Frenada la "gran ofensiva" antitalibán pese al interés ruso

El contraste puso en evidencia la diferente óptica en Rusia, que ayuda con abundante suministro de armas a la Alianza y querría verla en el poder en Kabul, y en Estados Unidos, que ha decidido que eso no ocurra para evitar futuros problemas en Afganistán.

15 de Octubre de 2001 | 08:42 | EFE
DASHTAKALÁ, Afganistán.- Militares rusos y tayikos se esforzaron hoy por mantener viva la llama de una ofensiva "inminente" de la Alianza del Norte antitalibán, pero todos los datos en el frente indicaron lo contrario.

El contraste puso en evidencia la diferente óptica en Rusia, que ayuda con abundante suministro de armas a la Alianza y querría verla en el poder en Kabul, y en Estados Unidos, que ha decidido que eso no ocurra para evitar futuros problemas en Afganistán.

Unos guardias fronterizos que vigilan los 1.300 kilómetros de verja electrificada que separa Afganistán de Tayikistán afirmaron a EFE que "hay intensos combates", con fuego de artillería y de carros blindados muy cerca de la línea divisoria, junto al río Piandzh.

Otros guardafronteras aseguraron en cambio que sólo se registró el habitual "fuego esporádico" en las posiciones de ambos bandos, que no se han movido un milímetro en meses.

En Dushambé, la capital tayika, fuentes militares también dieron la impresión de no ponerse de acuerdo, al anunciar por un lado que se estaban enviando refuerzos a la frontera en vista del "deterioro" de la situación en Afganistán.

Pero las mismas fuentes informaron por otro lado de que tropas talibán estacionadas a diez kilómetros de la frontera y más adentro, en este frente de Taloqan, estaban retirándose hacia Mazar-i-Sharif, ciudad-fortaleza del oeste de Afganistán, cerca de Uzbekistán.

En este puesto de Dashtakalá, la normalidad cotidiana de algún tiroteo, aparentemente más para la galería que para otra cosa, dio a entender claramente que la ofensiva está paralizada.

Líderes Frente Unido de Liberación Nacional de Afganistán, como también se conoce a la Alianza y prefieren denominarlo últimamente sus portavoces, contribuyeron con sus declaraciones a que hasta este árido lugar del norte del país llegaran mensajes contradictorios.

"La CNN dice que vamos a atacar pronto, lo ha anunciado Abdalá", gritó Alí Jan para que le oyeran sus compañeros al pie de la colina tras escuchar las noticias en una radio que alguna vez tuvo dial y ahora funciona por misericordia.

Al rato, sólo unos 15 minutos más tarde, al mismo radioescucha se le abrió la boca instintivamente sin creer lo que acababa de oir, y volvió a transmitir a sus hombres la "última hora": "La BBC asegura que Abdalá no quiere que avancemos".

En ambos casos se refería a Abdalá Abdalá, ministro de asuntos Exteriores del gobierno afgano en el exilio, presidido por Burhanuddín Rabbaní, quien en 1996 perdió el poder ante los talibán pero sigue reconocido por la ONU y la comunidad internacional.

Abdalá no ha parado en los últimos días de dar ruedas de prensa y entrevistas a los corresponsales extranjeros en las que ha ido bajando el tono paulatinamente, desde un supuesto anuncio de que la ofensiva llegaría "en pocos días" hasta admitir el frenazo.

Sus más recientes declaraciones a mediodía de hoy oscilaron entre la fogosidad y la prudente pero inequívoca irritación por no poder marchar sobre Kabul por no llegar a sus tropas armas de EE.UU. y por la decisión política de Washington.

Abdalá dijo que las fuerzas de la Alianza han "liberado" aldeas, distritos y provincias del norte de Afganistán y que la marcha sobre Kabul "no está descartada", pese a que el bombardeo ha tenido buen cuidado de no atacar las posiciones talibán para despejar el camino.

Pero inmediatamente sugirió que tal vez sería mejor "acercarse" a Kabul y esperar tanto a una solución política de futuro como a una fuerza de pacificación y de seguridad, posiblemente de la ONU.

Abdalá, igual que Rabbaní, ha acusado a Pakistán de estar detrás de la decisión de EE.UU. de impedir la toma de Kabul por las fuerzas de la Alianza, integradas fundamentalmente por tayikos y uzbekos, dos de las muchas minorías étnicas afganas.

Los dirigentes de la Alianza, que cuando estuvieron en el poder no supieron evitar la guerra civil y la victoria talibán, reconocen de mala gana que hará falta el consenso "de amplia base" que busca EE.UU., pero también reivindican que son el "gobierno legítimo".

En espera del acuerdo político, los últimos informes revelaron un presumible interés de Washington por mantener "ocupada" a la Alianza en la toma de Mazar-i-Sharif para hacerle olvidar Kabul por ahora.

De acuerdo con las versiones tayikas, gran parte de los efectivos talibán en la zona se están desplazando hacia Mazar-i-Sharif no sólo desde Taloqan, sino de Kunduz, más al oeste.

En línea recta de este a oeste, Taloqan, Kunduz y Mazar-i-Sharif podrían dar el dominio de la Alianza en todo el frente norte en caso de que el general Abdul Rashid Dostum consiga tomar el baluarte, lo que no ha conseguido en dos meses de ataques intermitentes.
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