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Conmovedor: Historias de perros callejeros alrededor del mundo

Si sumas a todos los perros mascota del mundo obtendrás una cifra aproximada de 250 millones. ¿Has conocido a alguno? ¿Conoces su historia?

11 de Julio de 2016 | 11:58 | Por Michael Roston y Dulce Ramos, NYT
NUEVA YORK.- Si pensamos en todos los perros que hay en el mundo: labradores, caniches y labradoodles; huskies, westies y dogos de Burdeos; pitbulls, spaniels y esos encantadores perros mestizos que van a la guardería canina, se estima que hay cerca de mil millones de perros en la Tierra. Los otros 750 millones no tienen collar antipulgas. Y por supuesto que no tienen dueños humanos que los lleven a pasear o levanten sus heces. Se llaman perros de pueblo, perros callejeros y perros de cría libre, entre otros nombres, y habitan los basureros y vecindarios de casi todo el mundo.

Pero eso no quiere decir que mantengan distancia de la gente.

The New York Times pidió a sus lectores en varios continentes que compartieran sus experiencias con esos perros. Algunos fueron rescatados; a otros, como apariciones, nunca más se les volvió a ver. Todos dejaron una fuerte impresión en quienes nos compartieron sus historias, y en nosotros también.

Chile: Compañía lejos de casa


"El Guatón. Recuerdo la primera vez que lo vi, hace dos años: llovía y la calle Álvarez, donde se encuentra la entrada al metro, parecía un pantano. Allí estaba, con carita feliz y moviendo la cola. Parecía una bola de lodo y pelos. Su imagen se hizo familiar, cotidiana, en mi silencio de emigrante. Me ha acompañado con sus ladridos roncos o con su mirada triste. Él está en la calle; yo, en un país extraño. Somos extranjeros en nuestra soledad y creo que ambos echamos de menos el pasado: él la casa donde vivió; yo, a Venezuela".
Daniuska González González

La India: El perro callejero más consentido del mundo


"Vivía en la India y en el vecindario tenía la reputación de cuidar a los perros callejeros. Un día, un amigo se encontró a una cachorra de dos semanas que había sido abandonada por su madre y estaba gravemente infectada con larvas. Tomé a la cachorra pensando que no lograría pasar la noche, con la intención de llevarla al veterinario por la mañana. El médico terminó dando un buen pronóstico, así que decidí acogerla hasta que le encontrara una familia. Las semanas se convirtieron en meses y no le había buscado con dedicación un nuevo hogar. Ya casi son tres años. Recibió documentos de viaje oficiales de la India e hizo el viaje de Mumbai a Chicago conmigo. Es la perra callejera más consentida del mundo. Incluso me hice un tatuaje con su imagen".
Lauren Dean

Tayikistán: Prohibidos los rescates


"Antes de que llegáramos, estaba firme. Sin importar cuántos animales tristes y abandonados viéramos, de ninguna manera iba a rescatar a alguno. Soy, probablemente, el mayor amante de los animales que conocerán jamás, así que llegar a esa conclusión fue difícil para mí. Teníamos tres mascotas sanas y jóvenes y no podía ponerlas en peligro de ninguna forma".

"Pero entonces Soya vagabundeó por el patio correcto en el momento correcto. Llovía. Estaba lloviendo y estaba oscuro. Llegamos a la casa de un amigo y ahí estaba. Una pequeña cachorrita negra en la lluvia. Había seguido a la gente hasta el patio y se sentó ahí, temblando y con apariencia miserable".

"No requirió de mucha persuasión. Al final de la noche estaba en nuestra casa. Para el fin de semana ya tenía nombre: Soya, que significa ‘sombra’ en tayiko. Ella es nuestra perra callejera permanente".
Kristen Crocker

Venezuela: El perro más feliz del mundo


"Conocí al perro más feliz del mundo: vive en la playa y no tiene dueño. Mi novia y yo le pusimos Lobito, pero al tiempo nos enteramos de que los moradores de Camurí, en la costa de La Guaira, le llaman Guasa. Debe tener sangre de pastor alemán, por su apariencia e inteligencia. Los visitantes de la playa y quiene alquilan los toldos le brindan sobras de comida, y nosotros cada fin de semana le llevamos alimento. Desde que lo conocimos se hizo mejor amigo de nuestra dálmata rubia Blondie y cada vez que nos acercamos a su hogar –una casa pobre frente al mar– corre a besarnos. A diferencia de otros perros solitarios y callejeros, Guasa o Lobito luce muy sano y feliz. Una vez pensamos traerlo con nosotros a la ciudad y adoptarlo. Pero quitarle el mar sería como quitarle el aire".
Daniel Garrido

México: Un guía muy recomendado


"Mi novio y yo visitamos las pirámides de Teotihuacán, cerca de Ciudad de México. En camino a la más alta –la Pirámide del Sol– vimos un perrito negro dormitando en los escalones. Me detuve rápidamente a rascar su cabeza antes de que continuáramos. Cuando alcanzamos la cima y admiramos la vista impresionante, nos dimos cuenta de que el perro se había vuelto nuestra sombra. Nos siguió hasta la cima, se sentó cuando descansamos y bajó con nosotros. Para nuestro asombro, el perro nos guio entonces hacia la siguiente pirámide –la Pirámide de la Luna–. Cuando nos deteníamos, él se detenía. Cuando girábamos, el giraba. Cuando llegamos a la cima de la segunda pirámide sabíamos que debíamos tomarle una foto a nuestro peludo guía turístico".
Carla Schaffer

Sudáfrica: Perro, playa y sol


"Perro vivía en Llandudno, Ciudad del Cabo. El tipo de ciudad donde nadie quiere nada. Menos un perro grande y apestoso como Perro. Perro era una especie de labrador y, a juzgar por su lento andar, quizá tenía diez años multiplicados por siete. Cuando estés en Playa Llandudno, lo verás de pícnic en pícnic, buscando un bocado. Nunca da afecto a cambio y parece totalmente ajeno al toque de unas manos. Perro es sordo a las estridencias de los niños jugando y le es indiferente oler traseros".

"Solo parece ver los atardeceres. Por horas, Perro mira atentamente el camino del sol hacia las olas. Mira al cielo cambiar de azul a naranja, a rosa, a morado, a negro. Entonces se arrastra hacia una colina para esconderse entre las enormes casas, para volver al día siguiente".
León Jacobs

Tailandia: Hacia donde van los cachorros


"A finales de noviembre, un perro del vecindario parió una camada de siete cachorros bajo un árbol en mi patio. Su madre parió a una camada en el patio de al lado y su hermana, a otra a la vuelta de la esquina. A los pocos días, los cachorros empezaron a desaparecer por muerte, negligencia o porque se los llevaron a otra parte. La perra de mi patio cuidó de los cachorros que quedaban de las tres camadas".

"Cuando los cachorros comenzaron a explorar y se volvieron una molestia, mi casera los puso en una bolsa y los llevó al lado de un templo budista a la vuelta de la esquina y no a un área donde los monjes podrían notarlos y atenderlos. Hay una fuerte rivalidad entre los perros de los monjes y estos".

"Algunos fueron adoptados, pero la mayoría han muerto: han sido atropellados, muerto de hambre o han resultado heridos en peleas. Los perros que quedan deben hurgar en la basura".
Rich Ambuske

Argentina: "Si me esperás, te llevo conmigo"


"Un domingo estaba jugando pádel y se acercó un perro, que huía de los guardias de seguridad que no quería su permanencia en el club. Al ver el gran parecido con un perro que yo tuve por 17 años, le dije: “Manti (el nombre del perro fallecido), si me esperás, termino de jugar y te llevo conmigo”. El can, que hoy se llama Benji, por su similitud con el perro taquillero, se sentó junto a mi bolso de paletas y esperó a que terminara el partido. Por su condición de callejero, lo que más me costó fue subirlo al auto ese día para transportarlo a casa y que no saliera corriendo ante la primera reja abierta. Hoy camina suelto por la calle, con la panza llena y el pelo suave. Confiado. Alegre. Me hace feliz".
Elena María Barrandeguy

Turquía: Una ciudad que cuida de sus perros


"Tenemos muchos perros callejeros. En el parque del vecindario viven unos 20 y otros en el sitio de taxis, donde los conductores les han construido refugios. La municipalidad los vacuna de manera rutinaria, los identifica y pone puestos de reciclaje en toda la ciudad en donde, a cambio de botellas vacías, se dispensa comida para perros. Generalmente los vecinos se hacen cargo de ellos. Incluso hay un grupo de Facebook donde podemos conocer lo último sobre nuestros perros del barrio".

"Nuestra mejor amiga es Sofi. Nos sigue por varias horas cuando caminamos por la ciudad. Espera paciente si nos detenemos a almorzar o por un café. Si nos la topamos en el camino al trabajo, camina con nosotros a la estación del metro. No la alimentamos. Es solo una relación de afecto y compañía".
Chiaki Yamamamoto

Uganda: La lección que me dio un perro


"Al visitar la hermosa Uganda, me hice amigo de un perro callejero en Kisoro. Cuando llegué al lago, corrió hacia mi. Con su ladrido me llamó a seguirlo. Caminaba y de vez en cuando se paraba y miraba hacia atrás para ver si lo seguía. Repetía la operación, así que lo seguí. Se detuvo en un muelle a la vuelta de la esquina. Ahí me quedé y él se quedó a mi lado mordiendo mis agujetas".

"Durante el viaje aprendí que la actitud hacia los perros en Uganda es diferente. Los habitantes desdeñan a los perros, pues los consideran una peste que mata a los pollos. Debido a que los pollos son parte indispensable de la dieta, esa visión se justifica. Como un occidental que creció con la idea de que los perros son la mascota perfecta para una familia, conocer este aspecto de la cultura ugandesa me cambió la perspectiva. Tener recursos en una familia para criar perros es un lujo que, aquellos que los tienen, no deberían dar por sentado".
Kelly Hsu

Macedonia: Al basurero por las noches


"Todo comenzó con Annie. Me enamoré de ella al llegar a una pequeña ciudad en Macedonia, donde comencé un periodo de dos años como voluntaria de los Cuerpos de Paz. Había muchos perros callejeros. Algunos eran cautelosos. La mayoría estaban sucios, flacos y tenían cicatrices de peleas o cojeaban por algún accidente. Pero ella vino directo a mí, puso sus patas en mis hombros y me empezó a hablar".

"La llamé Annie y empecé a alimentarla. Me seguía en mis caminatas y, por la noche, volvía al basurero. Entonces llegó otro perro. Joe. Luego otro cachorro negro".

"Annie tuvo trece cachorros y casi muere. Solo uno de los perritos vivió más de dos meses. Todos los días yo alimentaba a cinco perros y a los gatos que aparecieran. Todos comían juntos. Lo único que querían era amor".
Margery Rubin

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