Salas en sus primeros días al mando de la ''Roja'' Sub 20.
Mariola Gurrero, LUN
MENDOZA.- El 27 de noviembre del año pasado Mario Salas fue presentado como entrenador de la selección chilena Sub 20, en reemplazo de Fernando Carvallo, quien renunció al cargo tras la partida de Claudio Borghi en la adulta.
A poco más de un mes del inicio del certamen, el ex volante quien dirigía a Barnechea, señalaba en la conferencia de prensa con el presidente Sergio Jadue en Quilín que: "Ésta es una situación urgente y asumimos esto con la intención de cumplir los objetivos que se trazó la ANFP".
Salas no sólo cambió la manera de jugar que imponía Carvallo, también varió el sistema de juego y llamó a algunos nombres que no habían estado en la anterior administración.
El equipo se paraba antes con un 3-5-2, al igual que la “Roja” de Borghi, pero el anterior adiestrador del cuadro del sector oriente de la capital desde el principio puso como premisa un 4-2-3-1, con un sólo referente de ataque, donde tenía disponibles a Ángelo Henríquez, Nicolás Castillo, Diego Rubio y Felipe Mora.
En los primeros amistosos se pudieron ver los cambios con relación a la escuadra de Carvallo. Antes era un equipo con más posesión, toque corto y que buscaba un juego más colectivo. Con Salas pasó a ser un elenco agresivo, fuerte en las dos áreas, con mucha atención en la táctica fija y que buscaba mucho por las bandas, siendo más vertical.
En diciembre, el DT dedicó las prácticas a esa adaptación y logró unir las piezas a su gusto. Le dio la confianza a Castillo como único atacante, ubicando a Rubio como extremo por derecha, tras la deserción de Henríquez, quien firmó por el Wigan inglés.
Recuperó a Darío Melo como portero titular, quien había sido marginado por Carvallo por indisciplina y convocó como tercer portero al inglés, de padre chileno, Lawrence Vigouroux, pese a que no había tenido participación alguna en casi todo el proceso.
Defensor de jugar con cuatro en el fondo, afirmó como zagueros centrales a Igor Lichnovsky (lo nombró capitán) y Valber Huerta, quienes jugaban en línea de tres, instalando a Felipe Campos (luego apareció César Fuentes) y Johan Manuel Bravo como laterales.
Incluyó en el mediocampo a Claudio Baeza e Ignacio Caroca, quienes no estuvieron en la era Carvallo y se convirtieron en fundamentales en el Sudamericano junto a Sebastián Martínez, quien fue convocado pese a estar más de un mes desgarrado.
Para la creación confirmó como único creador a Bryan Rabello, postergando a Diego Rojas, uno de los favoritos de Carvallo. Por las bandas dispuso a Rubio, quien aceptó el sacrificio de jugar en una posición que no le acomoda, y al joven Cristian Cuevas. Sumó como alternativas por ese sector a sus conocidos Franco Ragusa y Nicolás Maturana, a quienes dirigió a Barnechea.
El estilo agresivo
Su filosofía aguerrida, proveniente de su devoción por el Che Guevara, la supo impregnar en el equipo, que desde el principio del Sudamericano mostró ese empuje y agresividad en todos los partidos. Eso también complicó bastante el andar de la escuadra, que sufrió siete expulsiones en el certamen.
A pesar de eso, el equipo chileno se paró de igual a igual contra todos los rivales y no se achicó con ninguno, combinando parte de lo hecho que Carvallo con el sello que le dio Mario Salas. Es decir, buen manejo de balón y mucho despliegue en la recuperación de la pelota.
Así moldeó un equipo que tenía enorme potencial, llamado a cortar seis años sin participar en un Mundial Sub 20 y el cual espera llevar hasta lo más alto en Turquía o repetir la gran campaña de Canadá 2007 con José Sulantay.