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Salt Lake City: La primera tortilla de Rogge salió muy mal

Las Olimpiadas de Invierno no han podido limpiar el sucio velo que las cubre desde su génesis. Víctima de esto ha resultado el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, que no ha podido con la tarea.

23 de Febrero de 2002 | 12:33 | DPA
SALT LAKE CITY.- El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, tendrá un sabor agridulce mañana cuando clausure sus primeros Juegos como máximo mandatario deportivo internacional: organizativamente todo fue casi perfecto, pero rodeado por el escándalo y las críticas, el COI de Rogge está dando muestras de debilidad.

Un símbolo tan importante como la ceremonia inaugural de mañana de los Juegos está pendiente de un hilo. El parlamento ruso aprobó mayoritariamente boicotear "de alguna manera" la ceremonia, y el COI, por el momento sólo "confía" en que los rusos estén presentes, en palabras de su director general, Francois Carrard. "Veremos", sentenció enigmático.

Ello da buena muestra del estado de nervios que vive el organismo olímpico. El primero en alzar la voz directamente fue el presidente ruso, Vladimir Putin. "La primera tortilla no le salió bien", afirmó metafóricamente el dirigente ruso sobre Rogge, del que destacó su "inexperiencia".

Putin se permitió hablar así de abiertamente porque horas antes salvó a Rogge de un buen lío. El belga pidió directamente a Putin que intercediese para que el Comité Olímpico Ruso no cumpliese su amenaza de retirarse de los Juegos de Salt Lake City.

Pero el presidente ruso no fue la única personalidad en advertir que las cosas no van del todo bien en el COI. El español Juan Antonio Samaranch, antecesor de Rogge, dio un rodeo para decir lo mismo que Putin. "Lo más importante que puede hacer el COI ahora es salvaguardar el movimiento olímpico", dijo el español a la agencia DPA.

La entrega de una segunda medalla en patinaje artístico por parejas sólo cuatro días después de la final y cediendo a la presión mediática estadounidense y canadiense fue el primer error, pese a que el COI asegura seguir pensando lo mismo. "No nos arrepentimos. La controversia salió del éxito de los Juegos y de las grandes expectativas levantadas", afirmó un Carrard evasivo.

La presión sobre el COI es enorme, por lo que sus dirigentes insisten en limitar sus responsabilidades a lo estrictamente necesario. Rogge se limita a los actos públicos y a actuar desde su despacho, y Carrard recuerda permanentemente que las decisiones exclusivamente deportivas, que son las que originaron las protestas, corresponden a las federaciones internacionales.

Sin embargo, todo el mundo fija sus ojos en el COI. Carrard, acosado por la prensa, tuvo que reconocer expresamente el viernes que el COI es la "entidad superior en los Juegos Olímpicos".

Pero además de intentar despejar balones, el COI está intentando enfriar los ánimos. Así, Rusia presenta hoy una lista de quejas al organismo internacional, pero el COI ya advirtió que estudiará la lista "más adelante". "No podemos hacerlo ahora, no tenemos tiempo y queremos hacerlo bien", argumentó Carrard.

Con el escándalo ruso aún sin estar bajo control, el COI tiene otro frente abierto en Corea del Sur. Los surcoreanos siguen manteniendo abierta la posibilidad de acudir a los tribunales ordinarios para recurrir la descalificación de su patinador en pista corta Kim Dong-Sung si el CAS, que falla hoy, no les da la razón.

Por lo menos el COI se aseguró que los surcoreanos (que quieren organizar los Juegos de 2010) retiren su amenaza de dejar Salt Lake y confirmen su presencia en la ceremonia.

Las concesiones surcoreanas son una pequeña batalla ganada para el COI, que sin embargo aún tiene toda una guerra por delante. La contienda, paradójicamente desarrollada en la "cuna del escándalo olímpico, Salt Lake City", aún no presenta bajas personales, pero sí de prestigio: el COI es más débil que antes de empezar los Juegos.