adelante a sus hijos y que había calado profundamente en su personalidad, constituiría, al momento del amor, un arma de doble filo.

Desconocemos que nuestras estructuras de personalidad se muestran en cada detalle de nuestra vida, en las decisiones, en el hablar y hasta en el movernos. Así, la mujer que está acostumbrada a operar sola -siempre que no tome nota previamente- funcionará de manera consecuente al momento de conectarse con un otro. Tomará decisiones desde sí misma, establecerá sus prioridades y tenderá a mantener el mismo estado de autonomía por sobre cualquier otra situación. En una relación de pareja no notará que su piloto automático la lleva a sostener el mismo estilo, que le impedirá compartir y a saber pedir. En otras palabras, la dificultad de generar un espacio donde quepa un "nosotros", más allá de mantener la individualidad de cada uno.

O el otro extremo, aquellas mujeres cuyo patrón las hace privilegiar la estructura, con roles establecidos por la sociedad, su coherencia las llevará a vivir en el statu-quo que establece el modelo jerarquizado y de dependencia, ya sean grupos familiares o amistades, sintiéndose incapaces de actuar por sí solas. Al momento de la conquista, puede que se apresuren en establecer vínculos, entusiastas en coronar una relación que les otorgue el sentido de completitud.

No es fácil ni común saber lo que andamos trasmitiendo, inconscientemente, en la vida, lo que comunicamos en el actuar e incluso, desde el silencio, qué vamos ofertando, ni de la manera como somos recibidos. Un buen ejercicio es, derechamente, preguntar a nuestro alrededor, a esos en quienes confiamos o con los que tuvimos una relación fallida. Algunas de las respuestas que he escuchado, de quienes se atrevieron a indagar, van desde "nunca me diste espacio, no me sentí incluido"; "creas tal distancia que pareces inalcanzable" o "parece que sólo estabas interesada en encuentros momentáneos"

¿Habrá sido esa la intención de ellas? Muy por el contrario, todas aspiraban a relaciones comprometidas y equitativas. Habían logrado justo lo contrario de lo que buscaban.

Toparse con estas verdades fue doloroso, pero también fueron verdaderas gemas que aportaron un caudal de información con el que pudimos trabajar en la consulta, en el provecho de cada una de estas mujeres.

Y tampoco es inocente que no sepamos lo que sucede a nuestro alrededor. En realidad no necesitamos de mucho para leer caras de descontento o los consecuentes rechazos que vamos recibiendo, lo que podría ser razón de más para indagar, pero tendemos a restar importancia al qué dirán, y a convencernos que somos de una manera y simplemente culpamos al resto por sus incompetencias. Dueños de nuestras propias razones nos olvidamos, y es parte de nuestra soberbia humana, que es a través del otro que crecemos, que requerimos profundamente de esa mirada externa para reconocer símbolos que, por nosotros mismos somos incapaces de observar.

Jorge Bucal, escritor y terapeuta gestáltico argentino, en su libro "Las 3 Preguntas" (RBA libros), plantea que "nadie es totalmente independiente, que no es posible prescindir de los otros de forma permanente. Necesitamos de los otros irremediablemente, de muchas y diferentes maneras".

Son muchas las Lauras, Cecilias, Lorenas que han pasado por mi consulta, todas portadoras de algún patrón con el que se han batido en la vida y, trabajando juntas, hemos desarticulado esas estructuras que impedían la felicidad en pareja.

Si usted al leer esta columna le asaltó la pregunta sobre lo que haya estado transmitiendo sin saberlo, no se amilane. La invito a que consulte a su alrededor, confíe en esos ojos amorosos que puedan otorgarle pistas y así, aprender empíricamente la importancia de la mirada ajena para conocernos, que vinculada a nuestro corazón, nos da la oportunidad de alcanzar dimensiones ilimitadas. Practicar esto es, en síntesis, el significado lleno de sabiduría del saludo hindú Namaste: "Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti, de amor y luz, de verdad y paz. Yo honro el lugar dentro de ti donde cuando tú estás en ese punto tuyo, y yo estoy en ese punto mío, somos sólo Uno".

Saludos,

Cristina Vásconez, coach para el amor (cvasconez@puntopartida.cl).
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