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Christian Buracchio, un viejo conocedor de la aventura

El malogrado montañista y fotógrafo fallecido en un accidente aéreo cumplió diversas metas deportivas, conquistando una buena parte de las cumbres más difíciles y también cruzando los mares que sólo están reservados para los que necesitan respirar el riesgo.

07 de Febrero de 2002 | 18:16 | EMOL
SANTIAGO.- El geólogo Christian Buracchio, una de las víctimas del accidente aéreo de ayer en Til Til, fue un reconocido y experimentado montañista que entre otras expediciones consiguió la cumbre del K2 y el cruce en kajac por el Fiordo de las Montañas, uno de los lugares más inhóspitos del mundo. Esta travesía la contó en la "Revista del Domingo en Viaje", en diciembre de 1996:

Este es el texto completo:

EL FIORDO DEL FIN DEL MUNDO

En diciembre de 1995 seis jóvenes chilenos viajaron en kajac a uno de los sitios más inhóspitos del mundo y cruzaron el Fiordo de las Montañas, ubicado a 60 kilómetros de Puerto Natales. Una larga y fría lengua de mar, de 60 kilómetros de largo y un kilómetro de ancho promedio, franqueado por dos cordilleras cubiertas de nieve y hielo, donde el viento, las olas y la lluvia prácticamente no cesan.


La expedición incluyó una ascenso a una cumbre innominada de 1.330 metros, más húmedas caminatas por bosques vírgenes. Fueron 20 días en los que los exploradores debieron extremar su resistencia física y psicológica para poder sobrevivir y contar no sólo la aventura sino también que un glaciar se ha vuelto laguna; información algo poética que, a decir de los exploradores, "ya justifica la empresa".
La expedición fue encabezada por Christian Buracchio (32) y compuesta por Alberto Gana (24), Nicolás Boetsch (24), Giancarlo Giuglielmetti (32), Felipe Howard (24) y Pablo Osses (24), todos con experiencia en montaña y en kajac.

La idea original era tomar el transbordador "Puerto Edén" que hace cada ocho días la ruta Puerto Montt-Puerto Natales, echar al mar los kajacs a la entrada del Fiordo de las Montañas y ponerse a remar hacia el norte en busca de la última lengua de Campo de Hielo Sur. Allí se adentrarían montados en esquíes hasta donde pudieran y luego emprenderían el regreso, escalando cuantas cumbres les permitieran las difíciles condiciones climáticas de la zona.

Pero llegados a la entrada del fiordo, el capitán del "Puerto Edén", al ver que pretendían desembarcar, les dijo que estaban locos si pensaban descender allí, en medio de vientos tan fuertes que hacía difícil maniobrar aun a naves grandes y con el paisaje absolutamente borrado por la neblina y la lluvia.

Al final, la patrullera Yagán, de la Armada, los llevó hasta la entrada del fiordo y tras un difícil paso por la angostura Kirke que tiene escasa profundidad de navegación y en la que por poco zozobran pudieron contemplar el maravilloso paisaje de la entrada del fiordo. Por primera vez en diez días el viento y la lluvia habían cesado. La cordillera Sarmiento, por un lado, la cordillera Riesco, por el otro, y el mar entre ellas, como una cinta azul, estaban ante su vista.

PUNTA TIMONEL

A pesar de los buenos augurios, no fue mucho lo que pudieron avanzar ese día. Tras apenas unos tres kilómetros luchando contra un viento que no demoró en volver, debieron buscar una bahía para armar el primer campamento, justo frente a una hermosa cumbre de hielo que prometía ser un buen mirador del espectáculo del fiordo. "Esa visión nos hizo olvidar los planes iniciales de empezar las ascensiones durante el regreso", recuerda Nicolás Boestch. "Calculamos que ante el panorama de los varios días de retraso que ya teníamos, lo mejor sería subir cumbres apenas vislumbráramos que el tiempo nos permitiría un ascenso seguro".

Sin embargo, durante los siguientes cuatro días el cielo cayó a pedazos sobre el campamento, mojando sacos de dormir y todo lo que encontró a su paso. Pero la ansiedad por escalar era tal que de todas maneras se abocaron a la tarea de salir a buscar la montaña, sobre cuyas rutas o mejores accesos no existía ninguna información. "Para los que alguna vez han escalado", dice Pablo Osses, "hacerlo es como un sueño; le asigna un nuevo valor a la aventura, el valor de no saber con qué te vas a encontrar". La verdad es que sólo allí y en algunas zonas de los Himalaya de Bután es posible encontrar montañas aún inexploradas.

Una vez que cesó la lluvia y tras diez horas de escalamiento llegaron a la cumbre. La bautizaron como "Punta Timonel", en honor al hombre que dirigió el Yagán en la difícil angostura Kirke, y actualmente está hoy en proceso deregistro en el Instituto Geográfico Militar.


EL REY MWONO

Dice la leyenda que el fiordo está regido por el dios Mwono, un ser mitológico que procura el mal a quien ose invadir su reino y cuyo poder no se puede contrarrestar con sortilegios ni oraciones. Y la verdad es que al principio no parecieron necesarios, pues el tiempo los acompañó durante tres días, en los cuales pudieron fotografiar la zona y adentrarse por algunos estrechos canales laterales que nunca antes habían sido atravesados por el hombre y que luego fueron compilados en un documental.

Sólo cuando la expedición llegó hasta el final del fiordo y se adentró en el sinuoso río bautizado por ellos como río Nítido que lleva hasta Campo de Hielo Sur Mwono mostró su poder.

Mientras intentaban remontar el río, se desató el peor de los temporales que habían visto hasta ese momento. La torrencial lluvia elevó el nivel de las aguas y los obligó a levantar un nuevo campamento durante dos días en los cuales prácticamente no pudieron salir de las carpas.

Esas horas de tedio y decepción en que en las mismas barbas del objetivo veían que se les escapaba la posibilidad de internarse en Campo de Hielo Sur, fueron quizás los peores de toda la expedición.

Pero tuvo sus recompensas, recuerda Alberto Gana: "Por lo menos nos permitió presenciar la fuerza de la naturaleza de una manera que quizás no volvamos a ver. Durante esos días fuimos testigos de cascadas de aguas levantadas por el viento que se confundían con la lluvia y en muchas ocasiones no nos podíamos levantar del piso, debido al solo efecto del viento. Fue algo sencillamente impresionante".

Aburridos de la espera y con el espectáculo soñado tan cerca, decidieron emprender la travesía a pie entre la húmeda vegetación y comprobaron que el glaciar por donde pensaban internarse en esquíes, se había convertido en una laguna...


LA EXPULSION

A partir de entonces, algo decepcionados, emprendieron el regreso, o más bien la huida, porque parecía que el fiordo los quería atrapar. Durante la noche que siguió al avistamiento de la laguna, el viento les destrozó una carpa y de regreso por el río, el viento y la lluvia torrencial los empujaron sin remar a más de tres kilómetros por hora. Giancarlo Giuglelmetti lo recuerda así: "nos sentíamos como los protagonistas de Viaje al centro de la Tierra, cuando la fuerza de la naturaleza saca a los expedicionarios por la boca de un volcán hacia la superficie y todo lo que ocurría a su alrededor era frenético y violento".

Dos días después lograron llegar hasta la mitad del fiordo, donde un pequeño istmo corta hacia el fiordo Resi, que es más breve y más tranquilo, y desde donde se puede llegar al continente haciendo navegación costera.

Decidieron cruzar esa pequeña franja de tierra transportando a pulso y durante tres días la más de media tonelada de equipos que cargaban y, por fin, lograron enfilar de regreso a Puerto Natales.

Pero Mwono todavía les tenía preparada una última sorpresa ya fuera de sus dominios. El grupo fue empujado por olas de más de dos metros de altura y por vientos de 80 kilómetros por hora, los cuales sólo se pueden combatir abrazados, formando catamaranes humanos. Sólo después de cuatro días, el dios alacalufe los dejó en paz y en el horizonte apareció Puerto Natales.

Habían recorrido 250 kilómetros en kajac en medio de las peores condiciones atmosféricas imaginables.

En las orillas de las primeras playas del puerto vieron a los primeros seres humanos después de veinte días navegando, escalando y caminando por un lugar único en el mundo, que al decir de Buracchio "es como mujer caprichosa que nos recibió, nos permitió los más hermosos momentos y luego nos expulsó, dejándonos con la sensación de que difícilmente volveremos a vivir algo mejor".

Cómo Llegar

Debido a las inestables condiciones climáticas de la zona, no existen cruceros regulares por el Fiordo de las Montañas.

Quienes quieran internarse en la zona y conocer de cerca las heladas cumbres de la región, deben esperar varios días hasta que las condiciones lo permitan. Y, junto con esperar la llegada del buen clima, hay que reunir a veinte personas, por lo menos, para que la travesía de tres días sea rentable para quienes las organizan.

Existen tres embarcaciones que hacen el viaje. Ellas son el "Cutter 21 de Mayo", el motovelero "Trinidad" y el "Explorador". Todos ellos zarpan desde Puerto Natales, navegan por el golfo Almirante Montt, cruzan la angostura Kirke, se asoman al Fiordo de las Montañas y regresan. Los expertos aconsejan que los mejores meses para hacer el viaje son abril y noviembre.

Hay que considerar, además, que la primera expedición a través del Fiordo de las Montañas fue realizada en 1992 por un grupo de norteamericanos, encabezados por Jack Miller, y se prolongó por dos meses. El grupo realizó la travesía en un barco a motor y logró escalar una de las cumbres de la cordillera Sarmiento de 6.550 pies, que pretendieron bautizar como Gremlins Cap, lo que no ha sido aceptado.

La aventura de los norteamericanos fue publicada por el National Geographic, bajo el título "Chile's Uncharted cordillera Sarmiento" (La no registrada cordillera chilena Sarmiento). Uno de los expedicionarios, el único que no era norteamericano, sino sudafricano, murió al poco tiempo después en una expedición similar en otras latitudes.

El jefe de la expedición -Cristián Buracchio- un hombre que ha escalado muchas de las cimas de los Andes chilenos, vio por primera vez el Fiordo de las Montañas en 1990, durante un vuelo, en uno de los pocos días que lo permitió el clima y desde entonces, maravillado, bregó por sacar adelante la expedición.