¿Quién dijo que cumplir 50 años era empezar a meter el freno en materia financiera? Llegar a esta edad es para muchos entrar a la verdadera “década de oro”. Cuando están los recursos, es el momento donde se mezcla la madurez, la experiencia y, según los expertos, se entra en una de las mejores etapas para sacar cuentas alegres cuando de dinero se habla.
Las cifras proyectadas por el INE para 2026 confirman que la población de Chile superará los 20,1 millones de personas, consolidando una tendencia donde los hogares están transformándose.
Por ejemplo, según datos del Censo, la cantidad de hogares con niños menores de 14 años cayó del 62% en 1992 al 33,2% en 2024. Esto no solo representa un cambio demográfico importante, sino que también una menor dependencia económica para los adultos.
A eso se suma que Chile tiene un 26,6% de la fuerza laboral sobre 50 años, según el estudio “Economía plateada: Mitos, Sesgos y Realidades de cumplir 50 en el trabajo” de Rankmi, elaborado a partir del análisis de 1,37 millones de trabajadores activos en Latinoamérica.
Con estos datos en mano, Cristián Lecaros, CEO de Inversión Fácil, explica que este punto representa una oportunidad y se convierte en una década decisiva matemáticamente hablando.
“Es el único momento del ciclo de vida de una persona donde convergen simultáneamente el ingreso máximo, la curva salarial, estoy hablando en general que suele tocar su techo entre los 45 y 55 años; la carga de deuda mínima, con una hipoteca en su tramo final, hijos saliendo de la dependencia económica; y un horizonte de inversión todavía suficientemente largo. Quedan como 15, 25 años por expectativa de vida para que el interés compuesto siga siendo un trabajo intenso en el capital que esa persona tiene”, dice.
En palabras simples, antes de los 50 falta liquidez porque hay mucho gasto familiar, y también queda mucho tiempo con esos gastos. Los 50 son el punto donde el tiempo y el dinero conviven en su mejor momento.
Patricio Gana, Director de AK Contadores, complementa esta visión y asegura que es una etapa de plena madurez para replantearse las metas personales.
“Los 50 suelen ser una etapa de mayor madurez financiera. Muchas personas ya superaron los años de mayor presión económica, como la compra de una vivienda o la crianza de los hijos, y comienzan a tener una visión más clara sobre su patrimonio y sus objetivos. Además, todavía existe un horizonte de entre 15 y 25 años de vida laboral y varias décadas por delante, por lo que las decisiones que se tomen hoy pueden tener un efecto muy significativo en la calidad de vida futura. No se trata solo de ahorrar más, sino de administrar mejor los recursos disponibles”, comenta.
Las cuentas claras mantienen los 50
A medida que se van liberando obligaciones financieras, como colegio o dividendo, van apareciendo las oportunidades. Y si se libera flujo de caja, también entran las tentaciones de gastar en “cualquier cosa”.
De ahí que los expertos dicen que para sacarle verdadero provecho a las finanzas y viajar, estudiar o emprender con tranquilidad, la clave está en categorizar el dinero mentalmente en tres fondos muy claros.
“Tener una cuenta de seguridad. De 6 a 12 meses de ahorro (…) Sin esto, cualquier imprevisto va a obligar a liquidar inversiones en el peor momento posible y, por ende, salgo castigado. Dos, una cuenta de crecimiento: capital destinado a multiplicarse en 10 a 20 años. Por ejemplo, inversión inmobiliaria, acciones u otros. Tres, cuenta de vida. Un presupuesto explícito, intencional, protegido para proyectos personales tal vez postergados. No es lo que queda, es una partida con nombre y prioridad propia. Cuando el disfrute tiene un presupuesto asignado de antemano, se deja competir por el ahorro”, señala Lecaros.
Patricio Gana refuerza que este equilibrio y destaca que “la clave es entender que mejorar la calidad de vida no significa gastar más, sino gastar mejor. Muchas personas siguen acumulando patrimonio sin preguntarse para qué lo están construyendo. Es perfectamente válido destinar parte de ese patrimonio a viajar, estudiar, emprender o dedicar más tiempo a la familia, siempre que exista un plan financiero que garantice la estabilidad futura. Ahí nace la otra parte de la ecuación: saber invertir adecuadamente los recursos considerando rentabilidad y riesgo. Una buena planificación permite disfrutar el presente sin poner en riesgo la tranquilidad económica de los próximos años”.
Invertir según tu estilo
Con todo, hacer crecer el patrimonio pasados los 50 depende de las ganas y de la tolerancia al vaivén del mercado. No hay una receta única, pero sí distintos caminos según el perfil, dicen los especialistas.
El perfil conservador, por ejemplo, “va a buscar preservar el capital, liquidar razonable, entonces, se va meter en renta fija, depósito a plazo, fondos de bajo riesgo, algún bono de gobierno, exposición a moneda dura. Propiedades también, por supuesto”, indica Lecaros.
El moderado, en tanto, “va a querer un crecimiento sostenido, pero con protección. Ahí mezclan renta fija y variable, tal vez algunos pies de bienes raíz en zonas más emergentes y fondos balanceados”, prosigue.
Y el dinámico, “que todavía quiere hacer un crecimiento superior a un portafolio promedio del mercado va a ir, obviamente, full a renta variable diversificada. Mucho accionario, puede ser cripto, y siempre con un horizonte de 5 a 10 años”.
Nunca es tarde
Estudios muestran que la etapa madura es también un periodo de reconversión. Esto porque tras la etapa laboral tradicional, muchas personas dan el salto de la dependencia a la independencia, buscando emprender, asesorar o crear sus propios negocios.
Así, a los 50 no solo hay capital o capacidad de ahorro, también hay conocimientos, experiencia y activos subutilizados que se pueden transformar en nuevas fuentes de ingresos.
“Nunca es tarde para mejorar la situación financiera. He visto personas que en pocos años logran transformar completamente su patrimonio simplemente porque comenzaron a tomar decisiones conscientes. Lo importante no es cuánto dinero se tiene hoy, sino qué se hace con él desde este momento. A los 50 todavía hay tiempo para ahorrar, invertir, reducir deudas, generar nuevas fuentes de ingresos y planificar una jubilación mucho más tranquila. El peor error es pensar que ya no vale la pena empezar”, sentencia Patricio Gana.