¿Te atraen los "amores malos"? Los consejos de una coach para alejarte de ellos

Siempre se piensa que el amor implica padecimiento, pero no es así. En su blog, Cristina Vásconez explica como emprender un amor en el que tú estés al frente.

07 de Septiembre de 2016 | 12:32 | Por Cristina Vásconez
"Si aún no me lo crees amor
y quieres tú correr el riesgo
verás que soy realmente bueno
en engañar y hacer sufrir
y hacer llorar a quien más quiero".


La canción del grupo Camila -en la que él le advierte a ella, su amada, sobre las penas del infierno que están por caerle encima si se enamora- me trae a la mente las tantísimas relaciones que en su inicio ya presagian un mal final.

Amores dolorosos, relaciones cuesta arriba, que entre tonadas y reggaetones, nos hacen habituarnos a la idea de que el amor implica padecimiento. Al soñarlo, ya nos hacemos el ánimo para sufrir, aunque sea un poco, y aceptamos con resignación el correr los límites de lo inaceptable -la infidelidad, el maltrato, la desidia- en pos de una experiencia intensa, a la vena.

Tan así es que -por nuestras latitudes latinoamericanas al menos- al amor intenso se le rinde total pleitesía, tanto en la música, como en el cine o en la poesía. No por nada, las teleseries han sido una forma de expresión muy típica, de gran éxito por su alta identificación con el amor sufriente, que se ha convertido en un producto de exportación, calzando en países tan disímiles culturalmente como China y Turquía. El amor sufriente es internacional.

No es de extrañarse, por lo tanto, que fácilmente podamos embarcarnos en relaciones complicadas, a tener una especie de predilección por esos "cariños malos", esos que desde su inicio se adivinan o se intuyen como malsanos: "amor perverso" le llamó Palmenia Pizarro, a ese amor que ama por amar, sin fin, sin destino, y que propone esa bizarra experiencia sufriente, confundiéndola con la pasión sana. Y no me refiero a relaciones que devienen en conflictos, esas que a pesar de todo el empeño, se funan en el camino. Más bien hablo sobre esas relaciones en que se intuye, al inicio, que es mejor no empezarlas, las que parten con el pie izquierdo, y de las que es muy difícil salir y, si se logra, hacerlo ileso. Las contraindicaciones pueden ser múltiples: el fruto prohibido, personas conocidas por su descompromiso, los desconectados emocionales, los narcisos, etc. El "amor malo" se caracteriza por haber sido evidente desde su inicio.

Por insólito que suene, no es poco común una apuesta tan a contrapelo. En mi consulta de coaching he escuchado varias veces sobre el atractivo que ejerce un "malo" y de lo irresistible que puede ser, a tal punto que a veces -y con orgullo- se reconoce tal adicción. Pareciera que no son pocos los que ven, a "las relaciones fáciles", como aburridas, que se diluyen pronto o que derechamente nacen muertas. Y, por el contrario, creen que un grado de dificultad es indispensable para mantenerse en ese estado de excitación e incertidumbre que perciben como pasión.

Pasión o tranquilidad. Fuego o agua. ¿Será que las personas, al momento de amar, tengamos que optar por lo uno o lo otro? No parece ni razonable ni sano que concluyamos que los obstáculos alimentan la pasión o que confundamos la tranquilidad haciéndola sinónimo de letargo y exenta de fuego.

En cualquier caso, es importante recordar que las relaciones humanas revisten, en sí mismas, una serie de contratiempos y nos desafían a diversas adaptaciones. El afiatamiento de la pareja inexorablemente producirá desacomodos y obligará a considerar los puntos de vista del otro, convirtiéndose, según se tome, en un juego intenso y de un gran aprendizaje, en lo personal y en torno a la pareja. Con lo que la idea de "relación fácil" es un absurdo, un espejismo.

Complacencia en el sufrimiento


Regirse por estos paradigmas, en gran medida, es quedarse pegado a una caricatura extremista de lo que son las relaciones, vacilando constantemente entre el amor y el odio, la alegría y la desdicha, ni contigo ni sin ti.

Micaela describió su romance de 5 años con los ojos llenos de lágrimas. Contaba que desde que lo vio se habían encendido sus alarmas, y algo muy íntimamente le advirtió que ese hombre le iba a traer problemas a su vida, una vida en la que sucedían pocas cosas y quizás fue esa la razón por la que aceptó esa primera cita. Le penaría por años. Sólo al trabajar juntas -al igual que con Pablo, Macarena o Rodrigo- pudo observar que su pasado amoroso estaba repleto de estos "amores malos", sabiendo desde un principio de su imposibilidad, una y otra vez les abrió la puerta quedando siempre sola al final. La duda, que verbalizaron en mi consulta, fue más o menos la misma: ¿por qué me hago esto? ¿Por qué, una y otra vez, actúo en contra de mí?

Obviamente, la respuesta no es fácil ni puede resolverse en estas pocas líneas, pero, como una pista, les puedo responder que Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, planteó que los individuos podemos estar cruzados por lo que llamó "Compulsión de Repetición" que, en aparente contradicción a nuestra naturaleza orientada al placer, nos ubica en situaciones penosas, una extraña complacencia en el sufrimiento, desconectándose de las experiencias antiguas, sin aprendizaje, y viviendo cada situación como si fuera nueva.

Insisto en que el aporte de las artes y los medios de comunicación, en nada contribuyen en derribar estas ideas absurdas, alejándonos de la sensatez y el bienestar que debiera estar presente en cualquier vínculo. Ya sea Enrique Iglesias y su "Duele el corazón"; Taylor Swift con "I Knew You Were Trouble" o Ricky Martin y su "Si tú te atreves", son de las tantas muestras en donde el festejo del amor es reemplazado por el dolor y el pesar, de las muchas expresiones que nos llevan a confundir una canción con la vida misma.

Me parece que es momento de ir cuestionando la idea de tener una relación a cualquier precio, y si tú leyendo estas líneas, has reconocido sentirte atraído por esos "cariños malos", te propongo lo siguiente:

- Medita del estado de tu vida, evalúa tu nivel de felicidad, de bienestar y placer, independientemente de la existencia de otro. Toma nota y ocúpate de ello.

- Cortar con esa adicción hacia los "amores malos" requiere partir asumiéndola, e inmediatamente, alejarse de eso que te hace daño, te posterga y te da dolor.

- Indaga a tu alrededor, observa las relaciones e historias de amor entre tus conocidos, y aprende sobre otro tipo de vínculos que combinan, de lo más bien, la estabilidad con el entusiasmo.

Una vez más, recomiendo que para no caer en estas verdaderas tragedias, lo más importante es trabajar esos temas que están en el fondo y que suelen esconderse debajo de muchas historias de pasión dolorosa. Quizás, este sea el momento para hincarle el diente a tu auto-estima y auto-cuidado y emprender un nuevo tipo de amor, uno que parte contigo al frente.

Para la próxima vez que escuches una canción que te invite a "morir de amor", ríete y recuerda que es sólo música, un juego de palabras. Que como actitud de vida, somos muchos y muchas al igual que tú que elegimos celebrar a la alegría y al bienestar, y que para amar, nada menos que un "amor del bueno".

Saludos,

Cristina Vásconez, coach para el amor (cvasconez@puntopartida.cl).
¡Bienvenido #ComentaristaEmol!

Te invitamos a opinar y debatir respecto al contenido de esta noticia. En Emol valoramos todos los comentarios respetuosos y constructivos y nos guardamos el derecho a no contar con las opiniones agresivas y ofensivas. Cuéntanos qué piensas y sé parte de la conversación.

¡Bienvenido #ComentaristaEmol!
Ver condiciones

Ordenar por:
Este debate ha finalizado.
Cargando Comentarios...
Comentaristas
Más me gusta
Más comentarios
Más seguidores