Cinematográfica fuga de dos peligrosos criminales en Francia

Cristophe Khider y Omar el Hadj se fugaron de la cárcel de Moulins, en el centro de Francia, este domingo. El escape lo consiguieron a punta de pistola y explosivos.

18 de Febrero de 2009 | 01:20 | El Mercurio Online

SANTIAGO.- Si fuera una obra cinematográfica la trama contaría el proceso de cómo estos dos maleantes, considerados entre los presos más peligrosos de la cárcel de Moulins (departamento de Amberes), lograron ingresar al recinto penal una pistola y algunos explosivos. Hecho que aún no es explicado por la realidad, según esta historia contada por el diario El País de España.


La siguiente escena podría ser la que narra cómo Cristophe Khider (37) y Omar el Hadj (30) le apuntaron con el cañon de la pistola a dos vigilantes, los secuestraron e hicieron volar la puerta que los separaba de la calle.


El comienzo de la fuga. El principio de un recorrido que partió con el robo de un auto. El reloj marcaba las 16:45. Khider apretó el acelerador a fondo y las cuatro ruedas se quemaban en el pavimento de las carreteras galas, saltándose peajes, y todo lo que estuviera a su paso, para llegar a Paris.


En la capital, los ex prisioneros soltaron a los guardias de la prisión. Luego, dejaron atmbién el vehículo. La policía montó la Operación Gavilán. Un esfuerzo que pretendía ser más que un simple intento por atrapar a los protagonistas.


22:30 horas. Paris. Khider y El Hadj amenzan a un abuelo y su nieto que van camino a casa. Suben a su auto. Los raptan y los usan para seguir con su escape. Minutos más tarde paran el coche y lo esconden. Retoman camino a las 4:00 am.


Cinco a eme. Los prófugos deciden que el viejo y el niño ya sirven. El automóvil tampoco. Consiguen otro. Mientras, los polícias se quedan, de momento, en el intento por atraparlos. Khider y El Hadj vuelven a exigir el motor de un auto robado y se pierden en la frontera con Bélgica, a 500 kilómetros del lugar de inicio: la cárcel de Moulins.


Pero -siempre hay uno- vuelven a Paris. Vuelven a la periferia que esconde sus infancias, sus carencias, los porqués, y que aloja a su red de contactos. Y llega el segundo pero. Segundo error. El fatal. Roban un auto, pero la víctima, esta vez, los reconoce y avisa de inmediato a la policía gala. Patente, modelo, color, sector del robo, hora. Todos datos que revitalizan al Gavilán que retoma la persecución de las presas.


Paris. Seis a eme. Khider y El Hadj detienen el auto en un semáforo. La noche parisina está pronta a desparecer. A alumbrarse. Y ese glimpse luminoso los delata, pero los escapistas vuelven a henchir sus tacos en los caballos de fuerza de su bestia.


Dos patrullas toman la persecución. Esta vez están en la mira. Prófugos y policías. El diálogo de balas no tarda en aparacer. Esta podría ser la escena más cara de la película. Los disparos rajan el aire mientras los neumáticos luchan por no resbalar del pavimento.


Los tres vehículos se asoman a la boca de un túnel. Las cuatro ruedas de los protagonistas dejan de moverse, el auto termina estampado en la parte trasera de un camión.


Pero los dos ex prisioneros bajan del auto y enfilan hacia un nuevo escape. Khider intenta disparar para ganar tiempo y acortar las distancias numéricas, pero un policía logra darle en la espalda. Un pulmón herido. La cama de un hospital será su próxima prisión. Su compañero es detenido.


Luego de 36 horas, las luces del cine se volverían a encender. Y la realidad volvería a preguntarle a la ficción cómo hicieron los maleantes para meter en la prisión la pistola y los explosivos.

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