“Partí emprendiendo en biotecnología porque no había pega. Quería trabajar en el sector privado, pero no encontraba trabajo”, confiesa la ingeniera en biotecnología Catalina Garrido. Esa necesidad la conectó con un deseo que tenía desde niña: ser empresaria. Así, con su hermana Natalia y su socia Melissa Alegría fundaron Liva Company, una startup que usa inteligencia artificial para desarrollar microorganismos que permiten generar soluciones para el bienestar de personas y animales.
La empresa se fundó en marzo de 2020, y a los pocos días debió cerrar por la pandemia. Pero la crisis también les abrió una oportunidad. Habían desarrollado sus primeros productos, la línea NUP!, que ofrecía probióticos para humanos y también se les ocurrió lanzar una versión para mascotas. Y fue esta la que les dio el impulso, ya que los problemas de la cadena de suministros provocaron que sus competidores no llegaran al país. Se movieron rápido con los posibles distribuidores y la demanda se disparó, en una circunstancia no exenta de riesgos.
“Hay emprendedores que cuando aparecen estas oportunidades tienen miedo y las pierden. Nosotras cumplimos (con las órdenes de compra), no sé cómo. (...) Ninguna decisión la hemos tomado sin miedo. El miedo sirve para pensar en planes B, C, D, E, F y, siendo mujeres pensamos, hasta en el H. Nunca hay una decisión sin miedo, la clave es que no te paralice”, reflexiona en el pódcast Link en Bio —presentado por Innovación de “El Mercurio” y Fundación Chile— en conversación con la bióloga y comunicadora Macarena Rojas Ábalos.
Más recientemente, contactaron al equipo de la doctora Apolinaria García, que desarrolló un probiótico para evitar el cáncer gástrico a partir del estudio de la bacteria Helicobacter pylori. Se aliaron con ella para evaluar la posibilidad de licenciar la tecnología y producirlo industrialmente. Un modelo que ha sido exitoso.
“Se está empezando a generar cultura de colaboración entre la academia y el sector privado. (...) Hacer lo que hizo la doctora García nos habría tomado 20 años. Vimos que este era un modelo que podía ser parte de nuestra estrategia de crecimiento”, dice. Hoy Liva tiene convenios con cinco universidades y tres centros de investigación. “Colaborando podemos crecer más rápido. Queremos ser la empresa más grande de producción de probióticos de Latinoamérica”, afirma.
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