Reagan y Thatcher, un "amor ideológico" a primera vista

“Bien hecho, siervo bueno y fiel” es la frase bíblica que eligió una debilitada pero erguida Thatcher, para el libro de condolencias.

11 de Junio de 2004 | 14:44 | Por David Storey/Reuters

La Thatcher en el funeral de hoy. En primer plano, el príncipe Carlos.
WASHINGTON.- Lo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan fue como un “amor ideológico” a primera vista, y ambos se convirtieron en la dupla más inesperada y dominante del plano internacional de fines del siglo XX, al ganar juntos la Guerra Fría.

“Bien hecho, siervo bueno y fiel” es la frase bíblica que eligió una debilitada pero erguida Thatcher, de 78 años de edad, para el libro de condolencias cuando presenció el funeral de Reagan en Washington esta semana.

Las palabras de la Biblia reflejan la fe cristiana de ambos, pero también los duros principios capitalistas a los que se adhirieron en una época en que creían que podían perder el enfrentamiento contra el comunismo soviético.

Las palabras provienen de una parábola del Evangelio de San Mateo y son utilizadas para elogiar a un siervo que ha recibido dinero de su amo, y que lo ha duplicado al invertirlo, en contraste con un siervo “perezoso” que no logra ganancias.

Reagan y Thatcher se convirtieron en íconos no sólo nacionales, sino también mundiales, representantes de un conservadurismo decidido que polarizó a sus propios países, comprometidos con teorías económicas sin ambigJuedades, opuestas a lo que veían como los confusos principios socialistas.

Para ambos, las expresiones clave eran: recortes de impuestos, gobiernos más pequeños y derrame de la riqueza. Thatcher se burlaba del estado de bienestar británico, llamándolo el “estado niñera”.

A pesar de algunas mejoras económicas durante sus mandatos en los años ’80, los críticos cuestionaban la creciente brecha entre los ricos y los pobres.

Su vínculo personal fue genuino y duradero. Thatcher escribió en sus memorias, “The Downing Street Years” (“Los años de Downing Street”, sede del primer ministro británico), que en su primera reunión “supe que estaba hablando con alguien que instintivamente sentía y pensaba como lo hacía yo”.

Esto no era sólo una cuestión de política, sino “de una filosofía de gobierno, una visión sobre la naturaleza humana”.

Orígenes humildes

Los dos tuvieron orígenes humildes pero muy diferentes. El padre de Thatcher era un impasible almacenero de pueblo y ella creció en el apartamento que tenían en el piso de arriba de la tienda.

Ella fue lo suficientemente inteligente como para estudiar en la Universidad de Oxford y avanzó rápidamente en la política del Partido Conservador.

El padre de Reagan era un vendedor ambulante y un bebedor empedernido que se esforzaba para ganarse el pan mientras se mudaba con toda la familia de un pueblo a otro. El ex presidente fue periodista deportivo y actor antes de entrar en la política.

Thatcher tenía una personalidad determinada e implacable, no necesitaba muchas horas de sueño, tampoco tenía mucho tiempo para las charlas informales, y acobardaba a sus rivales.

Reagan era alegre y simpático, y mantenía un estricto límite sobre sus horas de trabajo, incluso cuando estaba en la Casa Blanca.

“Puede ser que una razón por la cual el Presidente Reagan y yo hicimos un equipo tan bueno fue que aunque compartíamos el mismo análisis de la forma en que funcionaba el mundo, éramos personas muy distintas”, escribió Thatcher en sus memorias.

“El tenía una comprensión precisa del cuadro estratégico pero dejaba los detalles tácticos a otros”, según las memorias de la ex líder británica.

Ambos dependían de sus devotas parejas: Denis Thatcher, quien murió el año pasado, era un empresario exitoso. Nancy, la segunda esposa de Reagan, era una fuente constante de energía durante su presidencia y lo cuidó durante el largo período que sufrió la enfermedad de Alzheimer.

Thatcher y Nancy también se hicieron amigas, y ambas tenían previsto volar juntas a California para el entierro de Reagan tras su funeral en Washington.

Una fotografía que Thatcher eligió para sus memorias muestra a Reagan mirándola en forma respetuosa mientras ella hablaba en una cena.

Debajo hay un mensaje escrito a mano por Reagan que dice: “Querida Margaret, como puedes ver, coincido con todas las palabras que estás diciendo. Siempre lo hago. Mi más cálida amistad. Sinceramente, Ronnie”.
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