Blog de pareja: ¡Hasta cuándo tan superficiales en el amor!

La coach Cristina Vásconez invita a que en 2017 dejemos la desidia y le otorguemos al amor el valor que se merece.

23 de Diciembre de 2016 | 09:01 | Por Cristina Vásconez
Fotobanco
¿Qué relación puede haber entre la elección de un loco como presidente de una nación poderosa y las penas de amor? Si crees que ninguna, presta atención.

Ya sea al definir los destinos de un país, decidir el colegio más apropiado para la educación de un hijo e, incluso, el determinar el tipo de ocio al que entregarse, todas y cada una de estas acciones conducen hacia un resultado en particular, único y definitivo. No existe un proceder inocuo y todos, en la medida del tiempo y del nivel de importancia, traen cola a cada individuo.

En el caso del candidato aquel, hoy los analistas leen en su elección un grito de condena de los muchos que vieron en él la manera de golpear al stablishment gringo. Efectivamente, si nos forzamos en la empatía, se puede reconocer una protesta de fondo como única respuesta que justifique una elección, al menos tan atípica. Ahora bien, y desde la empatía, me pregunto: ¿dichos electores habrán dimensionado las repercusiones de semejante decisión? ¿Habrán priorizado los intereses del país o sólo se quedaron en sus quejas particulares? ¿Qué tanto análisis profundo y meditado hicieron? Tiendo a pensar que poco.

Por otro lado, la falta de involucración del ciudadano no es un hecho aislado, sino que la apatía trasciende mucho más allá penetrando en la rutina diaria. Pareciera que abundan las oportunidades en donde se privilegian los asuntos económicos o concretos, y los otros, quedan relegados al impulso, la improvisación o la corazonada. Pues bien, en este último grupo están los temas de vida, los del amor entre ellos.
Amparados en mandatos como el "ser espontáneos" o en aquellos de la religión, las personas se desentienden del mínimo y necesario conocimiento de los aspectos que conforman el núcleo de la vida: la paternidad, la amistad, el género o el ser pareja, y terminan ejerciendo roles sin la real conciencia de sus implicancias y repercusiones.

Las situaciones son infinitas: frases repetidas en la crianza como "lo importante cuesta esfuerzo" o "no es bueno mostrarse débil", se cristalizan en el set de juicios a disposición de un niño sin que se evalúe el calibre de las repercusiones que tendrán en su futuro. O, al instar a las personas a privilegiar el deber ser y los intereses grupales, se las manipula a renunciar a sus deseos o a controlarlos a través de la culpa. La desidia social con la que los ciudadanos entregamos a otros nuestras decisiones -políticos y representantes en general- ha conducido a resultados muy decepcionantes. En todas y más, se puede rastrear la predisposición a un actuar desde "supuestos", a priorizar los mandatos sociales y a transitar con juicios infundados. En definitiva, a encarnar la esencia de la superficialidad.

Y el amor no es una excepción.

¿Crees que al defender el carácter "mágico e intocable del amor" te garantice el elegir bien? ¿Que la espontaneidad del romance te instruya sobre las diferencias entre géneros, presentes en la conquista, la comunicación y el sexo? La idea todopoderosa del amor ¿te llevará a reconocer sus conflictos previos y no esperar a solucionarlos en la relación?

En mi consulta de coach del amor, en donde no precisamente chapoteo entre golosinas ni pócimas de encanto y sí en medio del absoluto desconocimiento en materias del amor, me sorprende la resistencia a capacitarse mínimamente en un tema que transversalmente importa tanto, y percibo que se lo vive desde el equívoco, la incoherencia y hasta el auto-sabotaje.

Es clave recordar que, llegado el momento físico y sicológico, los adultos estamos listos para colocarnos a la cabeza de nuestras vidas y ejercer plenamente nuestras facultades. En síntesis, es lo que significa la madurez plena. Pero, aparentemente en el ámbito del amor, hay una especie de convergencia extraña que conduce a muchos -personas inteligentes, eficaces y hasta competitivas- a permanecer en estado de adolescencia tardía, a renunciar a la proactividad y dominio que exhiben con tanto orgullo en otros espacios.

En contrapartida al evento norteamericano, hoy vemos optimistas a algunos países nórdicos que nos muestran la manera comprometida y madura en que están solucionando adecuadamente sus temas sociales, confirmando al mundo entero que sí se puede. Sin duda, el primer paso habrá sido asumir el lugar de responsabilidad que les cabía, abandonando la actitud superficial.

Y es la misma que, se me ocurre, urge en los temas personales, y por cierto en el amor: desde la capacitación, involucrarse y aprender. Aquí algunas preguntas elementales con las que empezar:

- ¿Sabes reconocer un mito de la realidad?
- ¿De qué mitos sobre el amor has sido presa?
- ¿Qué buscas en un hombre?
- ¿Qué mochilas de tu infancia te han impedido tener una relación sana?
- ¿Qué requieres en una relación?
- ¿Sabes qué significa la comunicación para cada género?
- ¿Cómo mantener vigente la llama del amor?

Cuestionarse, es el punto de partida hacia el tipo de relación que cada uno anhela.

Ya casi terminando este año, y aprovechándolo como un fantástico propósito para el Nuevo, te deseo de corazón iniciarlo sacudiéndose la modorra de años y buscar tus propias respuestas. Otorgarle al amor el valor que se merece ,y pedir ayuda de ser necesario, de manera de alistarse a ese encuentro largamente deseado, uno construido con propiedad, con madurez y con valentía.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!

Cristina Vásconez, coach del amor (www.cristinacoach.cl).
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