

Destacar lo positivo: Reforzar los avances y logros del niño en su adaptación durante el retorno a clases.

Involucrarlos en los preparativos: Permitir que participen en la elección de útiles o uniformes.

Retomar hábitos de sueño: Ajustar progresivamente la hora de acostarse y levantarse al menos una semana antes del inicio de clases.

Regular la alimentación: Reestablecer horarios de comidas y priorizar una dieta equilibrada para facilitar la adaptación a la rutina escolar.

Reducir pantallas en la noche: Crear un ambiente tranquilo, con luces bajas y lectura antes de dormir.

Conversar sobre sus emociones: Preguntar cómo se sienten frente al regreso y qué esperan del nuevo año escolar.

Preparar todo con anticipación: Dejar lista la mochila, uniforme y colación la noche anterior para reducir la ansiedad.

Fomentar los lazos sociales: Invitar compañeros a la casa o recordar lo positivo de reencontrarse con amigos.

Despedidas predecibles: En los más pequeños, crear rituales simples y concretos, como un abrazo especial o un juego de manos, ayuda a disminuir la angustia.

Acompañar y escuchar: Validar las emociones de niños y niñas, ofreciendo contención y diálogo, y evitar transmitir la propia ansiedad para que enfrenten el regreso a clases con mayor seguridad, motivación y bienestar emocional.