

Revisar que las vacunas estén al día: Niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas deben tener sus vacunas correspondientes, especialmente contra influenza, COVID-19 y neumococo. En lactantes, revisar si recibió anticuerpos contra el virus respiratorio sincicial.

Lavarse las manos varias veces al día: Hacerlo al llegar a la casa, antes de comer, después de ir al baño, después de toser o estornudar y luego de tener contacto con otras personas. Si no hay agua y jabón, usar alcohol gel.

Ventilar los espacios todos los días: Abrir ventanas de forma frecuente ayuda a renovar el aire y disminuir el riesgo de contagios. Si hay alguien enfermo en la casa, la ventilación es aún más importante. Evitar desinfectantes en spray intradomiciliarios.

Evitar el contacto directo con personas con síntomas respiratorios: Si alguien tiene tos, fiebre, congestión o dolor de garganta, es mejor evitar contacto con otras personas, visitas a lactantes, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas.

Usar mascarilla cuando hay síntomas o en lugares de riesgo: Si una persona está resfriada o debe ir a un centro de salud, la mascarilla ayuda a reducir contagios. También puede ser útil en espacios cerrados o con alta circulación de personas.

No exponer a lactantes y adultos mayores a aglomeraciones: En invierno, los lugares muy concurridos aumentan el riesgo de contagio. En menores de dos años, especialmente si han tenido bronquitis obstructivas o neumonías, conviene reducir la exposición.

Cuidar la calefacción dentro del hogar: Preferir sistemas menos contaminantes, idealmente eléctricos. Evitar estufas a leña, carbón o parafina, especialmente en espacios cerrados o con mala ventilación.

No fumar dentro de la casa, ni en patios o terrazas cercanas: El humo del tabaco irrita las vías respiratorias y puede afectar especialmente a niños, adultos mayores y personas con asma, EPOC u otras enfermedades respiratorias.

Abrigar bien, pero sin sobreabrigar: Usar capas permite adaptarse a los cambios entre el exterior frío y los interiores calefaccionados. En niños, evitar el exceso de abrigo dentro de la casa. En adultos mayores, proteger pies, cuello y manos.

Mantener una alimentación equilibrada y actividad física segura: Comer frutas, verduras y alimentos nutritivos ayuda al sistema inmune. En adultos mayores, evitar pasar demasiado tiempo en cama y favorecer el movimiento seguro para mantener fuerza, equilibrio y autonomía.

En niños: Dificultad para respirar, fiebre persistente, rechazo alimentario, decaimiento marcado, labios morados o respiración muy rápida.

En adultos mayores: Falta de aire, confusión, somnolencia, deterioro del estado general, dolor en el pecho al respirar, fiebre persistente o empeoramiento de una enfermedad crónica.