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Progresiva pérdida de voz abre interrogante sobre capacidad de ejercer papado

Haciendo un gran esfuerzo, el anciano Pontífice, de 84 años, impartió ayer, domingo, la bendición apostólica y dijo "gracias". Fueron sólo unas cuantas palabras, las suficientes para evidenciar, según los médicos, la progresiva pérdida de su capacidad para hablar.

07 de Febrero de 2005 | 17:20 | EFE
CIUDAD DEL VATICANO.- La voz ronca y apenas inteligible con la que Juan Pablo II bendijo desde el Policlínico Gemelli ha abierto interrogantes sobre su capacidad para ejercer su ministerio y devuelve a la actualidad las diferencias entre los cardenales sobre la eventualidad de un Papa "que no puede hablar".

Haciendo un gran esfuerzo, el anciano Pontífice, de 84 años, impartió ayer, domingo, desde la ventana de la habitación en que está ingresado desde el 1de febrero, la bendición apostólica y dijo "gracias".

Fueron sólo unas cuantas palabras, las suficientes para evidenciar, según los médicos, la progresiva pérdida de su capacidad para hablar, uno de los síntomas de la evolución de la enfermedad de Parkinson que sufre desde hace trece años.

Según fuentes vaticanas, esas dificultades obligan a que una vez dado de alta y recuperado en el Vaticano, Juan Pablo II deberá reducir aún más sus actividades y delegar entre sus colaboradores y cardenales de la Curia.

Aunque los médicos del "Gemelli" dan por hecho que se repondrá totalmente, las fuentes vaticanas señalaron que el problema que se presenta es que pueda quedar privado de la palabra y en ese caso, ¿como ejercería su papado?

A este respecto, ya en octubre de 2003, cuando cumplió sus 25 años de pontificado y dio las primeras señales de esa pérdida progresiva de la palabra, algunos cardenales, como el argentino Jorge Mejia, archivero emérito de la Iglesia Romana, afirmaron que se abría "un problema muy serio".

"Sería un problema muy serio, sobre todo para él, ya que el mudo no puede celebrar misa y entonces sería un problema que plantearía el tema de la renuncia".

Las palabras de Mejía desataron una fuerte polémica en el ámbito de la Iglesia. El cardenal Mario Pompedda, prefecto de la Signatura Apostólica, salió al paso afirmando que la dificultad de palabra no cuenta.

"El Papa presenta una dificultad para hablar, que es puramente fonética. No tiene ningún otro impedimento para expresar su pensamiento y yo diría que lo expresa muy bien, muchas veces repitiendo la frase que le salió mal", precisó Pompedda en aquellos días.

El purpurado se mostró convencido de que si se llega al caso de que Juan Pablo II no pueda hablar se expresará por escrito.

Respecto a oficiar misa, el cardenal italiano afirmó que no es necesario que el Papa celebre.

Para el cardenal el problema se presentaría "si la incapacidad de hablar estuviera acompañada de la incapacidad de pensar", y esa no es la situación de Juan Pablo II.

En la misma línea que Pompedda se mostró el cardenal portugués José Sariva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, que afirmó que la palabra es muy importante para los que gobiernan, "pero la Santa Sede se gobierna más con la cabeza que con las palabras".

Según Saraiva, la pérdida del habla no es fundamental en la acción del Papa.

Paralelamente a la pérdida del habla, en estos días de enfermedad también ha vuelto a hablarse de una eventual dimisión del Papa.

El cardenal secretario de estado vaticano, Angelo Sodano, dijo hoy que eso es algo que hay que dejar a la conciencia del Pontífice.

"Dejemos ese tema a la conciencia del Papa. Si hay un hombre que sabe que tiene que hacer ese el él", dijo Sodano.

También hoy el obispo jubilado español Pedro Casaldaliga, uno de los más acérrimos defensores de la Teología de la Liberación, se mostró a favor de que el Papa, como todos los obispos, presente su renuncia a los 75 años.

"Los ancianos estamos limitados y no tenemos la misma fuerza y la misma lucidez de un tiempo", dijo Casaldaliga.

Juan Pablo II, ajeno a toda esta polémica, reiteró ayer, durante el rezo del Angelus -en el texto que leyó en su nombre el Sustituto de la Secretaria de Estado ("número tres del Vaticano", el arzobispo argentino Leonardo Sandri) que incluso en medio de los enfermos "sigo sirviendo a la Iglesia y a la humanidad entera".

Con esas palabras reiteró su intención de seguir al frente de la Iglesia hasta que Dios quiera, es decir hasta el final de sus días.
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