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Los Wanderers no supieron superarse

Infracciones, juego trabado, mal arbitraje y un gol sobre la hora condimentaron el discreto partido de fútbol entre chilenos y uruguayos. Pese a la igualdad 1-1, los porteños mantienen sin trizas sus opciones a avanzar a segunda ronda de la Copa Libertadores.

19 de Febrero de 2002 | 19:06 | Patricio Corvalán C. EMOL
VIÑA DEL MAR.- Las viejas glorias comentaron al final del partido entre los Wanderers que este había sido "un típico partido de Copa Libertadores". La voz de la experiencia, en alta proporción, no se equivoca, menos cuando el partido jugado en el Sausalito tuvo expulsados, pierna fuerte, polémico arbitraje y un gol sobre la hora.

Todo, menos fútbol para liquidar el 1-1 entre porteños y charrúas, quienes brindaron un espectáculo trabado, con escasa claridad para que los agentes ofensivos como Riveros y Aparicio tuvieran la mente despejada de piernas y pudieran meter alguna pelota con ventaja.

El enredado primer tiempo tuvo ligera ventaja para la visita en cuanto a disposición táctica. Con cinco hombres en el medio, el trabajo de Riveros nunca tuvo sorpresa. De hecho, la posibilidad de gol que se selló casi al término de esa etapa vino de un tiro libre -o sea, con espacio para poder pensar- en que Riveros centró desde la derecha y Gálvez conectó suave y alto de cabeza ante la salida bien discreta del meta Nanni.

En la segunda fracción, amparados en el hombre más que les daba la expulsión de Sanhueza en los verdes, el cuadro albinegro intentó meter en su arco a los locales, quienes a su vez decidieron refugiarse y matar de contraataque.

Tan típico de Copa Libertadores fue el partido que mientras los uruguayos se desvelaban por el empate, fue el Wanderers chileno el que estuvo más cerca del 2-0, fundamentalmente en la cabeza y en las zancadas de Pezzarossi, que entró en el segundo tiempo.

Y cuando nadie pensaba en tristezas, un invento del juez Wagner Tardelli posibilitó que una caída de Benguá en el área porteña se convirtiera en penal, o mejor dicho en el 1-1 con que en los descuentos igualó Blanco.

Ni siquiera alcanzaron a sacudirse. El gol trajo consigo el fin del partido, los alegatos de los chilenos y la vieja y conocida celebración charrúa, la misma que ayudó a refrescar la memoria de quienes han visto pasar su vida en el fútbol y que recordaron, además que con los uruguayos los partidos sí que duran más ee 90 minutos, que de principio a fin este partido fue uno típicamente de Copa Libertadores.