Con la
llegada de marzo, terminan las vacaciones y la rutina vuelve a marcar el ritmo de la vida diaria de las personas en los países del hemisferio sur. Vuelven los estudiantes a los colegios y universidades, y el calendario de nuevo se llena de anotaciones. De esta manera, todo parece retornar a la "
normalidad", como si esta fuera la palabra que define a aquello que no son momentos de descanso y que, a la par, divide aguas entre lo divertido y lo que no lo es.
Muchos se sienten agobiados por las tareas diarias: desde las responsabilidades laborales y escolares, hasta los compromisos personales y familiares, dejando poco espacio para el descanso. Este constante flujo de obligaciones puede hacer que varias personas consideren las vacaciones como el único momento en el que se pueden desconectar y recargar energías. Sin embargo, hay quienes postulan que es importante seducirse por la cotidianidad y realizar actividades diarias que estén vinculadas con el disfrute.
Pero,
¿es posible que el periodo de descanso sea el único momento perfecto? "Es una trampa mortal creerlo así", indica Maritchú Seitún, psicóloga especializada en acompañamiento familiar, quien agrega: "De
ser así lo pasamos mal la mayor parte del año. Le ponemos una expectativa altísima a esos días de receso que después resulta imposible de cumplir". Por eso es, según dice, tan dramático que se terminen, no solo por lo que hicimos y vamos a extrañar, sino por lo que no llegamos a hacer y tenemos que esperar otros 11 meses para que suceda.
"La vida está lejos de ser perfecta", sostiene Nejra van Zalk, directora del Laboratorio de Psicología del Diseño del Imperial. Con la ambición de convertirla en tal, creamos escenarios que nos ubican en situaciones idílicas que, cuando las atravesamos, están muy lejos de serlo", añade.
Cambiar el "tengo que" por "elijo y quiero"
Debido a que las personas están sumidas en la rutina la mayor parte del año, es importante darle un significado a la realidad en que vivimos. "
Cuando damos un significado a nuestra experiencia, la entendemos a nivel intelectual y emocional, pero también juzgamos lo bueno y lo malo de cada situación", explica la psicóloga Marina Belén González, coordinadora del equipo de evaluación de adultos y del equipo de orientación vocacional de la Fundación Aiglé.
Además, es relevante hacer cosas que a uno le gusten. Así lo dijo
Steve Jobs, el creador de Apple en una entrevista al The New York, donde indicó: "Durante los últimos años me he mirado al espejo cada mañana y me he preguntado:
'Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?’. Y siempre que la
respuesta ha sido 'no' durante demasiados días seguidos, supe que tengo que cambiar algo".
En 2020 Jason Crawford publicó el libro "El problema del reencantamiento", donde explica que
"nuestro mundo se ha desencantado y necesitamos volver a encantarlo". Allí explica que ese toque de magia no requiere de una tecnología particular a implementar, ni de políticas sociales que deban convertirse en ley, sino que
"se trata de una forma de ver el mundo y relacionarse con él que se da a nivel individual".
De hecho, Van Zalk sugiere que "quien ve con curiosidad el mundo y encuentra satisfacción en aquello que hace, aun cuando no sea el ideal que sueña, es porque se ha tomado el tiempo de observarlo con una mirada activa, interesada, comprometida en encontrar la cara que no siempre se muestra. Es porque ha asimilado la magnífica belleza de los detalles, como la naturaleza, o el placer de una buena compañía, y ha abierto su mente a esas posibilidades".
Nuestra realidad es una proyección de nuestra mentalidad, "una construcción de nuestra percepción, moldeada por nuestros pensamientos y creencias", añade Fleur Corbett, especialista del Imperial College. "Tratar de bajar la interpretación de lo que nos pasa al átomo del presente, en vez de dimensionar en grande, puede ser una manera de conectar realmente con lo que nos pasa y detectar los pequeños milagros diarios", afirma.
"Quien ve con curiosidad el mundo y encuentra satisfacción en aquello que hace, aun cuando no sea el ideal que sueña, es porque se ha tomado el tiempo de observarlo con una mirada activa, interesada, comprometida en encontrar la cara que no siempre se muestra".
Nejra van Zalk
Para la
Universidad de Oxford,
la satisfacción personal se equilibra poniendo en juego dos variables. Una de sus investigaciones sobre la sensación de conformidad personal realizada hace unos meses sobre una comunidad de profesionales entre los 25 y los 50 años se basa en un
equilibrio entre la proyección y el presente.
Con el análisis de los resultados, los científicos lograron detectar algunos factores que permitirían construir una percepción del mundo que nos acerque a ese equilibrio de perspectiva y presencia.
"La mayoría de las veces -explica Matthew Rushworth, uno de los responsables de la investigación-, cuando hablamos de concientizarnos del aquí y el ahora, nuestra propia naturaleza neurocerebral nos resalta lo negativo. Pero en realidad es bastante sencillo cambiar ese prisma. Solo basta ejercitarse en la puesta en valor de lo positivo que nos toca".
Tomar nota de dos o tres hechos relevantes y positivos de la jornada es una práctica muy difundida entre psicólogos, neurocientíficos y coaches.
Chrystalina Antoniades, profesora de neurociencia clínica de Oxford y coautora de la investigación ofrece algunas otras estrategias. "
Proponerse una intención matinal que se
vincule con un disfrute particular de alguna de las etapas de la jornada. Cuando le impones al cerebro cierta dirección estás tomando el control en lugar de permitir pasivamente que el día te pase por encima", dice.
"A veces no trabajamos de lo que nos gusta y otras quedamos atrapados en nuestras obligaciones familiares", relata Seitún. "Recuerdo haberme quejado mucho hasta que un día reevalué todo lo que hacía, y para mi sorpresa retomé todo con una
nueva actitud, salí del 'tengo que' para decir 'elijo y quiero', y
realmente me fue mucho más fácil sostener las rutinas. No me pasaba con el trabajo, porque me encanta lo que hago, pero es igual para el que no le gusta, volvería a elegirlo porque es lo que le permite alimentar a la familia, irse de vacaciones u otros objetivos que consigues a partir de eso que haces", añade.
"El tengo que nos hunde, cuando cambiamos la actitud sonreímos más, lo pasamos mejor nosotros y los que nos rodean, y hasta puede que logremos elegir ese trabajo que tanto nos disgustaba unos días atrás. La queja no nos permite ver nada bueno".
Maritchú Seitún, psicóloga
"
El tengo que -sigue Seitún-
nos hunde,
cuando cambiamos la actitud sonreímos más, lo pasamos mejor nosotros y los que nos rodean, y hasta puede que logremos elegir ese trabajo que tanto nos disgustaba unos días atrás.
La queja no nos permite ver nada bueno, como la compañera de trabajo que nos hace reír o el particular sabor del café en la oficina".
Ese encuentro con la cotidianidad configura lo que la psicopedagoga especialista en educación emocional Mariana de Anquin llama
pozo de la amargura. "A veces, el problema está en la tarea misma, el entorno, la falta de reconocimiento, la remuneración, los conflictos con superiores o compañeros", desarrolla.
"Más allá del motivo,
cuando regresamos a una situación que no nos es placentera, solemos caer en un pozo emocional. Es algo natural, ya que
regresar a un lugar que no nos resulta bien genera un gran desafío. Sentimos que nuestra vida se reduce a una sucesión interminable de tengo que y debo hacer". Ese es el pozo al que se refiere la profesional: "Un espacio emocional en el que el estrés y la obligación parecen dominarlo todo, llevándonos a un sitio de desgano y frustración", aclara.
Sin embargo, es posible salir de ahí. Coincidiendo con la sugerencia de Seitún, De Anquin propone
dejar de pelear contra lo irremediable.
"La aceptación no es conformismo; es un acto de poder. Es
entender que, aunque no podemos cambiar la situación, sí podemos gestionarla de manera diferente", señala.
Al aceptar lo que no se puede cambiar, se deja de batallar contra lo inevitable y empiezas a transformar lo que sí está bajo tu control. "Toda la energía que utilizabas para resistir -completa la psicopedagoga-
, ahora la tienes disponible para ocuparla en lo que está bajo tu dominio: tus pensamientos, acciones y emociones. Esta es una fase liberadora, porque te permite tomar las riendas de la situación y avanzar con claridad".
"Proponerse una intención matinal que se vincule con un disfrute particular de alguna de las etapas de la jornada. Cuando le impones al cerebro cierta dirección estás tomando el control en lugar de permitir pasivamente que el día te pase por encima".
Chrystalina Antoniades, profesora de neurociencia clínica de Oxford
A veces la motivación no llega por sí misma, "hay que buscarla internamente -añade González-, por ejemplo, resaltando lo bien que nos hace acompañar a nuestros hijos en su crecimiento y en sus actividades, los motivos por los que elegimos un trabajo, que no siempre es porque nos hace plenos, tal vez lo hicimos porque nos da reconocimiento, nos permite crecer y desarrollarnos, ayudar a otros, nos brinda seguridad o recursos económicos para hacer otras cosas que sí nos gustan".
Todos los especialistas coinciden en que
es importante practicar algún ritual de las vacaciones durante el año. "Una noche de juegos de mesa en casa, una vuelta en bici el sábado a la mañana, algo que hayamos disfrutado durante el descanso se puede convertir en nuestro pulmón de oxígeno para recuperar energías para lo que tenemos que hacer", enumera Seitún. Porque como decía Vincent van Gogh "lo grande no sucede solo por impulso, es una sucesión de pequeñas cosas que se juntan".
Tres estrategias para implementar en el día a día
Junto con ello, los especialistas entregaron tres recomendaciones para implementar a diario para encontrar buenos momentos durante el día y que estos no estén exclusivamente reservados para las vacaciones.
-Ser agradecido: "Agradezco lo que tengo mientras voy por lo que quiero", propone Mariana de Anquin.
La gratitud tiene el poder de transformar la perspectiva. "Es la fuerza que nos permite ver las oportunidades que antes pasaban desapercibidas", completa.
-Hacer planes: "Es muy importante que entendamos que
los buenos momentos no tienen que estar reservados exclusivamente a las vacaciones porque son cortas", indica Silvia Álava Sordo. Puede haber buenos momentos siempre que los busquemos y nos reservemos el espacio", agrega.
-Usar la agenda: "Las situaciones gratificantes no aparecen solas, hay que darles un lugar en la semana", dice Marina Belén González. "De manera precisa y explícita. Esto incluye actividades personales como un deporte o un hobby, pero también los encuentros con amigos y familia", concluye.