El libro "Soy mamá gritona", de Josefa de Paul, cuenta su experiencia como una madre moderna: presionada por el deber ser y muchas veces colpasada.
Gentileza Ediciones B
REVISTA VIERNES DE LA SEGUNDATodo comenzó cuando un día Josefa de Paul –36 años, psicóloga infanto-juvenil– estaba en su consulta con uno de sus pacientes más problemáticos e inquietos. “Tú no tienes hijos”, le dijo el niño; ella le preguntó que cómo lo sabía, a lo que él respondió: “porque tú no gritas”. Josefa quedó impresionada. “¿Cómo crían a sus hijos con tan poca paciencia?, pensé, en la típica reacción de la mujer que se pone en la vereda del frente, y me prometí no ser así cuando me convirtiera en madre”, recuerda. Pero se convirtió en eso. Con dos hijos, de seis y dos años, es la autora de "Soy Mamá Gritona", una página en Facebook que bordea los 19 mil seguidores en menos de un año de existencia. Y es, también, la autora del libro que lleva el mismo nombre y que esta semana fue lanzado en la Feria Internacional del Libro de Santiago.
¿En qué momento de la maternidad te identificaste como mamá gritona? Mi primer hijo es muy tranquilo. Tiene un temperamento muy fácil, durmió muy bien desde los dos meses, pero mi hija es todo lo contrario. Fue una guagua con trastornos de sueño, con reflujo, atópica. Desde que nació, nunca más dormí. Además, ella molesta al hermano grande y ahí comienzan las peleas. Por eso, siempre digo que mi hijo mayor me convirtió en madre, y que mi segunda hija me convirtió en madre gritona, agotada todo el día. Yo, que me considero una persona muy paciente, con ella me transformé.
¿Cómo surgió la idea de tener la página en Facebook?
Estaba hace rato con la idea de que había que parar con la presión social de cómo ser mamá. Ahora ya ni siquiera nos atrevemos a retar a nuestros hijos en la calle porque te miran feo. Estaba chata de todo lo que leía y decidí hacer algo que a mí me gustaría leer. A comienzos de año hice una página en Facebook y el primer post fue una radiografía de lo que te pasa en un día malo con los niños mañosos. Ese día llegamos a los 7.000 seguidores. Fue una liberación para muchas.
¿Te lo esperabas?
Sabía que todas las mujeres estamos muy colapsadas, pero no sabía que hacía tanta falta tener un espacio así, de apapache. Yo no digo qué hacer; lo que yo quiero decir es que cualquier cosa que hagas lo estás haciendo bien igual. Hay cosas que tienes que aguantar y es así no más, son parte de la maternidad. Mejor reírse.
¿Tienes detractoras?
Al principio me puse súper “Hitler” y bloqueé a algunas personas, porque te mueres la cantidad de talibanas que se metían. Me ponían garabatos y comentaban: “para qué tienes hijos si no tienes paciencia”, otras páginas de crianza nos pelaban. Ser mamá gritona no es ser una mala madre, todo lo contrario: gritas porque quieres ser tan buena madre que te sobrepasas, y el agotamiento no es solamente por el niño, sino que también por la presión que recae sobre las mamás, por la frustración, el deber ser. Hay que entender que por más que quieras influenciar a tu hijo y ser una guía muy importante, él también tiene su comportamiento e identidad que, al final, va a ser el resultado de una mezcla de genes, temperamento, madurez y de muchos factores biológicos que influyen. No se trata sólo de lo bien o mal que lo hizo la mamá, pero lo único que se dice, es que ella es la responsable.
¿Por qué estás firmando el libro con un seudónimo y no con tu nombre real?
Le di muchas vueltas a firmar con mi nombre real o con seudónimo. Lo pensé y lo conversamos harto con mi marido, pero decidí finalmente seudónimo, porque yo sentía que podía generar un boom en las redes sociales.
¿Como la Vieja Cuica?
Sí. La amo. Funciona igual, con esa necesidad de identificarnos y reírnos de algo, de relajarnos. El objetivo con todo esto es descomprimir la experiencia. Es difícil: Sí. Entonces no le metamos más dificultad.
¿Hay una nueva corriente en torno a la culpa?
Muchos libros de crianza te hacen sentir culpable. Dicen que si no haces tal cosa, tu hijo no va a tener inteligencia emocional. Hay tanto conocimiento sobre temas de crianza y sobre cómo repercuten ciertas cosas a nivel neurológico, que al final hagas lo que hagas es un campo minado y puedes traumar al niño. Las teorías racionales te desconectan de la guagua, y tenemos tanto ‘deber ser’ en la cabeza, que nos estamos perdiendo lo que aprendemos por instinto.
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