Ópera de cámara: éxito de "Jakob Lenz" en Buenos Aires

La sonoridad oscura de la creación del alemán Wolfgang Rhim mixtura vanguardia y emoción.

06 de Agosto de 2004 | 18:16 | Rodrigo Lara, corresponsal
BUENOS AIRES.- En la mayoría de las artes escénicas, el suicidio del héroe -luego de volverse loco- suele espantar, antes que atraer espectadores. La ópera es la excepción. Quizás porque aprovecha muy bien toda “excusa” dramática para combinar pensamiento musical, emociones y destrezas vocales extremas.

Es una de las posibles explicaciones para el éxito de “Jakob Lenz” en Buenos Aires: las entradas para sus cuatro presentaciones de esta semana se agotaron hace mucho.

Una segunda es que se trata de una adaptación calificada de talentosa y creativa, resultado del trabajo conjunto entre el Centro de Experimentación del Teatro Colón y el Muziektheater Transparant (de Antwerp, Bélgica), unidos por una coproducción con los teatros La Monnaie (Bruselas) y De Singel (Amberes).

La tercera, pero no la menor, es que se trata de una “ópera de cámara” de Wolfgang Rhim, quien es de los discípulos más destacados de Karlheinz Stockhausen y Klaus Huber. Autor, a su vez, de más de cuatrocientas obras.

Trabajos suyos como “Máquina Hamlet”, sobre la obra de Heiner Müller, más “Séraphin” y “La conquista de México”, derivadas de las creaciones de Antonin Artaud son muy reconocidas en Europa.

“Jacob Lenz”, por su parte, dispone de un atractivo extra. El libreto de Michael Fröhling se basa en “Lenz”, la novela inconclusa de Georg Büchner sobre uno de los poetas emblemáticos del movimiento “Sturm und Drang”, Jacob Michael Reinhold Lenz (1751-1792).

“Desde el principio pensamos en ‘Jakob Lenz’, porque el repertorio alemán de los últimos 25 años no suele hacerse en Buenos Aires” explica a “El Mercurio” Alejo Pérez, director musical de la puesta. Dentro de éste, “Rhim -que tiene poco más de 50 años- es de los compositores vivos más vigentes en Alemania. Y en esta obra presenta un retorno al pasado en cuanto a formas musicales, que están basadas en viejas formas tonales como la suite barroca”, agrega.

Pérez aclara que lo anterior, es quizás “un poco anecdótico, ya que no es algo tan perceptible”, ya que se trata de elementos “muy bien integrados a un lenguaje musical moderno, pero que no deja de tener un ‘encare’ muy emocional: hay momentos muy dramáticos en la obra”.

En efecto, el poeta Lenz comienza a enfrentar apariciones y voces inquietantes, de las que huye, apartándose en una zona rural. Como suele suceder: los ‘fantasmas’ están más bien dentro de él mismo, antes que en un sitio particular. Y ni la naturaleza, ni la ayuda de un sacerdote lograrán salvarlo de la locura.

Para la belga Caroline Petrick, la joven belga directora de la escena, Lenz es más bien el símbolo de un cambio de época brusco, como el que ocurrió a fines del siglo XVIII y el que vivimos actualmente, y que indica -por una disfunción producto de ese shock- “que es cada vez más difícil comunicarse”, por lo cual su puesta tiene que entender menos como la presentación de un personaje en términos clásicos, que la de “una sensación” corporeizada en tal personaje.

Sin duda el trabajo de Petrick es parte del atractivo de la ópera. Conocida por su versión de “Vanidad dorada” (2001) de Benjamín Britten, en forma de teatro musical.
Este año se encargó de la puesta de “Rosa blanca” de Udo Zimmermann, la cual será presentada en diversos teatros de Europa.

El “Lenz” estrenado en Argentina es el resultado de las convicciones del Muziektheater Transparant, una organización sin fines de lucro que promueve la ruptura de las fronteras entre el teatro musical y la ópera. “Significa que a ellos -explica Alejo Pérez- les gusta acentuar lo actoral con los cantantes. Se trata de explorar mucho la manera de de decir, de cantar y así diluir los límites entre la ópera de cámara y el teatro musical”.
Desde la mirada de Pérez, la solidez de este “Jacob Lenz” se debe también a que Rhim hizo cambios profundos sobre la obra de Büchner, ya que se vio enfrentado al problema de plasmar un conflicto sobre todo introspectivo, lleno de estados de ánimo. Y eligió entonces eliminar grandes zonas de texto y buscar que con la música pudiese elaborarse el mismo sentido.

La tarea, no necesariamente fácil, de la versión “porteña” se encuentra en manos del barítono Hagen Matzeit, el bajo Mareck Marian Gastecki y el tenor Lorenzo Caróla. Todos ellos, en voz de Pérez, trabajan “con una matización muy oscura de la sonoridad”. Se trata de “una sonoridad densa”, lograda gracias a la orquesta de once músicos, que prácticamente no produce agudos.

Con una última presentación el sábado, “Jakob Lenz” se repetirá recién el 2006, con el mismo elenco, pero en Bélgica. ¿Por qué, pese al éxito, la opera tiene sólo cuatro presentaciones? Pérez responde, sorprendido, “la verdad, no lo sé”.
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