Juan Pablo II presidió Vigilia Pascual

"En esa noche vislumbramos el alba del día que no se acaba, el día de Cristo Resucitado, que inaugura la vida nueva, un cielo nuevo y una tierra nueva", dijo el Pontífice.

10 de Abril de 2004 | 13:43 | EFE / Ansa
Juan Pablo II
El Pontífice en la ceremonia de hoy. (REUTERS)

CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa presidió esta noche en la basílica de San Pedro del Vaticano la Vigilia Pascual, y aseguró que la Iglesia es un gran pueblo sin fronteras de raza, lengua y cultura.

"En esta noche santa se recorre el camino de la humanidad desde la creación hasta el acontecimiento culminante de la salvación, que es la muerte y resurrección de Cristo. En esa noche vislumbramos el alba del día que no se acaba, el día de Cristo Resucitado, que inaugura la vida nueva, un cielo nuevo y una tierra nueva", afirmó el Pontífice, que presentaba aspecto cansado, con la voz ronca en unos momentos y clara en otros.

Juan Pablo II presidió la ceremonia sentado en la silla de ruedas que utiliza desde hace más de un año y que por un mecanismo especial sube y baja según las necesidades del momento, facilitándole oficiar las misas permaneciendo casi sentado.

El Pontífice, de 84 años, apareció en forma discreta para la larga ceremonia, que concelebró junto a 24 cardenales.

La solemne y larga ceremonia comenzó a las 19 horas locales (17 GMT)en el atrio de la Basílica de San Pedro, en medio del más hondo de los silencios, con la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo, "Luz del Mundo", de cuya llama fueron alimentadas a continuación las velas de los cardenales y prelados que entraron en la basílica envuelta en la oscuridad.

Al término de la procesión, que se desarrolló en silencio en la gran iglesia iluminada sólo por la luz de las velas, San Pedro fue iluminada nuevamente y un diácono entonó el Exultet, el antiquísimo anuncio de la resurrección.


Durante la ceremonia, uno de los más antiguos ritos de la liturgia, bautizó a siete catecúmenos, tres hombres y cuatro mujeres procedentes de Italia, Togo y Japón.

Dirigiéndose a los nuevos bautizados, el Papa dijo que sus diferentes orígenes demuestran la universalidad de la llamada de la salvación.

"Gracias al Bautismo entráis a formar parte de la Iglesia, que es un gran pueblo en camino, sin frontera de razas, lenguas y culturas. Un pueblo llamado a la fe y destinado a ser bendición entre todas las naciones de la tierra. Permaneced fieles a Aquel que os ha elegido y entregad a Él con generosa disponibilidad toda vuestra existencia", afirmó el Obispo de Roma.

Como es tradición, todos los presentes renovaron las promesas hechas en el bautismo y volvieron a renunciar a Satanás y a todas sus obras.apa animó a los cristianos a confirmar "la plena docilidad y la total entrega al servicio del Evangelio".

Las lecturas y salmos de la ceremonia fueron hechos en seis idiomas: español, latín, italiano, francés, alemán e inglés.

La que San Agustín llamaba "la madre de todas las vigilias", y que recuerda la resurrección de Jesús proclamada por el cristianismo, comenzó este año una hora antes que en 2003 para Juan Pablo II no se canse en demasía.

Mañana, el Pontífice, que ya lleva dos días de ceremonias, deberá celebrar la misa de la mañana de Pascua y después enviar el mensaje Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo).
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